Mirada de la política regional, global y doméstica: parte II

Por: Horacio Lenz


EL ESPACIO GLOBAL

A partir de aquí es necesario plantearse la relación con el mundo definiendo los detalles de las políticas respectivas a cada región. Donde el horizonte de cooperación debe estar enfocado de modo prioritario con los países que están en la frontera tecnológica. De esta manera se puede aprovechar esa cooperación para potenciar nuestras ventajas competitivas y encontrar un nicho más para nuestra producción global.

Sumando a la política con los países del territorio sudamericano, sería conveniente que Argentina visualice el mundo en 4 áreas:

-La hemisférica americana.

-La mirada atlántica.

-La plataforma en el Océano Pacifico.

-Medio Oriente.


1-La hemisférica americana

Cada una de estas orientaciones políticas tiene una línea de acción y en circunstancias determinadas puede tener contradicciones temporarias que hay que saber sortear con inteligencia.

EE. UU. se propuso, a partir de fines del siglo XIX, una política de control hemisférico, que conceptualmente se sintetizó en la frase de Monroe: “América para los americanos”. Esta idea transformada en acción política combinó todos los aspectos de la influencia territorial cuyos resultados conocemos en profundidad, pero donde la estrategia de convivencia con nuestro país varió en el tiempo histórico entre la confrontación o la adhesión, pero todas sin inteligencia práctica.

Con los EE. UU. tenemos aspectos comunes que se complementan tanto en los terrenos políticos como económicos y así también otros que nos distancian de ambos. En ese balance tenemos que aprovechar nuestras ventajas e intentar entrar por el camino de sus pliegues.

Por ejemplo, ordenamiento regional, energía nuclear, seguridad regional, cooperación militar sin abandonar la industria propia, terrorismo, industria automotriz, tecnología satelital y producción de alimentos de desarrollo complementario en la agricultura y la ganadería; son los renglones de la agenda común que tenemos y debemos profundizar.

La política en el norte de América no se agota en Washington. Canadá y México como miembros del NFTA  son resortes importantes de la política de esa región. Con ambos tenemos economías competitivas, pero también complementaria. Toda acción que mitigue la competencia e incremente la cooperación serán pasos que robustezcan nuestra dimensión económica.


2-La mirada atlántica

El Atlántico es nuestro vínculo con el proceso migratorio que contribuyó con aspectos importantes de nuestra cultura. “Soy europeísta”, dijo el presidente Alberto Fernández, al reunirse con el primer mandatario francés, Emanuel Macron. ¿Pero de cuál de todas las Europas que hoy conviven entre Lisboa y Moscú?

Es evidente que desde que el presidente Trump puso en tela de juicio el presupuesto de la OTAN y Gran Bretaña optó por el Brexit, la alianza atlántica se desarmó y por ahora está entrando en un reordenamiento donde el Occidente (como filosofía) convive en dos espacios geográficos: América y Europa.

En ese contexto parecería que conviven tres Europas: la atlántica con Gran Bretaña y los países ibéricos mirando a dos lados; la central con Francia y Alemania como pívot. Y la de los países eslavos (Grupo de Vesigrado) con Moscú buscando incidir en los dos articuladores más importantes del oriente europeo, Polonia y Bulgaria. En el primero tiene menos influencia que en el segundo, siendo la desconfianza histórica o la adhesión lo que define el presente.

La partida negociada de Gran Bretaña de la UE abre en el viejo continente un sinnúmero de modificaciones en la mirada y en la orientación continental hacia el mundo. Es muy probable que en su interior se modifiquen posiciones tanto en los asuntos diplomáticos, de seguridad como en los de comercio.

Sobre todo en el último aspecto, el Mercosur tienen que estar a atento a este cambio de paradigma. Y en lo particular, Argentina, a los cambios de la diplomacia donde la defensa europea sobre los territorios de ultramar —Malvinas— no será muy tenaz.


3-La plataforma en el Océano Pacifico

Ante el desarrollo económico del mundo Asia-Pacifico, con su capacidad de consumo creciente, más la oferta demográfica, nuestro país necesita proponerse una salida estratégica al lejano oriente asociado a Chile. Usando la capacidad innovadora argentina y la capacidad comercial trasandina.

Cuando se posa la mirada sobre el área en cuestión, hay que también observar con detenimiento las políticas regionales de Australia y Nueva Zelanda. Estas dos antiguas colonias británicas, pertenecientes a la Commonwealth, tienen una economía complementaria a la nuestra. Son importantes productores de alimentos y tienen acuerdos de libre comercio con China básicamente en esa materia. Nosotros podemos encontrar en ellos actores complementarios en una estrategia comercial de alimentos procesados o no, al conjunto del Asia continental e insular. Espacio geográfico marítimo que cuenta con una población de 4463 millones de habitantes, distribuidos en 48 países, bañados por los Océanos Pacífico e Indico, unidos por el estrecho de Malaca, donde en uno de sus extremos se asienta la Ciudad-Estado de Singapur y por donde pasa el 35% del comercio mundial de petróleo uniendo el Océano Índico con el mar de la China.


4-Medio Oriente

Se impone el Medio Oriente como una referencia central para la política en todo tiempo histórico. Podríamos decir que esta zona, que recibe su nombre luego de la caída del imperio Otomano, es el punto de encuentro de tres continentes: Europa, África y Asia. En ese espacio conviven cuatro civilizaciones que se transformaron en Estados modernos: Turquía, Israel, Egipto e Irán (Persia). Además, es el lugar de origen de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo. Su importancia gravitacional en términos geopolíticos se determina porque es una vía de comunicación del Mar Mediterráneo con el Mar Negro.

El concepto geográfico de Medio Oriente fue cambiando a la par del tiempo histórico. Su importancia estratégica se debe a la cantidad de recursos energéticos que posee y las capacidades humanas que se manifiestan.

Casi todos los países comparten una religión madre, el islamismo en todas sus manifestaciones y uno solo el judaísmo con sus matices. El resto de las confesiones cohabitan en diferentes países.

Medio Oriente repercute de manera muy importante en nuestro país y también es un elemento central en nuestro menú ideológico de Perón —y del peronista— ya que siempre consideró la región con un alto nivel simbólico. Es la zona del origen del mundo civilizatorio occidental. Por nuestra razón migratoria aquí se asentaron  corrientes diversas que provenían y provienen de esos lugares. Árabes y judíos conviven en nuestro país de modo pacífico. Pero cualquier acción internacional de parte nuestra, que no contemple el balance bilateral, se manifiesta a modo de protesta aquí, en ambas comunidades. Por esa razón nuestra diplomacia política y profesional siempre contempló “la noción de balance y respeto” desde que fue impuesta por el excanciller Juan Atilio Bramuglia en 1948.


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