Menú de reestructuraciones

Por: Mara Pedrazzoli


En la segunda semana de julio, en el marco de renuncia de cuatro altos funcionarios del gobierno ecuatoriano (entre ellos el vicepresidente, el Ministro de Relaciones Exteriores, el Secretario de Comunicación y previamente el Ministro de Trabajo), el presidente Lenín Moreno anunció un acuerdo con acreedores internacionales para reestructurar el pago de su deuda externa por USD 17.400 millones con vencimiento entre 2022 y 2030. Se ha comparado con el caso argentino.

Un primer aspecto para destacar es la anticipación de un gobierno saliente (como el de Lenín Moreno, con dificultades para alcanzar la reelección en febrero de 2021) a la situación de cesación de pagos. Una explicación en ese sentido es la premura que enfrenta un país cuya moneda de curso legal es el dólar para obtener nuevo financiamiento (la reestructuración podría abrirle las puertas para un nuevo préstamo del FMI) para hacer frente a la pandemia. A diferencia de Argentina, Ecuador tiene vedada la posibilidad de imprimir billetes, lo cual permite sopesar los efectos de la crisis.

Desde luego, y como reconoce el Ministro Guzmán, la posibilidad de emitir moneda, como hacen varios países del globo, encuentra limitaciones en Argentina en tanto cualquier excedente puede engordar potencialmente la demanda de dólares. Pero la población ecuatoriana enfrenta una situación más dramática, también en términos sanitarios: los contagios duplican a los de nuestro país por cada cien mil habitantes y la mortalidad asciende a casi 300 personas versus 47 argentinos cada millón de personas.

Mirando en detalle las propuestas de reestructuración encontramos que el valor presente neto de cada dólar adeudado es de 59 centavos en el caso de Ecuador versus 54,4 en la propuesta argentina del mes de julio. La propuesta ecuatoriana es más generosa, pero hablamos de dos montos a reestructurar que no tienen parangón: USD 66.000 millones es el monto que negocia Argentina. La propuesta ecuatoriana se apoya en un recorte de capital fuerte (del 9%) y menor de los intereses (de 9,3 a 5,2%), mientras la argentina busca un mayor recorte de intereses (a 3,75%) y menor en el capital (3% en los nuevos bonos emitidos). La propuesta ecuatoriana no es garantía de sostenibilidad, según reconoció la calificadora Fitch, y está siendo actualmente negociada mientras Argentina presentó una propuesta definitiva con fecha de cierre el 4 de agosto.

De entrar en vigor el canje de nuestra deuda se realizaría un primer pago (de un cupón anual) en septiembre de 2021, a partir de ese momento se pagarán intereses semestralmente en marzo y septiembre. Los fondos de inversión Gramercy y Fintech anunciaron públicamente su apoyo mientras los grupos Ad Hoc y el Exchange Bondholder Group tienen posiciones más alejadas a la oficial, pero también incentivos a entrar al canje desde que el nuevo proyecto incluyera un tratamiento diferencial en el pago de intereses para quienes hayan rechazado la propuesta argentina.

A su vez, el Ministerio de Economía envió esta semana al Congreso una propuesta para reestructurar la deuda en dólares emitida bajo legislación nacional; entre ellos papeles muy difundidos durante el macrismo como las Letes, el Bono Dual y las versiones en normativa local de bonos reestructurados como el Par y el Discount. El monto total asciende a USD 45.000 millones, la mitad de ellos en manos de tenedores privados. La intención es otorgar a estos acreedores igual tratamiento que a los acreedores externos: se ofrecerán bonos en dólares y pesos ajustados a la tasa de inflación, el primer pago será en septiembre de 2021 y las condiciones son desventajosas para quienes no acepten el canje. La principal apuesta es desarrollar un mercado de deuda en pesos creíble que tenga incentivos para que los inversores financien al sector público.

Pasemos al panorama de la economía real argentina, aún a sabiendas que siguen los tiempos difíciles, algunos datos publicados la semana pasada por INDEC resultan favorables respecto de, llamémosle, una “nueva normalización” económica. La utilización de la capacidad fabril instalada subió 4p.p. respecto del mínimo histórico del imborrable mes de abril, de todos modos, el nivel continúa siendo bajo: tan solo el 46% de los motores se encendieron durante mayo. Hay sectores más golpeados que otros, destacamos el automotriz y sus ramas conexas y la industria textil. La actividad de la construcción que también mejoró relativamente en mayo se mantiene en mínimos históricos. En tanto, datos más actualizados provenientes de consultoras privadas mostraron una mejora en el consumo privado en junio, aunque caberá esperar un retroceso en julio tras el último endurecimiento de la cuarentena.


Sobre la autora

Mara Pedrazzoli es Economista del Centro Cultural de la Cooperación. 

Diarios Argentinos