¿Los males de Argentina comenzaron hace 70 años, como sostiene Cambiemos?

Mauricio Macri repite una y otra vez que su administración intenta resolver los problemas económicos originados durante el peronismo en la década del 40. ¿Es efectivamente así?

 “Lo que tenemos que hacer es resolver estos problemas que arrastramos hace setenta años y que se agravaron dramáticamente en el gobierno anterior”, señaló Mauricio Macri en conferencia de prensa en su última visita a Mendoza, a principios de septiembre. La referencia cronológica no es nueva. Desde que asumió la presidencia, el líder de Cambiemos insiste con la idea de que su gobierno llegó para “dejar atrás setenta años de frustraciones y crisis recurrentes”.

La expresión, repetida sistemáticamente por los principales funcionarios macristas, es utilizada para achacarle al peronismo todos los males de la Argentina. “Hace setenta años”, en 1948, el presidente era Juan Domingo Perón. Según el latiguillo oficial, desde entonces -en realidad, desde 1945-, el país perdió el sendero del desarrollo e ingresó en un laberinto de decadencia. ¿Esto es efectivamente así? Un análisis de la evolución de tres grandes variables económicas a lo largo de las décadas parece contradecir esta afirmación fundamental de Cambiemos.

Déficit fiscal, un problema crónico

El diagnóstico del Gobierno nacional parte de la base de que el déficit fiscal es el origen de todos los problemas económicos de la Argentina. Si se corrige el rojo en las cuentas públicas, observó Macri más de una vez, habrá menos inflación, menos endeudamiento y más crecimiento.

Para Cambiemos, el déficit fiscal es una señal de irresponsabilidad de un Estado que gasta más de lo que recauda, lo que termina distorsionando el resto de las variables de la economía. Y dicha irresponsabilidad de la clase política habría comenzado con el peronismo.

En rigor, esto no es así. El peronismo no inventó el déficit fiscal en Argentina. El exceso en el gasto público es, antes bien, una característica crónica del país, anterior a la fuerza política que emergió en 1945. Según datos de Victoria Giarizzo, economista e investigadora del Conicet, de los últimos 117 períodos fiscales (desde 1900 hasta 2017), en 107 hubo déficit y en tan solo 10 se registró superávit o equilibrio fiscal. Es decir que el hábito de gastar por encima de los recursos disponibles ha sido una marca de prácticamente todos los gobiernos que ejercieron el poder en Argentina en el siglo XX y XXI. No es, por lo tanto, adjudicable a “la cultura populista” del peronismo, que prioriza “el corto plazo para sacrificar el largo plazo”, como repiten encumbrados voceros del oficialismo.

Fuente: Victoria Giarizzo.

De acuerdo a la información de Giarizzo, en esos 117 años el déficit promedio fue de 3,3% del PBI; el mayor déficit ocurrió en 1975 (13,83% del producto); y el mejor resultado fiscal se registró en 2004 (2,4% del PBI).

Los pocos períodos de bonanza fiscal se dieron en el gobierno de Hipólito Yrigoyen, en el primer mandato de Carlos Menem -en gran parte por los recursos extraordinarios de la privatización de empresas públicas-, y en los primeros años del kirchnerismo. A pesar de haber sido demonizado por la actual administración como un malgastador serial de recursos, bajo el gobierno de Néstor Kirchner y el primer año de presidencia de Cristina Fernández el país registró superávit fiscal (2003-2008). Es el período más prolongado en la historia de Argentina.

Al mismo tiempo, a pesar de que para el equipo económico de Macri la baja del gasto público fue trazada como una meta estratégica, en los primeros años del gobierno de Cambiemos el déficit fiscal empeoró por los recortes de impuestos a los sectores más concentrados de la economía y el aumento de los intereses de deuda sobre el presupuesto total (en 2015 el rojo fiscal fue de 3,8%; en 2016, de 4,5%; y en 2017, de 5,4%). La crisis financiera del 2018 y la incapacidad para seguir tomando deuda obligaron a Cambiemos a encarar un fuerte ajuste fiscal, que se encamina hacia el déficit cero en 2019.

 PBI per cápita, crecimiento con fluctuaciones

Otra forma de examinar si “la maldición de los 70 años” tiene consistencia es cotejar la trayectoria del PBI per cápita a lo largo de las décadas. Este indicador mide la producción promedio por habitante de nuevos bienes y servicios en cada año.

Los investigadores Rubén Mercado, Martín Cicowiez y Ariel Coremberg reconstruyeron una serie de largo plazo con el PBI per cápita de Argentina, año por año. El gráfico sugiere que no hubo un quiebre en la década del 40, durante los años peronistas. La tendencia es de crecimiento general: entre 1875 y 2010, el producto per cápita se quintuplicó.

Fuente: La Argentina del largo plazo: crecimiento, fluctuaciones y cambio estructural, PNUD.

De todos modos, la expansión del producto sufrió oscilaciones. En algunos períodos, el crecimiento fue muy marcado, como en la década del 60 y a principios del 2000. En otros momentos se registraron contracciones drásticas: en la década del 10, por la Primera Guerra Mundial; a comienzos del 30, por el crack en Wall Street; en los 70 y 80, durante la última dictadura militar y luego durante “la década perdida” en materia económica bajo el gobierno de Alfonsín; y, en 2001, la crisis más intensa de la historia argentina.

“El período 1945-1974 es el de mayor crecimiento per cápita de la economía argentina desde 1900”, asegura el economista Carlos Leyba en diálogo con El País Digital. “Durante esos 30 años, el PBI per cápita crece a la par de muchos de los países más desarrollados del mundo”, agrega.

Para Daniel Scheingart, doctor en sociología y especialista en desarrollo económico comparado, “entre el 45 y el 75, el desempeño económico argentino no es un milagro, pero tampoco es un fracaso. Es, podríamos decir, digno. El PBI per cápita en ese periodo crece al mismo ritmo que el de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra, más que el de Uruguay y Chile y menos que el de Europa continental, que atraviesa entonces su etapa de oro”. La Argentina de la de la segunda posguerra “es una sociedad con movilidad social ascendente y sofisticación en la producción. La tendencia general de los indicadores económicos es positiva. El país, a mediados de los 70, está mejor que en los 40”.

Volvamos a la actualidad. A pesar de que pretende corregir los errores de las siete décadas pasadas, en términos de crecimiento económico y ampliación del producto, Cambiemos terminará su gobierno con un desempeño promedio mucho peor que el de las administraciones anteriores. En 2016, el PBI cayó un 2,3%; en 2017, creció un 2,8%; en 2018, la estimación oficial es que el producto se contraerá un 2,4%; y en 2019, según la proyección oficial, caerá un 0,5%.

En definitiva, la economía argentina no comenzó a deteriorarse “hace 70 años”, como repite el oficialismo; hubo fluctuaciones a lo largo del tiempo y con diferentes partidos políticos en el poder. Y en la comparación general, Macri sale perdiendo. Si los pronósticos se cumplen, completará su mandato de gobierno con una caída de 1,9% respecto de 2015.

Perón y la inflación

La inflación es una característica muy arraigada en la economía argentina. En las últimas décadas, solo Carlos Menem logró domarla, en base a un esquema monetario (la Convertibilidad) que sacrificaba otras variables económicas. Cuando se observa la tendencia larga, sin embargo, se advierte que en este punto, Cambiemos tiene razón: los aumentos generales de precios de manera pronunciada comenzaron durante el primer gobierno peronista, hace 70 años.

Un relevamiento del consultor Orlando Ferreres muestra la variación de la inflación por períodos. Desde 1810 hasta 1944, el aumento de precios se ubicó como máximo en el 3% anual. En la primera etapa peronista, la inflación saltó al 19% anual promedio, una escalada de la que nunca se pudo volver. Para los peronistas, el aumento de precios fue una consecuencia no buscada del formidable proceso de inclusión de los sectores populares y de expansión del consumo impulsada en su gobierno. Para sus detractores, fue una derivación del excesivo gasto estatal (que como se demostró, no fue en realidad mayor que en otros períodos).

Con todo, a partir de la década del 40, la inflación azotó la economía y los bolsillos de los argentinos, y registró niveles récord durante la última dictadura militar (191% promedio anual) y el alfonsinismo (471%). 

“Desde principios de los 40, Argentina pasa a tener una economía más inflacionaria, de dos dígitos, algo que antes no había. En parte tiene que ver con un factor externo, la salida del sistema de patrón oro, que tendía a generar poca inflación”, señala Schteingart.

En esta materia, Cambiemos no ha solucionado el problema heredado y, en rigor, lo ha profundizado. La inflación anual promedio durante el kirchnerismo superó por poco el 20% (el gráfico de Ferreres llega hasta el 2014). Por su parte, la administración de Cambiemos cerrará el 2018 con una inflación promedio de 35,9% en sus tres primeros años de gobierno (40,9% en 2016, 24,8% en 2017 y 42% proyectada para el 2018). Aunque aquí se aplica su latiguillo de los “70 años”, la gestión de Macri agravó la enfermedad de la inflación.

El mito de los 70 años de decadencia argentina

La interpretación de Macri de que el camino errático y los padecimientos de Argentina comenzaron a mediados de la década de los 40 es más un relato político que una explicación sensata sustentada en datos duros. No fue hace 70 años, sino a mediados de la década de los 70, con la implementación de las políticas neoliberales, que la economía del país comenzó a descarrilar.

“1975 es el punto de inflexión en el que comienza la decadencia argentina, cuando José López Rega toma las riendas del poder y, con sus políticas (el Rodrigazo), destruye el sistema económico nacional”, plantea Leyba. Schteingart apunta en el mismo sentido: “El gran punto de quiebre es mediados de los 70. El mundo sigue creciendo y Argentina se va al pasto. Cae su PBI per cápita, que se acerca al del resto de los países de América latina”.

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