“Niña mamá”, el cine como escucha

Una charla con la directora Andrea Testa previo al estreno nacional en marzo. El cine, las políticas de Estado, los miedos, los prejuicios. “La película no es solo sobre el aborto sino sobre todo lo que afecta a las maternidades en la adolescencia”, explicó.


El crítico francés Serge Daney escribió una de las, quizás, más bellas definiciones sobre el cine. “Y sé muy bien por qué adopté el cine: para que a cambio me adoptara. Para que me enseñara a tocar incansablemente con la mirada a qué distancia de mi empezaba el otro”. El tema de la distancia en Niña Mamá, último documental de Andrea Testa (“Pibe chorro”, “La larga noche de Francisco Sanctis”) que acaba de estrenarse y ser premiada el último miércoles en el prestigioso festival de cine documental IDFA en Ámsterdam, fue clave. La película transcurre en los consultorios de dos hospitales públicos del Conurbano bonaerense (Hospital Interzonal Dr. Diego Paroissien en La Matanza y el Hospital general de agudos Dr. Carlos Bocalandro en Tres de febrero) haciéndonos testigos del recorrido de mujeres que transitan maternidades en su adolescencia, o deciden no hacerlo, atravesadas por violencias y una extrema vulnerabilidad y, su dispositivo audiovisual, trata de encontrar la distancia, o la cercanía, justa para registrarlas.

Como soy parte de esta película no opinaré sobre ella, simplemente les acercamos esta charla con su directora, Andrea Testa, luego de una proyección especial realizada el último viernes en La Plata, en el marco del FESAALP, previo al estreno nacional programado para marzo del 2020.



Niña Mamá - Trailer - English subtitles from Pensar con las Manos on Vimeo.


Vos hiciste antes una película que se llama  Pibe chorro y que, de alguna manera, siento que dialoga con “Niña Mamá”. ¿De dónde surge tu necesidad de hacer esta película y cómo empezaste el proceso?

Pibe Chorro pone en escena las vidas de jóvenes y adolescentes de sectores populares, de varones principalmente. Sin embargo allí aparecen las madres de esos chicos que sufren también estas maternidades difíciles. Pasado el tiempo de terminar la película, y con los debates posteriores con el público, fui profundizando la reflexión sobre las mujeres que aparecen en Pibe Chorro. Creo que ahí empieza a figurarse Niña Mamá, en la pregunta de cómo fue la adolescencia de esas mujeres abuelas de 30 y qué pasa con las compañeras de estos chicos.

Pibe Chorro es la deconstrucción de un discurso. Niña mamá, por su parte, es la necesidad de construir discursos. Las dos películas se enmarcan en leyes: una en oposición a la baja de edad de imputabilidad y la necesidad de destruir los discursos que la contienen y Niña Mamá en la necesidad de una ley por aborto legal seguro y gratuito. En la pulsión de hacer comprender por qué eso es importante, muchas veces incluso de vida o muerte. Obviamente la película no es solamente sobre el aborto sino sobre todo lo que afecta a las maternidades en la adolescencia. Allí emergen temas sobre educación sexual integral, sobre derechos sexuales y reproductivos y sobre Derechos Humanos también. Porque no es solamente lo reproductivo y la construcción de posibles maternidades o no, sino que también están atravesadas por falta de trabajo, de vivienda, de alimentación y creo que hay algo ahí que une a las dos películas.


Me quedo pensando en esto que decís sobre la necesidad de la construcción de un discurso. Lo relacionó con la estética bastante despojada que tiene la película, como si partiera sin ningún prejuicio, con evidente ánimo de conocimiento. Está filmada en blanco y negro, con planos únicos por escena y una distancia precisa entre las chicas registradas y la cámara. ¿Podrías profundizar un poco en esta idea estética?

Es muy difícil entender dónde empieza una idea, en este caso la estética que atraviesa la película. Al principio fueron sensaciones, imágenes que se fueron encontrando. El ensayo fotográfico de Adriana Lestido sobre maternidades y sobre mujeres presas fue un disparador de la primera idea visual. Hay en esas fotos una potencia que siempre me gustó. En la construcción de la intimidad, en la diversidad que armaba un discurso sobre cada una de ellas con sus particularidades pero que agrupadas permitía pensar en algo estructural, sistémico. La decisión de filmar Niña Mamá en blanco y negro empieza como inspiración en esas fotografías. Luego nos dimos cuenta que nos permitía unificar espacios transformando los hospitales en donde filmábamos en una idea: el hospital público como un personaje más de la película donde se evidencian las políticas públicas de salud y su intervención sobre los cuerpos de las mujeres.

Respecto a la distancia es algo que hablamos mucho. Teníamos un dogma que respetamos durante el rodaje, filmar con un solo lente, un 50mm. La imagen que da este lente emula la mirada humana, es decir que la distancia que se ve en la película es la que efectivamente teníamos físicamente. Por otro lado, el lugar donde ubicábamos la cámara también debía permitir no intervenir sobre la práctica profesional de las trabajadoras sociales que, siempre lo tuvimos claro, era lo más importante que estaba pasando en ese momento. La cámara entonces no se movía y posaba su mirada sobre las adolescentes. El planteo sonoro fue similar. El micrófono sobre ellas, siempre focalizando en la voz de estas jóvenes, que aceptaron participar de la película, y que nos brindan momentos únicos.



El argumento del jurado de IDFA al momento de premiar la película hace referencia al montaje y me parece muy acertado. La película tiene un ritmo muy particular. Sin golpes de efecto pero que, sin embargo, te moviliza físicamente. Cada relato atiende las vivencias individuales pero se va conformando como una durísima experiencia colectiva.

Con Lorena Moriconi, la montajista, no queríamos hacer una estructura racional predeterminada de un conflicto en el sentido clásico. Creíamos que la forma era un transcurrir de las emociones que iban conformando la estructura. Para eso empezamos explorando los momentos que no se habían borrado de nuestros corazones y nuestras mentes y eso lo fuimos poniendo en la línea del montaje. Luego entendimos que la película, y las protagonistas, necesitaban que ellas aparezcan con todo lo que deciden decir. No podíamos nosotras borrar las palabras que nos incomodaban. Justamente las palabras de ellas que yo no compartía eran las que tenían que aparecer en la película. Por respeto a ellas pero también porque era lo que nos interpelaba, en un sentido profundo. En el montaje, una escena no tenía que obturar a la anterior sino que tenía que potenciar la complejidad de cada una de ellas. Por ejemplo, y siendo esquemática, no queríamos poner una chica en contra del aborto seguida luego de otra a favor negando a la anterior. Eso hubiese quebrado ese encuentro, limado la complejidad y, además, no hubiese aportado nada. El trabajo fue que esas posturas, esas ideas y opiniones, puedan encontrarse permitiendo ver que cada una necesita tener condiciones previas dadas para  poder decidir libremente.


Creo que lo que mencionas es lo más interesante de la película: poder escuchar a una niña de 13 años embarazada, y consciente de que tiene un embarazo de riesgo porque su útero es muy pequeño, diciendo con convicción estoy en contra del aborto y sostener su decisión de continuar el embarazo y que la película, sin dejar de tener una mirada sobre el mundo, sea respetuosa de estas voces. No se anulan los discursos sino que se complejizan a la vez que nos permite oír la voz de las mujeres de los sectores populares en un tema tan trascendental en el cual son las principales víctimas de la ilegalidad y la clandestinidad. En ese sentido ¿qué te propusiste y que te proponés que suceda con esta película?

Me encantaría que se pueda ver en la película que hay mujeres que están en situaciones de muchísima violencia y vulnerabilidad y que estas decisiones, como la de decidir maternar o no, son muchísimo más difíciles. Que frente a eso se encuentran con el miedo a la muerte por las condiciones de clandestinidad del aborto y, aun decidiendo continuar con un embarazo en una situación de vulnerabilidad, también termina siendo muy arduo para la vida. ¿Cómo se combate esa vulneración de los derechos? ¿Cómo se combate esas violencias institucionales sobre los cuerpos de las mujeres y de les jóvenes? Es muy cínico eso de salvemos las dos vidas, porque nosotras estamos peleando por una vida digna.



Al menos recuerdo a tres chicas en la película que, habiendo decidido continuar o no con el embarazo, mencionan el miedo a la muerte como un factor de peso en su decisión.

Todas. Obviamente decidimos que aparezcan las palabras de algunas de ellas mencionando ese miedo a morir, pero puedo asegurar que aparece en todas de diferentes formas, en diferentes momentos. La muerte es algo muy cercano, y ese miedo a morir es latente. Sea por el aborto clandestino, sea por miedo a dejar a sus hijos sin madre, sea por violencia que han sufrido, sea por consumo, sea por un montón de circunstancias. El miedo a la muerte está allí, latente en todas.


¿Cómo fue la experiencia de proyectar la película en un festival como el IDFA en Amsterdam? ¿Cuándo se va a poder ver la película en Argentina?

Fue una muy linda experiencia porque tuvimos la oportunidad de comprender la magnitud del cine. Esto de que una película pueda darse en un lugar tan lejano, en una sociedad con condiciones materiales tan distintas y, sin embargo, pueda encontrar a un público con las historias de vida de las protagonistas de Niña Mamá entablando un diálogo emotivo y enriquecedor.

Acá en Argentina esperamos estrenar en marzo del 2020. Obviamente ya hemos hecho dos visualizaciones con las protagonistas. Hicimos proyecciones exclusivamente con ellas, nos parecía necesario que ellas puedan ver la película finalizada antes de que sea pública. Creo que eso marcó a la película.

Rouvier