Metrópolis, la gran batalla

Por: Martín Astarita

Los resultados de las elecciones provinciales en lo que va del año han mostrado dos regularidades: por un lado, los oficialismos provinciales lograron afianzarse y revalidar en la mayoría de los casos sus gestiones y, por otro, Cambiemos ha tenido un deslucido desempeño. Mucho se discute sobre la pertinencia de proyectar estas disputas locales al ámbito nacional. ¿En qué medida, por ejemplo, pueden augurar estos resultados un mal desempeño de Macri en la elección presidencial cuya primera batalla es en agosto?

En esta nota, quisiéramos destacar un aspecto en el cual lo local y lo nacional se entrecruzan y permiten entonces pensar de qué manera las disputas electorales en cada una de las provincias pueden ofrecer algún indicio -aunque no determinante, obviamente- de cómo será la elección presidencial, al menos en lo que respecta al oficialismo y su intención de revalidar la gestión hasta 2023.

El punto de partida es comprender la naturaleza de la coalición Cambiemos desde un punto de vista geográfico, que tome como referencia política principal a las provincias. En tal sentido, lejos de ser original, la fuerza política liderada por Macri repite un patrón histórico que se ha dado en los espacios no peronistas: su centro de gravedad electoral y social reside en los grandes centros urbanos y más en general, en las provincias del centro, o sea, la zona metropolitana: CABA y Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos. Es el área central del país, caracterizada por su gran dinamismo económico, y que contrasta con lo que la ciencia política dio en llamar la periferia, compuesta por el resto de las provincias.

Tradicionalmente, el peronismo tuvo su gran virtud en conformar una base social estable desde el punto de vista geográfico, combinando el apoyo de sectores provenientes tanto de la periferia -trabajadores del campo, pequeños propietarios rurales, parte de las elites- como del centro -obreros industriales, pequeños y medianos empresarios-. En contraste, al menos desde 1983, las fuerzas políticas no peronistas que lograron relativo éxito -Alfonsín, De la Rúa- tuvieron su anclaje principal en el centro del país, el área metropolitana.

El triunfo de Macri en 2015 se asentó, incluso con mayor nitidez que los otros dos casos mencionados, sobre este mismo esquema de fuerzas desde el punto de vista geográfico. En efecto, Cambiemos se impuso gracias a que tuvo excelentes desempeños en Ciudad de Buenos Aires y particularmente en Córdoba, y en menor medida, en Buenos Aires, Mendoza y Entre Ríos. El resto del país, salvo alguna excepción, se pintó de azul peronista. En 2017, por su parte, Cambiemos logró un relativo buen desempeño en las elecciones de medio término. Muchos vieron, en ese momento, el inicio de su expansión hacia la periferia, al lograr imponerse en algunas provincias del norte (Jujuy, La Rioja y Salta).

Los resultados de las elecciones en 2019 y lo que pronostican las siempre dudosas encuestas hasta el momento permiten entrever serias dificultades para Cambiemos y su proyecto reeleccionista. Por un lado, la tan mentada expansión hacia la periferia parece haber detenido su impulso: en la Patagonia salió tercero en las tres elecciones que se hicieron (Chubut, Río Negro y Neuquén), en las PASO de San Juan quedó relegado a un lejano segundo puesto, mientras que en La Pampa también obtuvo un magro desempeño.  

Pero, por otro lado, y más importante aún, es que nada bueno se proyecta para Cambiemos en el área metropolitana, donde se apoya su coalición electoral. Al respecto, la primera señal de alerta sucedió hace unos días, con la elección en Entre Ríos, donde el gobernador peronista Gustavo Bordet le sacó 25 puntos de ventaja en las PASO al candidato de Cambiemos Atilio Benedetti. En este distrito, en 2017, cabe recordar que Cambiemos había ganado la elección legislativa con el mismo Benedetti a la cabeza (53% de los votos). Más aún, en 2015, Macri se impuso en Entre Ríos tanto en la primera como en la segunda vuelta. Obviamente, no se pueden realizar inferencias directas pues se trata de distintos niveles electorales, aunque las comparaciones resultan por demás sugestivas.

Las proyecciones sobre las elecciones locales que se vienen en Santa Fe y Córdoba parecen confirmar el mal momento que atraviesa Cambiemos. Mientras que en los comicios santafesinos la lucha parece concentrarse entre socialistas y peronistas, en Córdoba los sondeos indican que Schiaretti se impondría con facilidad para revalidar su mandato, dejando atrás a Cambiemos, envuelto en una interna que la Casa Rosada no tuvo la capacidad de resolver a tiempo. Es cierto que en Ciudad de Buenos Aires y Mendoza Cambiemos se mantiene, por el momento, competitivo y que, de nuevo vale la pena insistir, un resultado local no es directamente “transferible” para el escenario nacional.

Sin embargo, lo que muestran los resultados en el área metropolitana es, ante todo, el bajo nivel de popularidad del presidente Macri, calificado ya hace un tiempo por el diario La Nación como un verdadero lastre. Dado el tamaño poblacional de cada uno de los distritos involucrados en esta zona metropolitana, la pérdida de cada punto porcentual en una elección significa miles de votos, influyendo de manera decisiva en el resultado de una elección presidencial. En otras palabras, si en octubre se confirma por ejemplo la mala imagen que tiene Macri en Córdoba, podría ser letal para sus aspiraciones de reelección. No está de más recordar que el balotaje 2015 se definió por menos de 700 mil votos, mientras que en Córdoba Macri aventajó a Scioli por cerca de 900 mil votos.

Algo similar puede decirse sobre Buenos Aires. María Eugenia Vidal aún conserva posibilidades de ganar. Sin embargo, cabe hacer notar una particularidad en esta provincia. Desde hace unos años, en materia electoral se encuentra claramente dividida en dos: el peronismo-kirchnerista se hace fuerte en el conurbano mientras que Cambiemos posee su mayor fuerza en el interior. En la mayoría de los distritos del interior, pequeños en términos de población, el macrismo obtuvo resultados muy por encima de su media provincial tanto en 2015 y 2017. Para poner un ejemplo concreto: en Puan Cambiemos obtuvo 62% de los votos en 2017 ¿Podrá repetir este resultado este año, en un contexto de deterioro económico y social como el actual? Aunque lo hiciera, su incidencia es mínima a nivel provincial (Puan tiene apenas 14 mil electores). Lo contrario ocurre en el conurbano bonaerense, donde la crítica situación económica y social aventura una mala performance para el macrismo. Se puede decir lo mismo que se ha dicho a nivel provincial: cada punto perdido en algún municipio del conurbano implica la pérdida de miles de votos con gran impacto para el resultado global.

En definitiva, sin caer en la tentación de dar vaticinios en un año electoral que se caracteriza por su alta dosis de incertidumbre, desde un punto de vista geográfico todo parece indicar que Cambiemos enfrentará serias dificultades para poder concretar con éxito el plan reeleccionista del presidente Macri. En su fortaleza, el área metropolitana, parece encontrar su verdadero talón de Aquiles.

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