Mitos o falsas creencias sexuales más frecuentes

Estos son algunos de los mitos que circulan por el mundo con las variantes que cada cultura le imprime.

Estos son algunos de los mitos que circulan por el mundo con las variantes que cada cultura le imprime. Todos tienen las mismas características:

Se imprimen en el imaginario social como verdades.

Limitan la vida sexual.

No se cuestionan.

En cambio, cuestionarlos es iniciar un cambio favorable.

Romper con los mitos es entregarse a una sexualidad más verdadera, plena, libre y por sobre todo singular.


Orgasmo vaginal versus orgasmo clitoriano

El orgasmo se produce por estimulación del clítoris o alguna de sus prolongaciones que se internan en el interior de la vagina. No existe el orgasmo vaginal. El clítoris es un órgano que tiene muchos vasos sanguíneos y nervios, lo cual permite la respuesta orgásmica.


El hombre debe estar siempre preparado

Esta es una construcción mental que sostiene a una de las reglas más rígidas del género masculino: la potencia sexual. La virilidad es vivida como un atributo que se debe sostener gracias a la potencia, la capacidad para complacer, la jactancia entre varones, etc., lo cual además de ser una regla promueve la dominación masculina por sobre el género femenino, es un peso enorme para los hombres ya que supone que siempre deben estar preparados para el sexo. 


El hombre es activo, la mujer pasiva

Otra falacia que surge del modelo patriarcal y heteronormativo, lo cual sostiene que el hombre es el que debe “someter” a la mujer, quien se debe comportar dócil y bien dispuesta cuando él lo decida. Este modelo desigual también se expande a los modelos de contacto homosexual, quienes todavía siguen armando perfiles donde se coloca el tipo de rol sexual preferido (activo, pasivo, versátil).


La mujer tiene menos deseo que el hombre

Las reglas culturales y sociales todavía ven con ojos críticos cuando la mujer expresa y despliega libremente su deseo sexual, cosa que no ocurre cuando un hombre lo hace. La mujer puede tener la misma intensidad de deseo que el hombre, solo que no es tan lineal como en los varones, precisan de un juego previo más rico y prolongado para que vaya aumentando la intensidad.


Si el hombre no se excita “no funciona bien”

Es frecuente que el hombre no se excite porque no tiene suficiente deseo, o si lo tiene, está tan preocupado “por cumplir” que no se conecta con su sentir ni se relaja. Es fundamental que deje de pensar en el coito y en su performance sexual y se entregue al placer.


El pene pequeño no produce placer a la mujer

Como decía anteriormente, el orgasmo vaginal no existe, por lo tanto todas las prácticas que estimulen el clítoris (sexo oral, masturbación, vibradores, succionadores, etc.) ayudan a que la mujer se excite. El pene pequeño es un complejo para los hombres porque creen que el tamaño es importante para estimular las paredes vaginales y  disparar el orgasmo, sin embargo, desarrollar otras variantes pueden ser muy efectivas.

 

El hombre no debe decir nunca que “no” al sexo

Este es otro problema que pone en evidencia como se construye desde muy niños la masculinidad. La educación sexual integral es muy importante para derribar estos mitos que pesan sobre los cuerpos y emociones de hombres y de mujeres. Un hombre si no tiene ganas puede decir no al encuentro sexual, incluso a la atracción sexual. las personas asexuales nos enseñan que puede faltar el foco de atracción sexual pero existen otros motivos para sentirse bien con el otro, ejemplo: el romanticismo, la comunicación, la inteligencia, etc.


Los problemas de erección son naturales e irreversibles en el hombre mayor

Si el hombre mayor no tiene problemas físicos o mentales que puedan comprometer la función sexual no debería tener problemas, salvo la frecuencia. Si en los jóvenes la frecuencia está incrementada por el descubrimiento se la sexualidad, las hormonas, las diferentes aventuras sexuales, en los adultos mayores la frecuencia es menor (periodo refractario más prolongado)


La vida sexual de la mujer termina con la menopausia

Esto es otro error que escuchamos con mucha frecuencia. Justamente este período en la vida de la mujer es de redescubrimiento de su cuerpo y la sexualidad. Ya no hay temores de quedar embarazada; los hijos son independientes, y existen ganas de disfrutar de la vida con más libertad. Tanto mujeres en pareja, separadas, solas, encuentran en esta etapa un espacio de satisfacción y de oportunidad para seguir su desarrollo. El aumento de la expectativa de vida,  las redes sociales, el espíritu joven para seguir avanzando con actividades, el recupero de vínculos o de ex novios o de animarse a una nueva pareja, alientan a aventurarse sin olvidar la experiencia de vida que han sembrado.


La ausencia del himen prueba que la mujer no es virgen

El himen es una membrana que cierra la entrada de la vagina y no siempre está cerrada, ya que puede tener una o varias perforaciones naturales, es decir, sin haber tenido nunca relaciones sexuales. Además, esta membrana es muy elástica, por lo tanto puede distenderse en el momento del coito. En realidad, y más allá de lo anatómico, la implicancia del Himen es simbólica (signada por la cultura y la moral religiosa) ya que su presencia “garantiza” que la novia es virgen.


La mujer que no tiene orgasmo por penetración es “frígida”

Es falso. Esta creencia hace mucho mal a las mujeres ya que se convencen de que son “frígidas” porque no tienen el orgasmo vaginal (ya dijimos que no existe). Pueden tener orgasmo cuando se les estimula el clítoris, pero esperan el orgasmo por penetración y si no se producen interpretan que son anorgásmicas, lo cual les provoca angustia, baja de deseo sexual y problemas vinculares.

 

La simultaneidad en el orgasmo es regla de mayor placer

La búsqueda de simultaneidad en la respuesta orgásmica trae más problemas que beneficios. Se suele dar espontáneamente y provoca mucho placer, pero buscar terminar juntos como un objetivo, distrae y puede provocar el efecto contrario, que no se llegue a acabar. Por lo tanto, si sucede todo ok, pero que no se convierta en una carrera para llegar al mismo tiempo.


Sobre el autor: Walter Ghedin es psiquiatra y sexólogo

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