No subestimen al Frente de Todos

OPINIÓN. El diagnóstico con el que se maneja el macrismo es que este es un gobierno débil. Nada peor para la acción política que confundir deseos con la realidad.

Por distintos motivos se puede decir que la oposición (o las oposiciones) en la Argentina hacen mala política. Acá no nos centraremos en el lawfare, las fake news, o el doble discurso, sino que nos interesa destacar otro rasgo, central a nuestro entender: el diagnóstico equivocado con el que se maneja Juntos por el Cambio y, especialmente, el macrismo. 

Su premisa, no siempre mencionada en forma pública, es que el gobierno nacional es débil y que con un poco de empuje (con lawfare, fake news y doble discurso) se lo puede tumbar o poner entre las cuerdas. Como muchos diagnósticos equivocados, se confunde la realidad con los deseos. Lejos de servir como plan de acción, lo único que hace un diagnóstico así formulado es saciar emociones personales. 

La foto de unidad que enarboló este miércoles el Frente de Todos no cambió el panorama político de manera sustancial. Fue un simple recordatorio de algo que ya se sabía pero que Juntos por el Cambio y su coro mediático-judicial se empeñan en pasar por alto. El gobierno nacional, en su cúspide, es expresión de una amplia y heterogénea coalición de sectores sociales que, a pesar de su diversidad, tienen en claro que el peor atentado que pueden cometer contra sus propios intereses es la desunión. 

No va a ser fácil hacer pelear nuevamente al presidente y la vicepresidenta, como suele repetir Alberto Fernández. Pero también debería resaltarse la buena relación que han sabido cultivar Máximo Kirchner y Sergio Massa. Frente a lo que se temía inicialmente, allá por 2019, las tensiones internas no provinieron hasta el momento por el lado del Frente Renovador. 

El problema de fondo, desde nuestra perspectiva, es que la oposición, fundamentalmente el macrismo, está empecinado en catalogar al gobierno como una fuerza política anti-sistema, anti-establishment, anti-democrática. 

Nada más alejado de la realidad y, por ende, muy difícil de instalar con cierta legitimidad social. Simplificando: el trinomio Alberto-Cristina-Massa representa no solo a las clases populares, a los de abajo. Hacia ese reduccionismo lo quiere llevar el arco opositor. Sin embargo, importantes sectores medios y altos (pequeña, mediana y gran burguesía industrial, comercial, exportadora) se sienten parte de un proyecto de país que busca dar cabida no solo a las exportaciones del mal llamado "campo" y al mundo de las finanzas (como en épocas macristas). Se trata de un proyecto que, pese a las dificultades de la pandemia y de la pesada herencia del gobierno anterior, busca posicionar al Estado como actor central en la protección de la producción nacional e industrial y en el fomento del consumo como dinamizador económico.

De ese mundo social heterogéneo y complejo, con pluralidad de intereses muchas veces contrapuestos, nació el Frente de Todos, justo en el mes de mayo, dos años atrás. Pero, al menos por ahora, cualquier diferencia interna que pueda haber surgido es menor y secundaria frente a lo que podría ser una vuelta al poder del macrismo. Ahí hay una base firme y duradera para la unidad del campo nacional y popular. Lo mejor que puede hacer la oposición, por estas horas, es no subestimar al Frente de Todos.       

 



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