Los Pumas, racismo, un viejo debate y "la cultura de la cancelación"

En un nuevo editorial, analizamos el efecto dominó que generaron los mensajes discriminatorios de los tres rugbiers. El tema los excede pero a la vez los incluye como fieles representantes de nuestra cotidianeidad menos deseada.

El frío homenaje de los Pumas a Diego Maradona en su partido del sábado pasado frente a los All Blacks desató la furia popular contra el seleccionado de rugby que se trasladó inmediatamente a una situación más compleja: la revelación de una serie de tuits xenófobos y discriminatorios de tres jugadores, entre ellos el capitán del equipo. Lo sucedido reabrió un viejo debate sobre el comportamiento muchas veces violento y reprobable de quienes practican este deporte y a su vez dio lugar a un fenómeno relativamente nuevo: "la cultura de la cancelación", que ubicó en el ojo de la tormenta a varias personalidades públicas en las últimas horas por sus comentarios en las redes sociales y puso en tela de juicio un modo de actuar y pensar que trasciende distintas esferas de nuestra sociedad.  

Los fuertes mensajes de contenido racistas de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino, que salieron a la luz luego de varios años, provocó la reacción de las autoridades de la UAR que le revocaron la capitanía al primero de ellos y generó el repudio del ambiente del deporte y de un sector del propio mundo del rugby. 

"Los tweets de los tres jugadores estuvieron mal. Creo en su arrepentimiento y en su maduración desde que los escribieron. Tenemos que seguir haciendo una autocrítica profunda en nuestro deporte; este año nos está mostrando que tenemos que seguir mejorando", manifestó Agustín Pichot, exjugador y figura de los Pumas. 

La última parte del mensaje del exdeportista deja en evidencia que el comportamiento de Matera, Petti y Socino tiene una connotación superior al hecho sí, se relaciona directamente con reiterados episodios en los que rugbiers son protagonistas de hechos violentos, y a un caso en particular que conmocionó a la opinión pública a principios de año: el asesinato de Fernando Báez Sosa a mano de un grupo numeroso de chicos que pertenecen al ambiente de ese deporte.

En paralelo, se generó como efecto domino la difusión de mensajes antiguos de a actores, comediantes, conductores periodistas y políticos , ente otros referentes públicos. Desde Marley hasta el presidente Alberto Fernández fueron tendencias por repudiables frases plasmadas en sus cuentas personales. Este fenómeno conocido como "cultura de la cancelación" refiere según Wikipedia a un "fenómeno extendido de retirar el apoyo moral, financiero, digital y social a personas o entidades mediáticas consideradas inaceptables, generalmente como consecuencia de determinados comentarios o acciones, o por transgredir ciertas expectativas".

Estas operaciones son cada vez más frecuentes en el debate público. Nadie o casi nadie "resiste un archivo" por eso cuando se quiere desprestigiar a una persona un arma que no falla es recurrir a viejos mensajes que lo dejen expuesto. La víctima de este mecanismo argumenta falta de ética, aunque son poco éticos también sus dichos revelados. Esta clase de disputas, que se reeditan y cobran fuerza con la facilidad que brindan las redes sociales, prometen muchos capítulos más y dejan por el momento un primer interrogante: ¿la descontextualización de una frase inmuniza su contenido?. 

Un debate abre otros debates: la condena pública a los rubgiers se trasladó a un tema social que los trasciende pero que a la vez los incluye como figuras representativas de un modo de comportamiento que circula a menudo en nuestros discursos y acciones. Tal vez, el saldo positivo es que muchos mensajes que antes eran aceptados y hasta "celebrados" hoy son repudiados y en muchas ocasiones sus autores son obligados a pedir disculpas. Sin embargo, más allá de que el "carpetazo" que sufrieron los Pumas y otros famosos puede ser criticable, el perdón que ensayó Matera muestra que todavía resta un largo camino para erradicar este tipo de expresiones racistas de nuestra cotidianeidad. "En ese momento no imaginaba en quién me iba a convertir", se justificó el deportista. Entonces, ¿el problema es el reconocimiento público o el racismo explícito?.

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