Nosotras ya ganamos

Por: Fernanda Rey

Ya casi estamos sobre el 8 de agosto, día en el que se votará, finalmente, el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado. Las mujeres hemos recorrido un largo camino en la lucha por el reconocimiento de nuestro derecho a decidir si gestar y maternar o no y quizás el miércoles al fin la democracia salde esta gran deuda que tiene con nosotras.

La batalla lleva ya varios años. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, Seguro y Gratuito, impulsada por grupos feministas y por mujeres pertenecientes a movimientos políticos y sociales, fue lanzada el 28 de mayo de 2005 bajo la consigna que aún enarbolamos: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.

Esta va a ser la séptima vez consecutiva que nuestros legisladores consideren el proyecto; en las otras seis, el debate no prosperó en el Parlamento por no contar con el aval mayoritario de las bancadas.

Pero esta no es la única diferencia con las anteriores. En esta ocasión, se ha logrado instalar el debate en la sociedad y en el Estado y muchos ciudadanos se han sumado al reclamo.

Señores legisladores, cuando empezaron a considerar el proyecto, ¿vislumbraron esta marea verde? ¿Se esperaban el movimiento de los intelectuales y los artistas, las mochilas y las muñecas con pañuelos, la vigilia a pesar del frío, la potencia del movimiento de las actrices, los colegios desbordados de consignas, el clamor que trascendió la frontera de Argentina y se está replicando en el continente? ¿Pueden ser sordos a este grito?

Indudablemente, este debate nos ha llevado a aprender mucho de nosotros mismos y a alcanzar una desconstrucción pocas veces vista en nuestra historia como sociedad.

Aprendimos a desmitificar la maternidad. Al contrario de lo que afirmó Albino, no todas las mujeres embarazadas consideran que son un “tesoro y que su hijo sea una joya”. Tampoco están dispuestas a ser incubadoras de las personas que, según el director de Conin, necesita el país para poblarse. Por el contrario, sabemos que cada gestante lleva a cabo su embarazo conforme a su individualidad, absolutamente personal y merecedora de respeto. La maternidad no debe ser una obligación, sino un derecho que se ejerza conforme a la situación (económica, familiar, emocional…) de cada mujer. Hoy exigimos el pleno derecho a ser dueñas de nuestro cuerpo y la legalización del aborto (que no es más que el derecho a la libertad) es un eslabón indispensable en esta cadena por liberarnos de la presión patriarcal sobrenuestra sexualidad.

Aprendimos que no siempre se respeta la Ley de educación sexual integral y que se les niega a muchos chicos el derecho a la información. En diversas escuelas, por ejemplo, se educa a los adolescentes con base en el manual de la Iglesia Católica Educación para el amor, en el que, entre otros conceptos, se abordan las relaciones sexuales solo dentro del matrimonio y con fines reproductivos. Asimismo, vimos que se ha utilizado solo el 10% del presupuesto destinado a tal fin durante este año. En este sentido, legalizar el aborto implica afirmar el principio de Estado laico, libre de dogmas y doctrinas, que deben ser personales.

Aprendimos que, a pesar de estar legalizado desde el fallo F. A. L. (2012), muchas veces los abortos no punibles dependen de la buena voluntad del médico o del establecimiento de salud y que son incontables las ocasiones en las que las víctimas, en medio de su calvario, además deben enfrentarse a obstáculos legales para acceder a la intervención. Estas trabas hacen que el tiempo pase, el embarazo avance y ya no sea posible acceder al aborto legal. Lamentablemente, fue necesario este debate para escuchar las historias sobre mujeres muertas de cáncer o de niñas madres porque se les negó una intervención a la que tenían derecho por ley.

Aprendimos a considerar el feminismo como un acto revolucionario, que los derechos se conquistan y, para ello, hay que salir de la comodidad de casa e inundar las calles, los medios y las redes sociales. Este movimiento, en el que se conjugan la lucha verde y la violeta (del Ni una menos), está sucediendo en cada rincón del país y (abran los ojos) no va a detenerse hasta que todas las mujeres dejemos de ser consideradas una propiedad que solo sirve para satisfacer necesidades ajenas.

Aprendimos, gracias a este debate, quiénes son nuestros legisladores. Vimos que, para muchos de ellos, tienen más peso sus creencias personales que las recomendaciones de las organizaciones internacionales de los derechos humanos, de la Sociedad Argentina de Medicina y que el clamor de una sociedad, que ya eligió, que ya está madura y que sabe qué quiere.

Aprendimos las mujeres el valor de la palabra sororidad, esta nueva experiencia intelectual y política que nos une. ¿Sabe un hombre qué es ser educada para conseguir un novio, para competir con la otra y siempre tener que ser más linda, más simpática, más gauchita (nunca más inteligente)? Contra lo que nos habían enseñado desde chicas, aprendimos a hermanarnos, a perdonarnos y a vernos en las otras mujeres. No es fácil desconstruirse, pero lo trabajamos día a día. Y por sororidad con aquellas hermanas que se desangran en tugurios clandestinos, nos movilizamos juntas para cambiar esta sociedad en la que seguimos siendo “ciudadanas de segunda”.

Aprendimos que, a pesar de que aún existen muchos hombres (y muchas mujeres, claro) que pretenden penalizar el placer femenino con la frase: “Si te gustó, bancatelá”, también ahí fuera hay un ejército de machos de los buenos, de machos que ponen la hombría en donde hay que ponerla (en el amor y no en los puños) y que han sabido darnos la mano en esta lucha, se han quedado en casa cuidando a los chicos mientras las mujeres peleamos por nuestros derechos o, mejor, han salido a las calles a poner el hombro con nosotras.

Señores senadores, nosotras no nos callamos más. Este movimiento excede el tema “aborto legal o aborto clandestino” e, independientemente de lo que se decida el 8 de agosto, han visto, las mujeres ya ganamos. El debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo demostró que fuera del recinto existe una sociedad madura que sabe lo que quiere y que, más allá de lo que ciertos sectores consideren, la sociedad lo despenalizó.

Los argumentos que se esgrimieron en ambas Cámaras no dejan lugar a dudas sobre qué posición es la correcta y sobre sus espaldas (y sus bancadas) caerá el peso de inclinarse para uno u otro lado. Porque la ley, tarde o temprano, va a salir y al fin se nos va a reconocer el derecho a ser consideradas en un pie de igualdad. ¿Ustedes consideran que las mujeres debemos gozar de los mismos derechos que los varones? Entonces, demuéstrenlo el 8 de agosto con su voto. Caso contrario, sufrirán las consecuencias políticas de ignorar el clamor popular y de quitarle dignidad a la banca que ocupan. Recuerden: las mujeres ya no damos ni un paso atrás.

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