Maradona, Macron y la hipocresía colonial

OPINIÓN. Mientras Diego Maradona, el mayor líder popular global vigente, fallecía en Buenos Aires, Emmanuel Macron, el derechista presidente francés, experto en recorte de derechos sociales, laborales y previsionales, y ahora también líder de la represión impune de manifestaciones, enviaba una carta a Buenos Aires.


Cargada de cinismo, pero también de preocupación por evitar que el legado de Diego trascienda lo que ya largamente trascendió, los límites de una cancha de futbol, intento sin éxito transformarlo en lo que él quisiera que fuese, un mero “jugador de fútbol”, algo que Diego nunca se conformó con ser.  

La discusión sobre quién fue Maradona nos lleva a discutir sobre cómo funciona este nuevo poder global, arbitrario, autoritario y concebido para producir la mayor concentración de la riqueza y la mayor desigualdad de la historia de la humanidad.

Por primera vez en la historia del planeta, el hombre produce bienes y alimentos para el conjunto de la humanidad, pero solo acceden a ellos los beneficiarios de la desigualdad. Las masas del “descarte”, como bien las llamó Francisco, solo pueden aspirar a morir en silencio, sin siquiera protestar por esa situación.

La nefasta Ley de Inseguridad Global impulsada por Enmanuel Macron y su patético Ministro del Interior Gerald Darmanin, el que llamó a amar a la policía, con palabras que tal vez ni siquiera pronuncio Patricia Bullrich, es un ensayo inicial para institucionalizar la represión impune a las protestas, con un desprecio poco visto hacia los sectores populares.

La carta de Macron, redactada con la astucia de una cancillería que llama “territorios de ultramar” a sus colonias y “zona francófona” a los países que saqueó en el África, tenia varías trampas cazabobos, que obviamente bobos y tilingos no llegaron a advertir.

Macron, iniciando la campaña que intenta la “pasteurización” global de Maradona, nos hablaba de que “en el sur italiano, el pibe de oro reencontró la pasión de los estadios sudamericanos, el fervor irracional de los fanáticos”.

La “irracionalidad de los fanáticos” incapaces de admitir el destino de miseria planificada y exclusión perpetua que personajes como Macron le tienen preparado. Esos “irracionales” que este sábado llenaron las calles de Francia ante el intento ya no solo de hambrearlos y condenarlos a un mundo sin futuro, sino también de reprimirlos con total impunidad.

Ese Macron que nos habla de la presunta “racionalidad” de los de su clase, forma parte de la casta que ha llevado a los humillados del mundo al desastre social de hoy, la casta que hace de vocería justificatoria de los que dejaron el mundo sembrado de cadáveres por su voracidad colonial y sus guerras mundiales, y son los que hoy con sus decisiones tapizan el mediterráneo con ciudadanos africanos ahogados, que huyen desesperados de una tierra, que personajes como Macron saquearon, condenando al hambre y a la muerte a millones de personas.

Ese Macron, impertinente y soberbio que se atrevió a escribir que “las visitas de Maradona a Fidel Castro y a Hugo Chávez tendrán el sabor amargo de la derrota porque fue en las canchas donde Maradona hizo la revolución”, resulta inadmisible.

Felizmente muchos se dieron cuenta de este agravio, dos de ellos merecen destacarse. Evo Morales, que escribió desde lo más profundo de su corazón en su carta de despedida “Diego no solo jugaba al fútbol, también militaba por la justicia y por la vida”.

Ese compromiso, esa militancia es lo que personajes como Macron y sus jefes banqueros odiaban. El Maradona bandera de los humillados del mundo.

Nicolás Maduro, el legítimo presidente de Venezuela también lo despidió a Diego, un “orgulloso chavista, un gigante dentro y fuera de la cancha”, lo recordó.

Y concluyó diciendo: “Hablo del Diego de los Pueblos, del Diego leal a sus orígenes, del Diego de los niños, del Diego que vivirá en nosotras y en nosotros para siempre: el hijo de Fidel, el hermano de Hugo y de Evo, mi hermano. El Diego que no ocultaba su infinito amor por Venezuela, el Diego que fue un defensor irreductible de la Revolución Bolivariana”.

Yo elijo recordar ese Diego, ese que no pretendió esa unidad falsa de discurso vacío, donde los humillados justifican a los opresores tolerándolos como iguales. Esa intolerancia de Diego no fue su defecto, como nos dice Macron y toda la derecha del Mundo, esa fue su más maravillosa virtud. Denunciar a los opresores y defender a los oprimidos, porque no son lo mismo y él lo sabía.

De todos modos, la mejor respuesta a Macron se la dio este sábado 28 de noviembre el pueblo francés, marchando de a miles por toda Francia contra él, su plan de hambre y exclusión y su policía represora, con la foto de Maradona como su bandera, la bandera de los excluidos y los humillados del mundo, esa que Macron y personajes como él nunca podrán llevar.

Diarios Argentinos