Mirada de la política regional, global y doméstica. Parte III

Por: Horacio Lenz

La política doméstica 

Descriptos estos cinco espacios para la orientación internacional en la parte II de esta visión integradora, considero que el Estado debe dotarse de políticas con acción determinista que busque el interés nacional en los objetivos internacionales.

Estos no deberían manifestarse de modo unívoco en la táctica particular, pero deben mostrar beneficios estratégicos cuando posamos la mirada a escala global. Se torna necesario ante la coyuntura mundial —abatida con pandemias, más juegos peligrosos en el precio del petróleo— que las circunstancias no nos limiten la mirada. Lo contingente tendrá su fin, nuestra estrategia es el futuro.

Considerando el direccionamiento de los vínculos internacionales hacia los espacios descriptos anteriormente, el comercio y la búsqueda de asociación en las fronteras tecnológicas deberían priorizarse para transferir bienestar en nuestra sociedad.      Pero si posamos la mirada en nuestro país, hay dos aspectos importantes que constituyen una gran vulnerabilidad de impacto en la seguridad nacional, bienestar y calidad de vida de nuestro pueblo: el desequilibrio demográfico y una pobreza estructural del 30%.

En el primer caso se manifiesta de manera evidente en el AMBA, donde en el 1,25% del territorio convive el 38,4% de la población. Esta situación es dramática ya que el hacinamiento descompone cualquier lazo social equilibrado. Pero aún más, la densidad poblacional destroza el medio en la superficie y contamina las napas inferiores. Además al ocupar terrenos bajos, crea bolsones de estancamiento en la circulación de las corrientes de aguas superficiales, produciendo insalubridad notoria para los que ocupan esos lugares.

El modelo de concentración demográfica produce hacinamiento poblacional potenciando la pauperización de la calidad de vida de poblaciones que solo encuentran alternativa en los grandes centros de concentración poblacional. Cuando los modelos están mal diseñados, el hacinamiento da más posibilidades que la opacidad del espacio sin recursos ni infraestructura.

La falta de centros de desarrollo federal en un abanico más amplio de nuestro territorio impide fomentar las alternativas de instalación humana y la ecúmene se vuelve un círculo vicioso de instalación en lugares que solo retroalimentan la pobreza.

Se torna necesario que el Estado federal tome las herramientas y planifique una verdadera revolución demográfica, acompañada por un modelo de desarrollo federal con la nación, las provincias y municipios, que diseñen modelos de hábitat alternativos fomentando el equilibrio demográfico.

Este, implementado con disciplina territorial, mejorará las alternativas de vida, las oportunidades de bienestar e inversión.                                                                              Por el contrario, en el NEA y en la Patagonia, las vulnerabilidades están dadas por los espacios vacíos que abarcan sus áreas esteparias. La característica de su suelo se debe a la lenta evolución geológica y a aspectos climáticos que dificultan el desarrollo de un tapiz vegetal, sobre todo por la erosión eólica. Este puede lograrse haciendo un uso adecuado del agua, en particular, transfiriendo allí los excesos hídricos de la Cuenca del Plata y utilizando las buenas prácticas en la ganadería.

De esta manera, y a través de las obras de hidrología adecuadas y requeridas para tal propósito, en menos de una década se pueden transformar las zonas esteparias en praderas inducidas, aptas para el desarrollo de una actividad agrícola ganadera vinculada al pastizal. El tapiz vegetal serviría para evitar la erosión hídrica y eólica, además de actuar como conservante de la humedad, tan necesaria para el desarrollo de la capa humífera en la superficie. Un suelo de esta característica favorece el asentamiento poblacional y la actividad económica en comunidad productiva, contribuyendo a la disminución paulatina de la pobreza estructural. La edafología como rama de la geográfica se ocupa del estudio de los suelos. Es de gran utilidad para la implementación de acciones que conserven los nutrientes y por consiguiente la riqueza consecuente que, de modo potencial, podrían producirla. De esta manera, se podría lograr la recuperación de las áreas esteparias en praderas productivas, que serán plataformas necesarias para un reordenamiento demográfico permitiendo la instalación humana en un nuevo hábitat recuperado y el desarrollo de ciudades en el interior. Se torna necesaria la implementación de un marco jurídico federal, con involucramiento de las provincias y municipios, que aborde perfiles fiscales y organización territorial para llevar adelante tal ejecución. El buen uso del suelo junto a las buenas prácticas genera un mejor equilibrio entre el desarrollo urbano y la convivencia con espacios verdes productivos, recreativos o de esparcimiento. El hábitat en el espacio organizado colabora de buen modo en la calidad de vida de los pueblos como en su salud social.

Es necesario poner en cadenas de valor esta estructura productiva nueva donde se contemple la manufactura, el comercio y la capacidad exportadora en un horizonte bioceánico. Nadie irá con mística a ocupar espacios vacíos si las garantías de bienestar material no son percibidas.

A modo de conclusión, un acertado diagnóstico y ubicación en el escenario mundial, que se conformará luego de la crisis de la Covid-19, retribuirá en el bienestar general. El conjunto de estas acciones le darán al Estado un horizonte estratégico donde el centro gravitatorio será el modelo económico, generando un debate entre sectores por actividad, no sin contradicciones. De este modo, también puede despertar un movimiento de expectativas que fortalecerá la dinámica económica, a pesar del clima de crisis global que atravesamos. Nuestro país estuvo discutiendo el último tiempo acciones políticas con una fuerte impronta de decisiones basadas en la coyuntura. Esta idea se torna innecesaria porque la visualización del conflicto o problemática aparecen en estado presente y las administraciones carecen de la velocidad de respuestas para afrontarlas.

Es por eso que muchos países conocedores de su pasado y de las dificultades que atañen los problemas en tiempo actual pensaron el futuro, como mejor antídoto para resolver un presente dificultoso. De este modo se podrán encontrar en esas expectativas estratégicas un horizonte para recuperar la economía, encaminándola a un desarrollo sustentable con justicia social.

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