Macrismo y universidad pública. No marida

Por: Sergio De Piero

“Llenar la provincia de universidades públicas, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad” la frase pronunciada por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se sintió como un mazazo que inmediatamente retumbó en las redes y en particular en las universidades pública, muy sensiblemente en las del conurbano bonaerense, probables destinatarias de sus palabras.

No es la primera vez que la cuestión “universidad pública” emerge de modo conflictivo en el discurso el macrismo. Cuando recién iniciaba la campaña presidencial de 2015, Mauricio Macri había afirmado que no estaba de acuerdo con que se crearan tantas universidades, que solo se las fundaba para repartir cargos políticos”. 

Luego comenzó a campaña electoral y el mismo Macri y todos sus candidatos atemperaron este tipo de afirmación o directamente ni  hicieron mención a temas de este tipo. Las generalidades expresadas en la campaña que en ocasiones con los ojos de hoy, rozaban el cinismo (“no vas a perder nada de los que tenés”) se estrellan con el macrismo ejerciendo el poder en la alianza Cambiemos. Una vez en la Rosada, comenzaron a desplegar las políticas públicas que este espacio político implicaba y que apenas habían disimulado en la campaña electoral. Así una nueva valorización del sector financiero, así una disminución del papel regulador del Estado en distintas áreas, así un nuevo ciclo de endeudamiento externo, así las transferencias de ingresos los sectores concentrados, así la precarización del empleo. La discusión gradualismo o shock importa menos a la hora de reconocer en el gobierno del macrismo, las típicas políticas que la derecha neoliberal, ha llevado adelante en nuestro país en distintas etapas. Hay en eso, una nueva marea de recetas económicas que nos predicen los resultados que ya vivimos. 

La particularidad de esta ocasión es la presencia de los gerentes de las empresas a cargo de las áreas más sensible del gabinete; ocurrió en otros gobiernos, pero no con la intensidad actual. Estos CEO se conocen del campo empresarial, de las reuniones de IDEA peor también porque cursaron sus estudios en las mismas dos o tres universidades…privadas. Existe en Cambiemos, pero particularmente en el macrismo, un clima de comunidad de pertenencia con algunos de los puntos de conexión que mencionamos; su distancia, incluso so recelo, hacia la universidad pública, parece uno de ellos. Pero al mismo tiempo se conjuga con la mirada sobre lo social. “Los pobres no llegan a la universidad”. 

La pobreza es una construcción, de quienes la habitan pero también de quienes no, en el sentido de qué quiere decir ser pobre. En las palabras de la gobernadora parece traslucir una concepción estática de la pobreza; el pobre está allí en un lugar, esperando que su situación mejore, pasivamente. Y no. Las personas en situación de pobreza despliegan todos los recursos de los que puedan hacerse para mejorar su situación, como lo hace cualquier persona ante una dificultad. Pero para que ese esfuerzo sea eficaz es necesario que desde el Estado estén presentes los recursos, y el sistema educativo es uno fundamental. La escuela y la universidad. La presencia de ambos en el territorio es clave para que sean una posibilidad cierta para todos los sectores sociales. Hace tiempo ya que se sabe que la presencia territorial del Estado es clave para fortalecer los procesos de integración y evitar cadenas de exclusión y marginalidad. Lo dicen miles de estudiantes: si la universidad no hubiese llegado aquí (complete con el nombre de la ciudad donde se han radicado universidades en los últimos 25 años) yo no hubiera empezado una carrera. Lo escucho en una de las que doy clases, la Universidad Nacional Arturo Jauretche; sucede en tantas otras. La presencia de la institución universidad disparó una serie de alternativas que no eran posibles sin su presencia. (Nótese: la creación de universidades nuevas, no afecta la matrícula de otras universidades vecinas ya existentes). En las redes sociales los actuales alumnos lo repitieron: “soy primera generación de estudiantes universitarios en mi familia, estoy orgulloso”. El dato es contundente, circularon varios informes al respecto que confirman que las declaraciones de algunos alumnos, no son hechos aislados. Y si es una tendencia, quiere decir que la llegada de las universidades a nuevos territorios, se convirtió en una posibilidad nueva para muchos; pero no como política social o para suplir anhelos individuales: las nuevas universidades se vinculan con el conjunto del territorio, con los municipios, las organizaciones sociales las cámaras empresariales, los sindicatos. Es increíble que repitamos que la educación es el camino al futuro y luego se cuestiones la creación de universidades; es imprescindible contar con mayor formación y capacitación para pensar un futuro con más desarrollo. Por fin la universidad pública sigue siendo ese espacio tan necesario de convivencia entre distintos sectores sociales, aquellos que nunca creyeron que iban a concurrir, con otros sectores en mejor posición económica que también la habitan con pasión.

Pero no fue idea del macrismo. Percibir a la enseñanza universitaria como un exceso y no como un derecho incluso no como una necesidad para el desarrollo, viene de lejos. Más precisamente de 1975. Aquel año, la Comisión Trilateral, una organización compuesta por los EE.UU., los países de Europa Occidental y Japón, encargaron a tres intelectuales (Huntington, Crozier y Watanaki), la redacción de un informe sobre La Gobernabilidad de la Democracia, tal cual fue su título. En él los autores mencionan su preocupación por lo que caracterizan, por el contrario, como una situación de ingobernabilidad, producto de una sociedad muy activa y demandante. En ese diagnóstico, que va acompañado de propuestas, dedican un párrafo importante a la cuestión de la educación superior. Me permito transcribirlo: “Los años sesenta presenciaron una tremenda expansión de la educción superior en las sociedades Trilaterales. Esta expansión fue el producto de una afluencia creciente, de una explosión demográfica en el grupo de edad universitaria y el supuesto cada vez mayor de que los tipos de educación superior, abiertos formalmente a la mayoría de las sociedades (con la notable excepción de los E.UU.) a solamente un pequeño grupo de elite debía estar, por “derecho” disponible a todos. El resultado de esta expansión puede ser, sin embargo, la sobreproducción de personas con educación universitaria en relación con los trabajos disponibles para ellos, el gasto de sustanciales sumas de escaso dinero público, y la desigual imposición sobre las clases más bajas de impuestos para pagar la educación pública gratuita de los hijos de las clases medias y altas…La expansión de la educación superior puede, entonces, crear frustraciones y privaciones psicológicas entre los graduados universitarios que no se pueden asegurar los tipos de trabajo que ellos creen que su educación les debe dar” (Nueva York, 1975). 

Contundente y ambiguo a la vez: no todos pueden acceder a la educación superior, pero no porque alentamos sociedad elitistas, sino porque no deseamos que los pobres se frustren, si después no consiguen trabajo. Sin mencionar la contradicción entre carga impositiva y posibilidades de acceso. Este documento, que puede considerarse el antecedente más importante al Consenso de Washington, brinda los recursos argumentativos para el macrismo acerca de su visión de la universidad pública, peor nos dice también en cuál tipo de sociedad están pensando.

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