Moria: una crisis humanitaria que se agrava

OPINIÓN. – Existe gran preocupación ante la aparición de los primeros casos de Coronavirus en el campamento de Moria, sumado a los sucesivos incendios, reclamos de los solicitantes de asilo y la poca o nula respuesta de las autoridades de la Isla de Lesbos.


Según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), 79, 5 millones de personas fueron forzadas a desplazarse en el mundo para finales del año 2019, esto representa un 1% de la población Mundial y un 40% de ese porcentaje son niños y niñas. Varios son los motivos del desplazamiento: su identificación con cierto grupo, ideología política, raza, religión, nacionalidad, violencia, conflictos armados, derechos humanos vulnerados, o desastres naturales entre otros. El 80% de las personas desplazadas en el mundo se encuentran en países o territorios afectados por la inseguridad alimentaria y malnutrición. La mayoría son de Afganistán, Siria, Irak, Palestina y la República Democrática del Congo, y más de uno, de cada tres desplazados, son niños.

 

Fuente de la imágen: ACNUR

 

Turquía es el principal país de acogida de desplazados. Desde el año 2016 en el que firmó un acuerdo con la Unión Europea, las islas del Mar Egeo se han transformado en un área de espera para los solicitantes de asilo luego de cruzar el mar en pequeñas y peligrosas embarcaciones, que muchas veces han tenido que pagar a traficantes de personas. Una vez en las Islas, el destino de los solicitantes de asilo es incierto, la mayoría de las veces obtienen una respuesta luego de uno o más años de estar viviendo en un campamento, la respuesta puede ser desde trasladarse efectivamente al continente y obtener el estatus de refugiado hasta ser deportados hacia su país de origen.


Moria, la pandemia más el incendio

A medida que el coronavirus se extiende por todo el mundo, preocupa que Moria, el campamento de refugiados más grande de Europa que se encuentra localizado en Lesbos, no pudo abordar las necesidades básicas de salud y seguridad, por lo que difícilmente está en condiciones de enfrentar los desafíos del COVID-19, dado que 20,000 solicitantes de asilo habitan un espacio destinado a 3,000.

La Unión Europea pidió al gobierno griego que traslade a los solicitantes de asilo con mayor riesgo de coronavirus al continente, una llamada a la que Atenas se ha resistido hasta ahora, argumentando que las posibilidades de contraer COVID-19 son menores en las islas.

Durante años, los solicitantes de asilo se han refugiado en contenedores o carpas, algunas veces provistas por ACNUR, y otras fabricadas por los propios afectados con lo que encuentran y tienen a mano. Habitualmente, las familias esperan en fila durante horas para recibir alimentos que a veces no son comestibles ni guardan relación con sus hábitos alimenticios, sumado al limitado acceso al apoyo educativo, legal y de salud, lo que dificulta la integración de los solicitantes de asilo con las comunidades que los acogerán a posteriori.

A comienzos de septiembre de 2020, comenzaron las protestas de manera pacífica por las condiciones de vida en el campamento y las medidas que ha impuesto el gobierno.  La semana del martes ocho (8) y miércoles nueve (9) de septiembre luego de que se detectaran los primeros treinta y cinco (35) casos de COVID-19 positivos en el campo y se haya recomendado el aislamiento de las personas afectadas por la enfermedad en un lugar alternativo para evitar una mayor propagación del virus, provoco malestar entre las habitantes del campamento. Luego de la negativa ante dicha recomendación, comenzaron las protestas y se desataron tres focos de fuego dentro del campamento.

Al otro lado del mar en Grecia, el incendio ha causado indignación y desesperación. Mientras algunos ciudadanos prestan su servicio y colaboran con los afectados, otros esperan que no se reconstruya el campo. El alcalde de Mitilene, la capital de Lesbos, Stratis Kytelis, se encuentra entre los que se oponen a un nuevo campamento y dijo a los medios locales que no aceptará ninguna reapertura de las instalaciones de Moria. El jueves de la misma semana dos camiones bloquearon la ruta de acceso al campo para que los vehículos de construcción no llegaran a las ruinas quemadas del campamento.

Son miles las personas que trataban de salvar sus pocas pertenencias y abandonaron el campo para buscar un lugar donde pasar la noche. Muchas terminaron durmiendo en las calles, en plazas o a los costados de la ruta. Un grupo de refugiados en el campamento de Kara Tepe ha estado compartiendo su comida y consolando a quienes huyeron de las llamas en Moria, pero poco pueden hacer para brindarles refugio. Parece que no hay planes oficiales para ayudar a reubicar a las personas que han perdido sus hogares y refugios, los miles que huyeron de Moria no tienen adónde ir.

Según reportan los medios locales, las protestas por un traslado a tierra firme y la continua espera por un nuevo lugar donde alojarse se sucedieron en estos días. Las autoridades de la Unión Europea han negado el traslado a la mayoría y solamente les ofrecieron trasladarse a un nuevo campo que está siendo construido por el ejército griego. Tan solo 406 menores de edad no acompañados fueron autorizados a dejar la isla para ser acogidos por algunos de los países que integran la Unión Europea, entre ellos Francia, Alemania y Países Bajos.

La espera de respuesta, la incertidumbre y la continua vulneración de los derechos humanos de los solicitantes de asilo, refugiados y desplazados está muy lejos de haberse solucionado sin un verdadero compromiso de la comunidad internacional.



Sobre el Autor


Paula Cortés, es Licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires, Diplomada en Liderazgo en Asistencia Humanitaria en escenarios complejos. Sus áreas de investigación son los Derechos Humanos, Refugiados y Desplazados, y Migración forzada de población. Es Coordinadora del Observatorio de Asuntos Humanitarios del Centro de Estudios de Política Internacional de la UBA. Consultora en Comunicación de Asociación para Políticas Públicas.

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