Los que cuidan al poeta

OPINIÓN. Hace pocos días, la Biblioteca Nacional publicó de manera digital el libro "Guardianes de Piatock. Miradas sobre Alberto Szpunberg”. Más allá de haber tenido el honor de participar, creo que es un acontecimiento mayor para la poesía argentina.

Hace pocos días, la Biblioteca Nacional publicó de manera digital el libro "Guardianes de Piatock. Miradas sobre Alberto Szpunberg”. Más allá de haber tenido el honor de participar, creo que es un acontecimiento mayor para la poesía argentina.

Alberto Szpunberg es uno de los más grandes poetas vivos con que cuenta nuestro país. Nacido en Buenos Aires, el 28 de septiembre de 1940, cofundador de la Brigada Masetti y redactor del diario La Opinión, cuyo suplemento cultural dirigió entre 1975 y 1976. A partir de mayo de 1977 se exilió en el Masnou (Barcelona, España), donde fue corresponsal de varias agencias internacionales, y donde se asentó con su familia hasta su regreso a fines de los noventa. Desde hace dos años, ha vuelto a Barcelona, donde allí reside.

Sus libros más conocidos son El che amor (1965); Su fuego en la tibieza (1981); Apuntes (1987);  Luces que a lo lejos (2008); El libro de Judith (2008); La academia de Piatock (2010); Traslados (2012). En 2013 se publicó su obra reunida en Como sólo la muerte es pasajera.

La reciente edición es también un libro homenaje que se enmarca en una nueva etapa editorial de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM), etapa que intenta dejar atrás la gestión gris del gobierno anterior, que desde 2015 desplazó todo el gran trabajo de Horacio González en la recuperación y puesta en valor de libros y archivos históricos, luego reducido a cuestiones meramente burocráticas y a la edición de catálogos de las muestras y exposiciones. De entrada, la gestión Juan Sasturain se propone –nuevamente– reconstruir la prestigiosa labor editorial interrumpida. El libro de Szpunberg es un ejemplo de esa tarea.

“Guardianes de Piatock” comenzó a trabajarse a partir de una idea original de Judith Said: reunir a personas vinculadas a Alberto a través de actividades literarias, culturales, políticas, etc., para que, a partir de la elección libre de un poema, escribieran un texto sobre Szpunberg, su poesía o los sentimientos y reflexiones que esta despierta. La consigna, por llamarla de algún modo, limitaba la extensión, pero daba absoluta libertad en la elección del poema y el texto a escribir. A partir de allí, Judith convocó a Lilian Garrido y Miguel Martínez Naón para trabajar juntos en la recopilación y compilación de los textos, y a la artista plástica Nora Patrich, quien estuvo a cargo de las ilustraciones del libro.

El prólogo pertenece a Horacio González y las palabras introductorias a Judith Said. Colaboran con sus escritos Carlos Aldazábal, Roberto Baschetti, Emiliano Bustos, Graciela Daleo, Fernanda De Broussais, Jorge Elbaum, Lilian Garrido, Alicia Genovese, Jonio González, Eduardo Jozami, Boris Katunaric, Araceli Lacore, María Malusardi, Miguel Martínez Naón, Teresa Parodi, Jorge Quiroga, Eduardo Romano, Jorge Sarraute, Eugenia Straccali, César Stroscio, Susana Szwarc, Rafael Vásquez, y el propio Juan Sasturain.

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Hace pocos días apareció de improvisto, como un alumbramiento en mi casilla de correos. Estaba repasando viejos mensajes, cuando di con el mail que el poeta Alberto Szpunberg me había enviado allá por octubre de 2012, bajo el asunto “Obra en construcción…”.  

La poesía es así, una máquina del tiempo. Aparece de golpe, te golpea y transporta. Entonces recordé un llamado posterior de Alberto en el que me explicaba que me enviaba el mail para saber mi opinión sobre su “obra en construcción”. 

Me contó que estaba sumergido en el estudio de la botánica en la obra de Linneo, y el origen de esa enigmática planta rizomática que crece colgada de árboles y rocas en Brasil, Ecuador y Argentina; y que generaba acaloradas discusiones entre los naturalistas. En especial uno de ellos, el finlandés Elias Tillandz, quien la bautizó con su nombre y en latín “Tillandsia aeranthos”; luego conocida vulgarmente como “clavel del aire”. 

Es raro que un poeta se ponga a estudiar botánica para emprender su poesía, pero en Alberto nada de eso es raro, años después ironizó sobre la metafísica de Dios a partir del Brócoli. Todo el sistema de citas que dispara el poema “clavel del aire”, se encuentra al final de los 13 versos. Desconozco la obsesión de Szpunberg, pero algo conjeturo, pues el enigma del clavel está en el origen (y la discusión) de su energía vital, pero también su uso medicinal (viene a mi memoria que por entonces a Alberto le fue detectado un tumor). 

Además de la reminiscencia erótica del tango, Gilles Deleuze, el maná, la vida auto-poética, en fin… todo esto me llevó por estos días a escribirle al poeta Miguel Martínez Naón, quien me conminó a llamar a Alberto a la pensión de Barcelona, e interrumpirlo justo en el momento en el que lo estaban afeitando. Después de intercambiar sobre su estado de salud y otros bemoles de la Argentina y su (nuevo) exilio, me espetó: “Ayat” (así pronuncia siempre mi apellido), “si ese poema se lo mandé a usted, haga lo que le parezca…”.

Este es el texto que escribí y acompaña el libro, y que a la vez incluye un fragmento de El clavel del aire (poemario publicado en Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida, en el año 2013), cuando era todavía una obra en construcción.

El libro se puede consultar aquí: https://www.bn.gov.ar/micrositios/libros/literatura/guardianes-de-piatock-miradas-sobre-alberto-szpunberg

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