Macron: Civilización y barbarie

OPINIÓN. Macron es todo lo que rechazaba el 68 al mismo tiempo que es su producto más acabado.


Cuando Emmanuel Macron llegó al Eliseo en 2017, lo hizo como una especie de “populista de centro” que venía a enterrar la dicotomía entre izquierda y derecha. Mostrándose progresista en lo social a la vez que llevaba adelante una ambiciosa serie de reformas liberales en lo laboral y lo económico que le valieron las revueltas de los Chalecos Amarillos y la oposición de los sindicatos franceses. Sin embargo, tres años después, está más claro que nunca que decidió liderar un gobierno de derecha nacionalista “a la francesa”. Al asumir se mostró con las memorias del General Charles De Gaulle, héroe nacional de la resistencia contra los nazis, pero también quien presidia el país cuando se produjeron los hechos del mayo del 68. Lo cierto es que Macron es todo lo que rechazaba el 68 al mismo tiempo que es su producto más acabado.

En 2019, el mandatario le entregó la Legión de Honor de la República al siempre polémico escritor Michell Houellebecq. Macron, confeso fanático de la literatura, lo definió como “un romántico perdido en un mundo materialista”, mientras que el autor de Sumisión se refirió al presidente en estos términos: “es raro, parece un mutante”. Allí, Macron se desmarcó del escritor: “Usted es visceralmente antieuropeo, yo soy el más europeo de los presidentes franceses. Le acusan de ser reaccionario, misógino, islamófobo, mientras que yo lucho por el progresismo, los derechos de las mujeres y el rechazo de las discriminaciones”. No obstante, desde el mismo momento que el líder galo marca una distinción entre la “civilización” blanca, europea, cristiana y occidental frente a la “barbarie” del mundo árabe e islámico, ese “progresismo” de Macron lo es sólo en los discursos.

La diferencia entre ambos es que Houellebcq, quien en Sumisión imaginó una Francia gobernada por un partido islámico en 2023, entiende, muy a pesar suyo, que la Francia -y la Europa- del Siglo XX ya no existen, y no hay nada para hacer al respecto. Macron, al contrario, parece seguro que le corresponde a él librar la batalla por la civilización. ¿Es progresista querer prohibir el uso del burka para las mujeres musulmanas? Un sector del progresismo asegura que actúa en nombre de los derechos de las mujeres al hacerlo. Lo que no entiende es que al mismo tiempo cae en absolutismos culturales que desprecian las creencias más profundas de cientos de millones de personas. ¿No se avanza contra la libre determinación y creencias de las mujeres al objetar su derecho de vestir de acuerdo a su religión y costumbres?

A Samuel Paty, profesor victima del terrorismo en octubre pasado, Macron también le entregó la Legión de Honor, aunque de manera póstuma. El docente fue asesinado en un suburbio parisino porque había mostrado a sus alumnos caricaturas de Mahoma. El presidente, en su despedida, afirmó: “Defenderemos la libertad que usted enseñaba tan bien, y sostendremos el laicismo, no renunciaremos a las caricaturas”, mientras que se refirió a sus asesinos como “barbaros”. Inmediatamente el gobierno respondió cerrando mezquitas en París por seis meses, consideradas cercanas al “islamismo radical”. Para el presidente, los derechos humanos son “universales” y occidente avanzó “a través de la democracia”. Algo discutible, cuanto menos, visto desde las ex colonias francesas. Ni siquiera hay que remontarse tan atrás en el tiempo para recordar, por ejemplo, el caso libio.

Macron enamora a intelectuales y académicos por todo el mundo. Es imposible no reconocer que posee una altura intelectual que pocos mandatarios alcanzan en el escenario global actual. A pesar de ello, parte de un profundo e insalvable error conceptual: identificar a las conductas criminales y el extremismo con prácticamente toda una religión. Este tipo de acciones sólo pueden profundizar aún más la radicalización y el terrorismo. Los musulmanes no se terminan de integrar del todo a la sociedad francesa a pesar de que muchos de ellos ya son la segunda o hasta la tercera generación nacida en el país. En su afán de no perder votos con la ultraderecha, pero también por un convencimiento real, Macron seguirá librando su batalla por la civilización occidental, la supuesta universalidad de la democracia occidental y los derechos humanos.


Sobre el autor: Gonzalo Fiore es Abogado y analista político.  

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