No se puede, la pesada herencia macrista

Por: Martín Astarita

Se acerca el final de la presidencia Macri. Es la hora de los balances y como siempre, estos admiten múltiples lecturas.

Una primera manera de sopesar estos cuatro años son los resultados desde el punto de vista económico. Hay coincidencia relativamente amplia en que son muchos los aspectos negativos en este plano: sintéticamente, es posible afirmar que, tomando como punto de comparación diciembre de 2015, los cuatro años macristas dejan más inflación, menos crecimiento y más deuda. Algún optimista podría rescatar como aspecto positivo la reducción del déficit fiscal (sin olvidar el empeoramiento del déficit financiero) y del déficit de cuenta corriente en el último año (a costo de una brutal devaluación y de una costosa recesión).

A estos magros números que arroja la economía, se le puede agregar el empeoramiento de los indicadores sociales: más desempleo, caída del salario real, mayores niveles de pobreza y de indigencia, y aumento de la brecha entre ricos y pobres.

Una manera alternativa de evaluación es considerar las metas que se propone públicamente el oficialismo para un eventual segundo mandato. Las reformas laboral, tributaria y previsional aparecen en el horizonte a partir de diciembre de 2019. Ahora bien, su carácter estructural se distingue del tipo de medidas tomados en los primeros cuatro años. De alguna manera, no son muchas las cosas o medidas tomadas entre 2015 y 2019 que han significado una reversión de tipo estructural, que sean de difícil reversión.

Tal vez el legado más pesado que dejará el gobierno de Macri es el endeudamiento y especialmente los condicionantes que tendrá la futura gestión. Durante los próximos cuatro años se deben pagar, entre capital e intereses, alrededor de 52.300 millones de dólares por deuda. A eso debe agregársele lo adeudado con los organismos internacionales (Banco Mundial y especialmente el FMI): representa más 62.500 millones. Es una mochila muy pesada, que el próximo gobierno, sea del signo que sea, deberá cargar sobre sus espaldas. Este nivel de endeudamiento es preocupante no solo por su monto, sino que está acompañado además por una serie de condicionalidades fijadas por el principal acreedor (el FMI).

Sin volvernos deterministas (o sea, sin suponer que mecánicamente, la política es un reflejo de lo que ocurre en la economía), cabe reflexionar respecto del perfil de los aspirantes a ocupar la presidencia en los próximos cuatro años. La moderación es la característica distintiva. Sin negar las evidentes diferencias que existen entre Macri y Alberto Fernández es innegable que el kirchnerismo-peronismo se ha inclinado por correrse hacia el centro. Esto no es solo una estrategia electoral destinada a captar más votos. Según nuestro punto de vista, hay una lectura sobre la difícil situación económica y social y la serie de condicionalidades que existirán como legado de la presidencia Macri.

El lema de la campaña 2015 del macrismo fue el obamista Sí se puede. Cuatro años más tarde, pegado a su amigo Trump, el Presidente parece dejar como saldo de su primera presidencia el No se puede, con un eco que será difícil de desoír para al menos quien ocupe el sillón de Rivadavia entre 2019 y 2013.


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