Nuevas formas de la dependencia y la importancia de la autonomía nacional

OPINIÓN. La dureza del momento actual para los sectores de menores recursos por el contexto de la pandemia no debe hacernos olvidar que siguen presentes los dos modelos de país en pugna, plantean Patricio Narodowski y Federico Machado Bussani.


Por Patricio Narodowski y Federico Machado Bussani

La dureza del momento actual para los sectores de menores recursos por el contexto de la pandemia no debe hacernos olvidar que siguen presentes los dos modelos de país en pugna. En este marco han aparecido en los últimos días algunos trabajos que vuelven a ponderar la idea de la necesidad de generar condiciones para la atracción de la IED y así lograr los saldos exportables que hagan estable a nuestra economía. Según estos planteos, el equilibrio fiscal y una macro orientada a las exportaciones generarían la inversión necesaria para el crecimiento, éste aumentaría el empleo y así se mejorarían los indicadores sociales y distributivos. Ingreso de capitales, sinónimo de crecimiento, aumento del empleo, de reducción de la desigualdad y la pobreza. No es cierto.

La dependencia de los flujos financieros. La observación de la dinámica económica de Estados Unidos y las distintas economías de América Latina pone en evidencia la importante dependencia de la región respecto de la potencia occidental, en particular respecto a sus decisiones de política monetaria (la tasa de interés) y a los impactos (el precio de los commodities).  Se puede ver para los cuatro países que elegimos - Argentina, Brasil, Chile y Colombia - entre mediados de los ’70 y la actualidad, claras fases expansivas y recesivas, fuertemente relacionadas con los avatares de la economía estadounidense. El gráfico adjunto lo muestra.  Nos interesaba el caso chileno porque se menciona generalmente como el ejemplo a seguir.


Tasa de crecimiento promedio de los 4 países de América Latina y tasa de interés real de los Estados Unidos. Fuente: Banco Mundial


El otro canal mencionado es el de los precios internacionales que impactan en las exportaciones de cada país latinoamericano, con estructuras económicas altamente primarizadas. Lo hacen en cuanto a la tendencia general, así como a su volatilidad.  El gráfico permite ver la evolución general


Índices de precio de commodities seleccionados. Base 2008=100. Fuente: FMI


Podemos decir entonces, que el contexto internacional define los marcos generales dentro de los cuales fluctúan las economías latinoamericanas. Para ser más claros: no esperamos que un país de la región vaya a tener un gran crecimiento o mejoras sociales sustantivas si a nivel internacional existe poca liquidez o bajos precios relativos del intercambio.

Sin embargo, eso no significa que no tenga importancia el modelo económico de cada uno. Porque al observar el crecimiento y la reducción de la pobreza en los últimos veinte años, otra cuestión que salta a la vista es quién y cómo se capitaliza en cada país la fase positiva del ciclo. Y aquí sí aparecen importantes diferencias entre Argentina y Brasil respecto a Chile y Colombia.  Los dos primeros, especialmente Argentina, con una política orientada al mercado interno y políticas explícitas de reducción de la desigualdad y la pobreza (tipo de cambio alto o protección para-arancelaria, regulación de las exportaciones, tendencia al déficit fiscal, garantía de derechos a la salud y la educación de los sectores vulnerables).

1) En los noventa, la adopción de modelos neoliberales en el conjunto de los países derivó en una reducción de la pobreza muy suave hasta 1995 (período de tasas bajas) y posteriormente en un estancamiento o crecimiento de la misma según el país hasta comienzos del nuevo siglo (período de tasas altas).


PBI per cápita en dólares estadounidenses. Fuente: Banco Mundial


Tasa de incidencia de la pobreza, basada en la línea de pobreza de Argentina. Fuente: PovcalNet


2) De los 2000 al 2012 se combinó un período de tasas bajas y altos precios de los commodities que generó una caída de la pobreza en el conjunto de los países, pero se observa claramente como la misma resultó más significativa en Argentina que en Chile, a pesar de contar este último con mayor PBI per cápita durante todo el ciclo. También es limitada la reducción de la pobreza en Colombia, considerando que parte de la marca más alta de los cuatro y que su principal bien exportado, el petróleo, fue fuertemente beneficiado en dicha etapa. Brasil, por su lado, presenta un crecimiento menor a Chile, pero con una mejora levemente mayor en pobreza. Este es un punto central del análisis, porque el mayor crecimiento chileno no generó un acercamiento a los mejores indicadores sociales argentinos.

3) Desde 2012 en adelante (fase actual) se trata de una situación particular: si bien crecen las tasas y caen los precios de los commodities, ésta caída se da en menor medida en algunos bienes que en otros, tal es el caso del cobre. Esta etapa, al menos hasta la fecha analizada, muestra una leve caída de la pobreza en Chile, beneficiada por esta dinámica y también por una distensión de las reglas fiscales, y al mismo tiempo, un relativo estancamiento en el resto de los países. Luego vendría el fin del modelo pro consumo argentino y la hecatombe de los indicadores.

Estos datos tienen su correlato en la desigualdad, ya que luego de incrementarse en los noventa, el Índice de Gini pasó en Argentina de 53,8 a comienzos de siglo a 41,4 en el 2012 (algo más de 12 puntos), mientras que en Chile en el mismo período varío de 51,5 a 46 (algo más de 5 puntos). Brasil y Colombia, históricamente más desiguales, vivieron descensos de 58,1 a 52,8 y de 55,8 a 52,8.


 

Índice de Gini. Fuente: Banco Mundial


Y si usamos el índice de Palma que mide la distribución entre las puntas (o esa la relación entre los cuatro deciles más pobres y el decil más rico), Argentina pasó de 2,61 en 1991 a 3,88 en 2003 para luego mejorar la distribuión hasta  alcanzar un 1,9 en el 2015 (2 puntos). En el caso chileno, el índice Palma varió de 4,07 en 1992 a 3,41 en el 2003 y a 2,76 en 2015 (sólo 60 centésimos). Vemos que en 20 años de crecimiento Chile no alcanzó lo niveles de equidad que ya presentaba Argentina a comienzos de los noventa y a los cuales regresó rápidamente a partir de la aplicación de las políticas del 2003 en adelante.

A partir de entonces se registra un descenso más suave en todos salvo en Argentina, que igualmente continúa manteniéndose como el más igualitario de los cuatro. Nuevamente vemos que la tendencia general funciona como guía, pero se percibe un mayor impacto social del crecimiento en los modelos proconsumo que asumieron objetivos redistributivos. Esta lógica puede verse en otras economías abiertas de Asia y África. Volver a abrir para crecer no asegura la mejora social como vimos y hace a la economía más vulnerable a los shocks externos.



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