Macroeconomía en tensión: luces y sombras de la reactivación económica

La actividad económica argentina muestra claros signos de reactivación, aunque la posibilidad de una recuperación en ‘V’ queda completamente descartada.

La actividad económica argentina muestra claros signos de reactivación, aunque la posibilidad de una recuperación en ‘V’ queda completamente descartada. Luego del mínimo histórico observado en abril, el EMAE comenzó a crecer nuevamente aunque los valores de agosto recién recuperaron el nivel de marzo de la serie desestacionalizada y el dato de septiembre fue del 1,9% intermensual, lo cual lo dejan bastante por debajo de los valores de febrero (Gráfico 1). Si bien los indicadores adelantados de octubre siguen validando la recuperación económica, no dejan de observarse comportamientos heterogéneos.


Tanto por los datos y las proyecciones oficiales, septiembre consolida el quinto mes consecutivo de crecimiento económico. La mejora se percibió en el aumento de la actividad industrial, la construcción, los patentamientos de automóviles y las importaciones que acompañan el incremento en la actividad económica. En lo que respecta a este último indicador, debemos resaltar que al mismo tiempo que puede ser un indicador de reactivación económica, alerta sobre las limitaciones que impone el sector externo sobre el crecimiento. Esto es particularmente sensible dado que la única fuente de divisas genuinas y posibles proviene de la balanza comercial. A esto debemos sumar el comportamiento de los precios que, si bien muestran una desaceleración respecto al 2019, los signos de reactivación coinciden con una inflación por encima del 2,5% en los últimos meses y del 3,8% en octubre. Aun cuando el tipo de cambio real sigue en niveles muy competitivos respecto a los valores históricos, el último dato de inflación vuelve a despertar señales de alarma.

Los primeros indicadores de alta frecuencia para octubre mantienen una tendencia relativamente positiva aunque heterogénea. Por caso, mientras los patentamientos mostraron una fuerte suba interanual, la producción de autos volvió a caer (aunque afectada por una parada técnica en una importante planta) y las ventas minoristas extendieron su caída respecto a 2019, pero el IVA DGI, muy asociado a la actividad interna, recortó su contracción (Gráfico 2). Asimismo, las dificultades persisten en el entramado productivo. Según un relevamiento de la UIA, en octubre alrededor de un 40% de las empresas participantes sufrieron caídas de la producción y las ventas superiores al 25% interanual, aunque sólo un 3% se mantuvo inactiva. Así, si bien se espera que continúe la recuperación en octubre, la misma reduciría el ritmo en la comparación con el mes previo.


En relación a la dimensión cambiaria y financiera, las medidas recientes parecen haber controlado de momento, al menos parcialmente, la brecha cambiaria (Gráfico 3). Aun así, consideramos que existe margen para una conducta más agresiva en cuanto al manejo de tasas de interés para ahorristas, una mayor participación del BCRA en la curva de deuda en pesos y la regulación de la liquidez a través de operaciones de deuda pública. Asimismo, existe margen para que la autoridad monetaria utilice las herramientas que le otorgan poder de policía para regular el uso de las divisas, por ejemplo en cuanto a la liquidación de exportaciones. De acuerdo a un informe reciente de GERES, la conducta del sector productor y exportador de soja refleja cambios relevantes respecto a años anteriores: la venta de productores registra algunas demoras, mientras que los exportadores no liquidaron aproximadamente 3.000 millones de dólares que fueron utilizados para cancelar deuda de prefinanciación de exportaciones (aspecto contemplado por el BCRA). De la misma manera, la autorización para la compra de dólares para importaciones anticipadas en un contexto de crisis cambiaria debe ser revisada (Gráfico 4).



De cara a lo que resta del año y lo que respecta al 2021, las perspectivas de crecimiento se presentan complejas. Si bien las transferencias realizadas por el Estado han sido positivas para sostener los niveles de ingresos, en el segundo trimestre de 2020 se han perdido alrededor de 3,5 millones de puestos de trabajos y los aportes como el IFE y ATP se verán suspendidos o reducidos de ahora en más. La posibilidad de impulsar el crecimiento a partir de la inversión, que permita recuperar el nivel de empleo, queda supeditada a varios factores donde predominan la presión del capital en busca mayores concesiones frente a la manifiesta debilidad de los y las trabajadoras; la incertidumbre generalizada por la crisis global y, en particular para el caso argentino, por las negociaciones con el FMI; y la inestabilidad cambiaria, la cual también es producto de lo anterior y condición necesaria para recuperar un sendero estable de crecimiento. Eventualmente, las riendas de la recuperación podrían ser abordadas por el Estado a partir de la inversión pública orientada a sectores estratégicos, aunque deberá sortear los condicionamientos que imponga el FMI y las dificultades para obtener financiamiento.


Sobre el autor: Facundo Malvicino es Integrante del OCEPP, Licenciado en Economía (UBA) y Magíster en Sociología y Cs. Política (FLACSO).

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