Nosotras movemos el mundo, y lo paramos

Por: Carolina Atencio


En el año 2019, el gobierno de México publicó estadísticas vinculadas al valor económico que tuvieron las tareas domésticas y de cuidados en el producto bruto interno del año 2018: 5.5 billones de pesos (lo que equivale al 23.5% de su PBI), es el aporte invisible y no reconocido que realizan todos los días millones de mujeres en todos los hogares de México. Y del mundo.

En Argentina no existe aún medición análoga pero otros datos disponibles permiten dar cuenta de que somos las mujeres quienes destinamos mayoritariamente nuestro tiempo a la satisfacción de la sostenibilidad de la vida, que no es nada menos que garantizar la existencia y la reproducción social, porque sin cuidados, no hay nada.

Nuestra dedicación a los cuidados opera como un efecto desaliento para el ingreso, la permanencia y la promoción en el mercado laboral remunerado. Esto se evidencia con claridad en las sensiblemente inferiores tasas de actividad y empleo que presentamos las mujeres y en nuestra mayor participación en el mercado informal, pues claramente encontramos serias dificultades para sostener empleos de mayores cargas horarias y exigencias.

Estamos conminadas a ser las protagonistas del chat de mamis y mientras tanto, hacemos malabares para sostener trabajos y crecer profesionalmente. Las que podemos, claro. Muchas otras ni siquiera llegan a plantearse la dualidad; simplemente, las oportunidades no están. La libertad de elegir el proyecto de vida es ilusoria. Sin embargo, sostenemos la vida y movemos el mundo. Cuidamos, producimos y cuando no lo hacemos, somos capaces de detenerlo todo.

La deuda es con nosotras. Sin lugar a dudas. Somos las más afectadas por la crisis económicas y cargamos sobre nuestras espaldas siglos de discriminación, injusticias y  violencias machistas. Nos acosan, nos deslegitiman, nos callan, nos excluyen y nos matan.

Por eso paramos. Porque denunciamos las injusticias y porque podemos. Porque hemos aprendido a agenciar nuestras demandas en un movimiento amplio, que nos contiene sin juzgarnos. Ese es nuestro feminismo, el que nos representa. El que no reproduce las lógicas que repudiamos. Y el que nos encuentra en cada marcha, aliadas en lo que en verdad importa.

Y hoy tenemos un Estado que acompaña. Este 8 de marzo nos encontró con un gobierno popular, un Ministerio feminista y un proyecto para que el aborto sea legal. Nosotras movemos el mundo y conquistamos derechos. Y falta. Claro que falta. Nos matan como moscas. A cada paso que damos, sobreviene el disciplinamiento y pareciera que todo es en vano y cuesta reponerse con cada piba que no aparece, hasta que sí aparece y todo es oscuridad.

Pero no van a poder con nosotras. Porque lo vamos a tirar. Al patriarcado y a todo su sistema de valores opresivos y llenos de destrucción y muerte. La furia del movimiento en las calles, el encuentro en cada marcha entre compañeras, un Estado que al fin acompaña sin retórica ni doble estándar. Imposible no ilusionarse. Han llegado las horas de escribir capítulos memorables de nuestra historia feminista. Y esta vez, no sólo algunxs sino todas, todos y todes somos protagonistas.

Movamos el mundo, compañeras, que es nuestro.     

  


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