Neuquén y después...

Por: Mariano Fraschini

La provincia de Neuquén abrió el calendario electoral de los ejecutivos provinciales. Es cierto que hace unas semanas La Pampa había elegido sus candidatos en primarias, pero la del domingo pasado se trató de la primera elección en donde se disputó la gobernación de una provincia. De acá a la votación presidencial del 27 de octubre serán 15 distritos los que adelanten su ciclo electoral. Es decir, a excepción de Buenos Aires, CABA, Salta, Santa Cruz, Formosa y Catamarca, el resto de las provincias adelantó sus elecciones, lo que sumado a las Primarias de cada uno de los distritos en donde estas se realizan, sumarán  21 elecciones. Casi un record en relación, por ejemplo, a las de 2015, en donde fueron doce distritos los que desdoblaron sus votaciones frente a once provincias que no lo hicieron. Pero ¿por qué sucede tamaño desdoblamiento este año? ¿A qué obedece? ¿Por qué inclusive los propios gobernadores oficialistas desdoblan sus elecciones y las alejan de la presidencial? ¿Por qué también lo hacen los opositores al gobierno nacional? ¿Tendrá algo que ver la caída evidente de Macri en las encuestas? ¿La situación económica impredecible jugará un papel en las estrategias distritales? ¿Desde cuándo esto sucede?    

Comencemos por Neuquén. Se trata del distrito en el que el Movimiento Popular Neuquino (MPN) es imbatible, y en el que gobierna desde hace más de cuatro décadas. Desde siempre suele desdoblar sus elecciones para hacer pesar su formidable aparato político- territorial, pero cada cuatro años viene despegando su votación por más meses de la elección presidencial (en 2015 había sido a finales de abril, y los dos elecciones anteriores habían sido en junio). A pesar de lo que auguraban las encuestas, que una vez más volvieron a errarle por mucho, el MPN triunfó por el 40% a una distancia considerable del candidato peronista que alcanzó el 26% de los sufragios. Muy atrás quedó el candidato de Cambiemos con el 15%, constituyendo el primer traspié del oficialismo en esta extensa seguidilla de elecciones. ¿Fue sorpresivo el mal resultado del gobierno en la provincia? Si nos alejamos de la foto, en la que el gobierno intenta mostrarse triunfante por la derrota del candidato “K”, y vemos la película completa, si lo fue. Hace apenas un año, Neuquén era considerada una de las provincias ganables para el oficialismo (de hecho triunfó en las legislativas de 2017), y desde allí que su candidato, el radical Horacio “Pechi” Quiroga hay sido instalado como una alternativa viable y factible para desplazar al MPN del gobierno provincial. Sin embargo, al calor de la caída de la popularidad presidencial, y de las malas noticias en materia económica, el gobierno nacional fue despegándose del fracaso de su oferta electoral a la que apostó, pero a la cual drenó desde su propia ineficacia gubernamental.

Durante el mes de abril habrá primarias en cinco distritos: San Juan (31/3), Chubut, Entre Ríos, San Luis y Santa Fe, y elección a gobernador en Río Negro. Se trata de seis provincias que gobierna la oposición en sus distintas vertientes ideológico-políticas, y en las que el oficialismo nacional tendrá muchas dificultades para imponerse. Sólo en Rio Negro se definirá el gobernador, que a la espera de la resolución de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de la Nación acerca de la constitucionalidad de la candidatura del gobernador Weretilneck, tiene a Cambiemos en un cómodo tercer lugar. En este distrito, las chances de la candidatura justicialista encabezada por Martín Soria aumentarán de forma decisiva en caso de un “No” de la CSJ.

Para mayo tendrán lugar las elecciones generales de Córdoba (siempre desdobla, pero este año adelantó en dos meses su tradicional votación en julio), La Rioja y La Pampa. En estas tres compulsas electorales, Cambiemos parte de atrás y desafía la hegemonía distrital del peronismo. El cortocircuito entre el macrismo y el radicalismo cordobés, resta posibilidades de competencia en un distrito, como el de Neuquén, que el gobierno avizoraba como ganable. De hecho, en la elección legislativa Cambiemos obtuvo en Córdoba el 48% de los sufragios venciendo en forma contundente al candidato del gobernador Schiaretti, y en la segunda vuelta presidencial de 2015 alcanzó el histórico 73% de los votos. En La Pampa, como observamos en la elección primaria de febrero, el candidato del macrismo fue barrido por el radical, en otra provincia en donde dos años atrás la lista de Cambiemos perdió por menos de 100 votos con la local justicialista. En tanto La Rioja, el radicalismo en alianza con el PRO venció en la legislativa del 2017 al peronismo oficial, lo que avizoraba posibilidades concretas de triunfo, que hoy emergen como inciertas.

A primera vista se observa que el gobierno nacional tendrá algunas dificultades para mostrar triunfos electorales durante los próximos dos meses. La ecuación electoral que se vislumbraba hace un año parece ser muy distinta a la de hoy.  Un Cambiemos triunfante que computaba a futuro victorias electorales en al menos ocho distritos, hoy se consuela con que en algunos de ellos no triunfe el peronismo más opositor. El desdoblamiento de las elecciones provinciales de los aliados gobernantes radicales (Jujuy y Mendoza) y las jugadas finalmente truncas de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires r separar la elección distrital de la nacional, revelan el momento de incertidumbre en las que estos mandatarios observan el devenir de la administración macrista. La potestad constitucional de cada provincia para manejar el calendario de su distrito opera como una herramienta estratégica en manos de estos mandatarios, que suelen hacerla jugar bajo su conveniencia política. Sin embargo, como nunca antes los gobernadores, sin distinción ideológica o partidaria, optaron por cuidar su localía y alejarla lo más posible del calendario nacional. A excepción de la Ciudad de Buenos Aires, que “debió” cambiar por “sugerencia” presidencial su histórico desdoblamiento, y Salta, donde su gobernador actual juega su propia carta electoral el 27 de octubre, los otros distritos “concurrentes” con la elección presidencial, ya lo habían sido también en el 2015.  

Retomando las preguntas iniciales, una respuesta plausible de las “necesidades” distritales por desdoblar las elecciones se encuentra en la incertidumbre que rodea la elección presidencial. A pesar de que se trata de una votación en donde el presidente en ejercicio va por su reelección “ordenando” de esa forma el paisaje electoral, nada de eso parece estar ocurriendo. La incerteza surge como el elemento distintivo de esta coyuntura. La mala performance del presidente Macri en los sondeos de opinión pública y en las proyecciones electorales de cara a octubre, dieron lugar a un escenario novedoso: la posibilidad, por primera vez en Argentina y en la región, que un primer mandatario que va por la reelección pueda no lograrla. Esto trae como consecuencia un importante grado de incertidumbre en los actores políticos y sociales, aumentando con ello, las decisiones autónomas de los mandatarios provinciales. ¿Irá finalmente Mauricio Macri por su reelección? ¿Jugará Cristina Fernández de Kirchner? ¿El peronismo irá unido o en partes? ¿Cuántas ofertas opositoras habrá el 27 de octubre? ¿Con que alianza irá el radicalismo en esta elección? Estas preguntas se encuentran en el horizonte estratégico de los mandamases provinciales y operan como un aliciente para “alambrar” el terreno propio.

En ese marco, la ventaja de la localía y de un contexto electoral nacional incierto, aumentan las expectativas de los gobernadores por revalidar sus mandatos. Esa estrategia de despegue de lo nacional, como vimos, no es novedosa, ni extraña, ya que desde las primeras elecciones de 1987 que se realizaron simultáneamente en todos los distritos, las provincias fueron aumentando su poder de autonomía, y con ello sus ventajas electorales intrínsecas al oficialismo. Esa preeminencia de los ejecutivos distritales se asienta en que son 17 los gobernadores en ejercicio que buscarán la reelección (tanto radicales o peronistas) y cuentan con grandes posibilidades de alcanzarla, Desde el 2007, los primeros mandatarios provinciales, en su gran mayoría, suelen revalidar sus títulos, ya que son muy pocas las propuestas opositoras que logran desplazarlos: fueron 4 en 2007, solo 2 en 2011 y nuevamente 4 en 2015 de un total de 24 distritos.

Este es el contexto electoral en que se van a desplegar las más de veinte elecciones distritales durante este año. A medida que avancen, las definiciones políticas de los candidatos nacionales se irán apagando lentamente las incertidumbres electorales. A la fecha, son más los interrogantes que las certezas.

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