Mirada de la política regional, global y doméstica

Es necesario, según el autor, un plan político-económico con plataforma nacional, de proyección internacional, que cuente con una dirección clara, un diseño de país y una organización política que lo respalde.

Por: Horacio Lenz

Las acciones políticas, en el marco internacional, son los instrumentos de las naciones  para vincularse más allá de sus fronteras. Una integración inteligente con el mundo promoverá el crecimiento económico derramando bienestar general.

Es necesario un plan político-económico con plataforma nacional, de proyección internacional, que cuente con una dirección clara, un diseño de país y una organización política que lo respalde. Se torna imperioso acelerar esta cuestión, ya que las proyecciones estratégicas son las únicas que dan certidumbre en el presente y resuelven el futuro.

El espacio regional

En cuanto a esta primera cuestión, veo la necesidad de incrementar los instrumentos del gobierno en materia de la política internacional. La diplomacia, la defensa, la inteligencia estratégica y el comercio son los insumos principales de la política internacional de una Nación en el marco de las relaciones exteriores.                                                                                                            Esta debe ser ejercida, en primera instancia, en el arco de países limítrofes como primer paso de política de cercanía e ir consolidando nuestros intereses de cooperación más allá de las fronteras. Así colocamos el eje gravitatorio fuera del territorio nacional de modo cooperativo, colaborativo y comercial, aumentando nuestra capacidad de oferta política y actuando como malla de seguridad ante hipotéticas situaciones críticas.                                                   

Bolivia

Por esta razón, en el caso de Bolivia, ataviada por una crisis política producto de un golpe de Vacío de Estado a fines del 2019, fue necesario definir y llevar adelante acciones que amortigüen los efectos no deseados del conflicto político. La decisión de dar asilo al presidente Evo Morales en nuestro país fue la correcta, actuando esta medida como catalizadora de un espacio político (MAS) que no se sintió marginado del escenario ni de la contienda electoral y pudo canalizar sus acciones políticas de resistencia en el terreno de la no violencia y atemperando los estados de ánimo. Una continuidad del clima de violencia en el país del Altiplano hubiera perjudicado el Norte de nuestro país, producto del proceso migratorio que genera toda crisis, además del golpe humanitario que significa ser receptor de una población desplazada en una gran cantidad, en poco tiempo y localizada en uno solo lugar (Jujuy).

Involucrarnos en sus asuntos internos, de ese modo colaborativo, contribuyó a encarrilar la complejidad de la situación y acompañar el proceso electoral futuro de modo ordenado.

Según pronósticos confiables, las próximas elecciones tendrán un resultado donde en cualquier caso ganaría un líder moderado, Luis Arce o Carlos Mesa, pero donde la actual presidenta, Jeanine Áñez, con buena administración en la cuestión pandémica de la Covid-19, está ganando consideración popular y posiblemente reorientando el voto de derecha hacia su candidatura y compitiendo con Carlos Mesa por el voto centrista.

A partir de ahí y de modo consistente, Argentina debe retornar a nuestra presencia en el centro geopolítico de Sudamérica dentro de la directriz bioceánica que une los puertos de Santos (Brasil) con Iquique (Chile). Si a esto le añadimos nuestra proyección Antártica y los mares del sur, no solo crece nuestra influencia regional, sino también nuestras responsabilidades que en todos los casos deben ser compartidos, debatidos y ejecutados regionalmente de modo consensual.

Chile y Brasil

Junto a Chile y Brasil, tenemos un destino en  común, la Antártida, donde una trilogía de interés nos dará proyección como Cono Sur hacia continente blanco. Pero estos intereses comunes, en el plano geográfico, nos conectan, a su vez, a diferentes espacios comerciales y globales.

Con los trasandinos nos une una cordillera. A partir de esta cuestión, considero que habría que aumentar la intensidad política para lograr, a mediano plazo, el objetivo estratégico para ambos: puertos marítimos compartidos argentino-chileno tanto en el Océano Pacífico como en el Atlántico.

Pero un puerto en plataforma chilena, y viceversa, debe servir como un instrumento en la estrategia bioceánica de conexión donde Argentina esté en el Pacifico y Chile en el Atlántico. Para esto, la conexión no debe ser un mero paso fronterizo, debe contar con la infractructura necesaria que incremente el comercio entre y desde ambos países.

Por esta razón, la localización de la red binacional debe contemplar el comercio, pero también la permanencia en el tiempo de la red de conectividad terrestre. Al compartir una zona inestable por su condición sísmica, se deben contemplar todos los aspectos geológicos ya que no se puede encarar una gran empresa que luego pueda ser afectada por la acción de la naturaleza, en cualquier momento, sin previo aviso y sin dimensión de la magnitud.

Atendiendo esta situación sería necesario repensar la zona de paso en los Andes. Si posamos la mirada en el tramo norte de los Andes Patagónicos Fueguinos 42° Latitud Sur, a partir de aquí sería el lugar más adecuado para llevarlo adelante por una serie de ventajas geomorfológicas que son beneficiosas para la seguridad de la infraestructura y el presupuesto. Es un tramo cordillerano bajo que cuenta con un valle longitudinal entre dos cordones y valles que lo atraviesan de modo perpendicular. Esta zona permite saltar la línea montañosa, a baja altura, recorriendo los valles transversales sin necesidad de tunelizar, disminuyendo los costos y evitando las condiciones de peligrosidad.

Para este logro de la integración es imperioso acercar posiciones con el gobierno del presidente Piñera y es necesario construir confianza, sobre todo a partir de los acontecimientos actuales de inestabilidad que llenan de incertidumbre a nuestra región. Definir esta cuestión en este momento, en el que se lleva a cabo el reordenamiento regional, sería lo más oportuno y más beneficioso para los dos países. Una vez consolidado el futuro statu quo, pero definido por potencias extraregionales, sería más dificultoso un diseño más autónomo.

Brasil es nuestro aliado estratégico en el frente Atlántico. Nos une un espacio geográfico continental común, que se extiende al oceánico compartido con proyección al Atlántico sur y a la Antártida. Además, es imposible una disociación mutua por una razón central: tenemos una continuidad geográfica que va desde la Pampa Húmeda al Norte, hasta el centro de Matto Grosso, proyectándose también al este a los Estados Gauchos del Sur. Son más de 1236 km de frontera común que no hace más que unir nuestros destinos.                                                                                    

El Mercosur como política regional compartida está siendo objetado por el Gobierno de Bolsonaro desde el inicio de su gestión, quien incrementa la amenaza verbal de ruptura. Es necesario ser conscientes que es una actitud solo verbal. Brasil, como ninguno de los miembros, nunca podrá desprenderse de la región, además nunca lo hizo. ¿Y si lo hace, a dónde irá? En la historia de Itamaraty se considera la política del Brasil como la del “cangrejo”: desplazarse hacia atrás, pero mirando el continente. Nunca su política regional fue separarse porque siempre actuó, a partir del patrono de su diplomacia, el Barón de Rio Branco, que su fortaleza se definía unido al continente. En esta cuestión las FFAA brasileras tienen acabada opinión estratégica en materia regional. Llevan adelante tres hipótesis de conflicto en la geografía continental: el Amazonas, el Caribe y la frontera Amazónica-Andina. Pero a diferencia de estas, sus fronteras al sur con Argentina son consideradas espacio de paz y se descarta toda amenaza de conflicto. Fortalece esta cuestión la consideración del Mercosur como un acuerdo garante de paz, más que un tratado comercial. Como consecuencia inmediata, romper el Mercosur significaría el renacimiento de nuevas amenazas que las FFAA brasileras no quieren volver a tener, según consta en varios de sus documentos oficiales de procedencia militar.                                                                          

El actual vicepresidente, Hamilton Mourão, manifestó, en enero del 2019, cinco cuestiones donde las FFAA opinan en clave estratégica. Las ideas manifestadas discrepan de las posiciones llevadas adelante por el presidente Jair Bolsonoro en la campaña electoral.

1- Rechazo a una base militar americana en Alcántara.

   (Este punto genera divergencia con Itamaraty.)

2- No tener previsto plan de contingencia militar para Venezuela.

3- Oposición al traslado de la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

4- Aborto como política de salud pública.

5- Importancia estratégica de la relación con Argentina.

Paraguay y Uruguay

Nuestra primera línea regional se completa con Paraguay y Uruguay. Con quienes  nos conectan los cursos de agua como puentes, las represas hidroeléctricas y los ríos interiores. Ambos países son parte de la Cuenca del Plata y compartimos con ellos  esta reserva de agua dulce.

Para cualquier idea estratégica que nos propongamos, como ser tener un adecuado balance hídrico en nuestro territorio que transfiera agua de un área con superávit hídrico a la región esteparia desértica patagónica con déficit, necesitamos negociar el caudal extraído tanto con Paraguay como con Uruguay. Una obra de infraestructura de esta naturaleza transformaría en productivas a más a 15 millones de hectáreas ubicadas en el NOA, Centro y Sur de nuestro país. Generaría oportunidades económicas con alternativas de vida en un espacio geográfico que contribuiría a un hábitat demográfico más sostenible.                                                                          

Entre otras cosas, también esto hace necesario recuperar el vínculo prioritario con estos países, enfriados por un conjunto de malentendidos que menguó la confianza mutua. Con Paraguay se perdió esa relación de privilegio, luego de la cuestión del asilo al Gral. Oviedo en 1999. Con Montevideo tuvimos una relación tirante de desconfianza a partir del conflicto de las pasteras junto a la desproporcionada respuesta reservada, en idear una alternativa a la diplomacia, pensada por el presidente Tabaré Vázquez en consulta con Washington.

La nueva coyuntura de reconversión en el diseño internacional es una buena oportunidad para reconstruir la relación sospechada por todos.

Es prudente recordar, como peronistas, que nos une una relación histórica con el Partido Nacional (Blanco). La Historia, como ciencia, suele ayudarnos a comprender el presente confuso. Luego de 15 años de hermanamiento ideológico con el Frente Amplio, no alcanzó para sepultar la desconfianza diplomática bilateral. Definir la estrategia regional nos lleva siempre a no descuidar nunca el más mínimo paso táctico.

Región Andina

En la Región Andina es donde hay que encontrar herramientas que profundicen nuestro vínculo económico complementario, que va desde la pesca, el petróleo, el turismo, el terrorismo, la asistencia en energía nuclear y las producciones agrícolas  tropicales. Pero a su vez con Perú y Ecuador nos atan lazos históricos que siempre reportan gestos benévolos en el presente que se materializan en diferentes cuestiones de carácter diplomático.

Colombia geográficamente se encuentra en una posición privilegiada ya que su contorno costero mira al Caribe donde proyecta su política y simultáneamente tiene una gran costa en el Océano Pacífico que lo acerca a Asia y a la costa oeste de México, EE. UU. y Canadá. De esta manera, su comercio no depende indefectiblemente del canal de Panamá, reduciendo, de esta manera, los sobrecostos económicos y políticos que el paso interoceánico determina.

Venezuela

La cuestión de Venezuela es particular. Necesitamos, para abordarla, amén de una política regional, también una diplomacia sofisticada. Su situación crítica fue el detonante de la desvertebración política continental. Sus escenarios conflictivos no son novedosos, pero en los últimos años los gobiernos de la región no lograron la cooperación necesaria para atender esa cuestión particular, que terminó siendo el vehículo de la división regional.  

Se condimentaron los conflictos innecesarios fuera de sus fronteras y el sentido de unidad regional fue dinamitado, para ser remplazada por la nada. Se llevaron adelante un conjunto de acciones descoordinadas, declaraciones políticas sin sentido, el uso del país como variantes ejemplificadora, a fin de sintonizar con una visión equivocada de la diplomacia americana que ejerció su influencia en líderes del cono sur sin visión continental estratégica.

Washington debería saber, a esta altura de la historia, que en el hemisferio conviven muchas américas. Y que no hay, ni hubo, regla general que evite males mayores si su política regional no es apoyada por el consenso cooperativo de la mayoría de los países sudamericanos.

¿Qué pasa en Venezuela? Se puede enumerar un sinfín de situaciones conflictivas, penurias sociales y crisis migratorias además de ser un espacio con influencias de potencias extrarregionales. Seguramente el proceso político del presidente Maduro ha caído en el último peldaño, pero por esa misma razón no se debería llevar adelante  la política del aislamiento internacional, que lo único que logra —lo sabemos por experiencia— es la permanencia de vicios autoritarios. Fortalece los gobiernos en cuestión y los deja a merced de otras potencias que desean e intentan influir en nuestro Continente.

El presidente Trump seguramente confió en algunos líderes de Sudamérica para que le den apoyo a su política regional. Pero resultó muy claro que ninguno de estos tuvieron una visión estratégica, con política de alto nivel y diplomacia sofisticada que permitirá ir resolviendo la cuestión hacia un carril de diálogo y concordancia. Esto último es el desafío de hoy a partir de la necesaria articulación regional para una salida de la pandemia donde podamos converger en la resolución sanitaria y la recuperación económica.

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