Los precios, "la mesa del poder" y el Estado

El congelamiento de precios agitó el avispero. La postura del empresariado se defiende y se reproduce en distintas esferas de la sociedad: el Estado es el único responsable. Analicemos esta lógica perserva.

Imaginemos que en una mesa simbólica del poder en nuestro país se sientan los principales actores. Allí, sin dudas, estarían las cámaras empresarias, los bancos, los exportadores, los grandes medios, la embajada de algún país poderoso y también el Estado. Ahora bien, pensemos, de todos esos participantes ¿quién está llamado a defender los intereses de gran parte de la sociedad y sin embargo es a la vez el más castigado en la discusión pública?. Sí, el Estado. Por ejemplo, en el tema del congelamiento de precios, el más candente del escenario político en los últimos días, ¿a quién culparía la gente si se produce un debastecimiento? Sí, al Estado. Esta reflexión pertenece al embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, y merece ser replicada para, al menos, interrogarse sobre las lógicas (a la vista perversas) que rigen en el discurso hegemónico y en las tramas de dominio que atraviesan las estructuras socioeconómicas de Argentina. 

La iniciativa del Gobierno nacional de retrotraer la cotización de los productos de consumo masivo al 1 de octubre agitó el avispero. Finalmente, no hubo acuerdo con la cúpula empresarial y la Secretaria de Comercio, con Roberto Feletti a la cabeza, oficializó el miércoles pasado la puesta en vigencia de la medida. "No parece un gran esfuerzo para unas 60 empresas mantener precios por 90 días", dijo el funcionario cuando la resistencia del sector empresarial iba creciendo y encontrando complicidad en sus aliados políticos y mediáticos.

La Coodinadora de Productos Alimenticios (Copal), que comanda Daniel Funes de Rioja, además mandamás de la Unión Industrial Argentina (UIA), marcó la cancha rápidamente y auguró el fracaso del congelamiento. Arcor, Molinos y Ledesma, empresas que presentaron ganancias exponenciales en los últimos meses, también se alzaron en contra de la iniciativa. Según El Destape, Arcor informó para el segundo trimestre del 2021 una ganancia de 4894 millones pesos, un 27 por ciento por encima de los primeros tres meses del año (enero-marzo). Molinos Río de la Plata, por su parte, en el primer semestre del año subió 998 millones de pesos su "utilidad monetaria", mientras que en el mismo período del ejercicio anterior había informado una ganancia neta de 912 millones. Y Ledesma reportó una ganancia de 5205 millones de pesos en el ejercicio anual acumulado al 31 de mayo, casi quintuplicando el registro de igual período del 2020.

Más allá de estos números que evidencian la posición financiera de quienes se resistieron a la medida, Juntos por el Cambio respaldó la posición de las empresas y cuestionó al Gobierno. ¿Alguna novedad en eso?, no. El jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, no dudó en ponerse la camiseta (del poder económico) y proyectó un seguro "debastecimiento" por el accionar del Frente de Todos. "En la Argentina ya se ha demostrado una y mil veces que los controles de precio de forma compulsiva no han funcionado nunca en la historia", se excusó el alcalde. Acertada fue la réplica de la flamante vocera presidencial, Gabriela Cerruti: ¿Es un diagnóstico o un deseo?

El Gobierno nacional emprendió los controles y prometió sanciones a quienes incumplan. Además, se defendió de las críticas por la inclusión de bebidas alcóholicas en la lista de productos. “¿Los trabajadores no tienen derecho a celebrar las fiestas tomando un vino?”, respondió Felleti. De los más de 1400 productos, 96 corresponden a este tipo de bebidas, 43 variedades de vinos, 5 marcas de fernet, 23 de cerveza, 17 aperitivos, 5 tipos de licores, 2 champagnes y 1 coñac. Esta despertó la bronca de quienes no tienen inconvenientes en llegar a fin de mes. Pareciera que sólo un sector de la sociedad "beneficiado" tiene derecho al goce.  

Como ya se dijo en este espacio editorial, el Gobierno implementó un solución temporarea a un problema estructural de la economía argentina. El problema lo excede y lo incluye. Lo que dejó a las claras los últimos acontecimientos es que la posibilidad de tender un puente con el sector empresarial más poderoso se esfuma en la dinámica de los hechos y del imperturbable status quo. ¿Cómo se los incentiva a que formen parte de un mismo proyecto de país?. ¿Qué se debe negociar para incentivarlos? ¿Es posible que abandonen la premisa de sólo maximizar sus ganancias y, eventualmente, fugarlas, hacia el exterior?.

Por último, para ayudar a pensar nuestros problemas un poco más allá de los habituales clichés es interesante citar otra vez Raimundi. De acuerdo a la prédica de un sector económico y político el principal mal que nos aqueja es la emisión monetaria. Esta postura cobró fuerza nuevamente mientras que el oficialismo intenta una reactivación a través del fortalecimiento del mercado interno. Lo que los medios masivos tildan como "el plan platita". Ante este cuestionamiento, el exdiputado se preguntó: Si el problema fuera la emisión, es decir que se emiten muchos pesos, ¿por qué hay tantas personas que tienen tan pocos pesos?

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