“Los feminismos pueden tensionar la constitución de las alianzas electorales”

La socióloga y escritora María Pía López habló con El País Digital en la previa del 8M y a poco de publicar "Apuntes para la militancias. Feminismos: promesas y combate", de EME editorial. El rol de los feminismos y el desafío de instalar una agenda propia.


A poco de publicar Apuntes para la militancias. Feminismos: promesas y combates (EME editorial), la socióloga y escritora María Pía López habló con El País Digital sobre los desafíos de los feminismos y el rol que tienen en la transformación de la sociedad. En un día importante para las luchas de las mujeres, López confesó haber escrito su libro en la “urgencia de un escenario dramático” en el que los feminismos tienen un lugar central y con la intención de convertirlo en “material de agitación, de circulación, de provocación”. La lectura de Apuntes es una lectura que presenta y, a la vez, revisita, problemáticas específicas e invita a una reflexión que podríamos llamar colectiva y participativa, casi como un diálogo. Lejos de ser un tratado sobre los feminismos, Apuntes no intenta dar respuestas cerradas sino que exige una lectura crítica y activa. Es uno de esos libros que te despiertan.  




¿Qué busca ser Apuntes para la militancia?

Es un libro que tiene la intención de  ser material de discusión, que trata de abrir zonas de problemas y que está muy vinculado a ideas y cuestiones que fueron surgiendo, tanto de las movilizaciones y de la experiencia de los feminismos, como de la coyuntura política más en general.

Lo pensé como una intervención en la coyuntura y no como un libro de discusión teórica o conceptual, es por eso que, por momentos, tiene un carácter casi de escritura panfletaria.

Toda esa discusión conceptual quedó como en un segundo plano, está de fondo pero no explícita, no con sistema de citas. Lo que me interesaba era plantear un modo de intervención en la coyuntura respecto de los vínculos entre feminismos y otras identidades políticas.


Cuando hablas de feminismos populares y feminismos callejeros, ¿a qué te referís? 

Quería adjetivar así primero para dar cuenta de que el campo de los feminismos es muy heterogéneo, que hay posiciones diversas entre los feminismos liberales, incluso en feminismos que pueden estar en el mismo plano de las luchas por la ampliación de derechos —como puede ser el tema del aborto— y sin embargo  estar en posiciones muy diferentes respecto de ejes centrales de la gobernabilidad neoliberal  y que tienen que ver, para mí, con la exclusión, el despojo, etcétera.

Cuando hablo de feminismos populares y callejeros quiero nombrar, por un lado, un tipo de cruce entre los feminismos y las experiencias políticas porque esos feminismos son, ante todo, antineoliberales. Ponen en discusión de manera central esta lógica que es la lógica de la exclusión, de producción cruel, de vidas desechables y que nos pone a todas y a todos en una situación permanente de expropiación y despojo de las riquezas personales y sociales.

Y los llamo callejeros porque fueron desplegándose, profundizándose y dándose sus propias expresiones a partir del crecimiento fenomenal de la masividad en las calles que situaría a partir de junio de 2015. Donde empezó a aparecer un feminismo —que tiene sus antecedentes en la década del 90 con el movimiento piquetero  y las organizaciones sociales— mucho más masivo y que construye su agenda de un modo que excede en mucho a las demandas más clásicas del feminismo como es la igualdad de derechos civiles, el tema de las jerarquías o el techo de cristal.

Hay otro término que se usa más que es el de interseccionalidad, que es un feminismo atravesado por cuestiones de clase, de raza, de escuchar y  tomar en cuenta otras demandas y otras lógicas igualitaristas.


¿Un feminismo de demandas más urgentes, de demandas que se hacen más evidentes en un contexto de crisis? 

También, pero estos feminismos parten de la crisis. Esta irrupción callejera masiva en Argentina tiene la característica de haber aparecido bruscamente y sorprendentemente alrededor de la consigna de Ni Una Menos y surgió de una crisis especifica que es el ser víctimas crecientes de la crueldad asesina. Y, al mismo tiempo, esa situación de crisis se refuerza por la otra crisis, que es la que se desmorona y se reconstituye de un modo cada vez más expropiador, el orden social, en donde cada vez tenemos menos derechos, más tiempo de trabajo —si es que lo tenemos— y donde estamos forzadas a la súper explotación. 

 

¿Cuál crees que es el sujeto político del feminismo?

Yo creo que hay algo en el propio aprendizaje político, el propio análisis, que surge del movimiento social. Por ejemplo, que la idea de mujeres como entidad biológica es desbordada, que no alcanza para nombrar nada, que el cuerpo no determina la subjetividad política, es algo que me parece que va más allá de que se haya leído a las teóricas de la deconstrucción o no, porque eso se ve en la calle. Se ve en la composición de las movilizaciones, se ve en la corporalidad de les jóvenes que participan de esas movilizaciones, se ve en las perfomance públicas. Aparece una interrupción de la asociación entre género y biología que es muy clara y es ahí que el aporte de las trans al feminismo es fundamental porque lo que hacen es mostrar, a partir de su propia existencia corporal, que todo cuerpo es una construcción política, también en aquellas cuya definición de género está más cerca del origen biológico.

Yo tengo la impresión de que, más allá de todo saber teórico o conceptual, es algo que vivimos permanentemente en la calle, en las organizaciones sociales, en las asambleas, y es saber que cuando estamos ahí juntas es porque estamos juntes también. No es la identidad de mujeres lo que nos determina, es otra cosa.

Al mismo tiempo, es interesante lo que pasa cada vez que se define una movilización o un paro como el 8M, que en muchos lugares hay reuniones y asambleas. Hay espacios en los lugares de trabajo, en las organizaciones sociales, en los sindicatos, en los barrios, y se debate respecto de cómo marchar, quiénes pueden marchar y si van a marchar varones o no y es interesante porque, en general, la discusión que se da mayoritariamente es decir que no pueden marchar los varones cis, pero nunca en esas asambleas —salvo posiciones ideológicas muy excluyente— nunca apareció la idea de que tenían que ser mujeres biológicas. Es decir que hay algo  en el saber del activismo que está muy saldado, me parece.


En el libro, cuando hablás de “multiplicidad de planos” de los feminismos, hablás de “expansión” y también de “tensiones” ¿Cómo ves las discusiones que se dieron dentro de las asambleas organizativas del #8M entre las radicales feministas y las trans? ¿Es con todas adentro?

Este año, en la asamblea de la Mutual Sentimiento —que es la asamblea de Capital Federal— el debate tuvo la inclusión de las feministas radicales, y ahí plantearon la posición, que es una posición que no se puede acotar a una diferencia de opiniones.

Yo, en ese punto, no estaría de acuerdo con mi propia hipótesis de que todo entra adentro de los feminismos, llamándose feminismos, porque me parece que lo que no podemos aceptar en un movimiento, que es un movimiento igualitarista, de expansión, es la prohibición, la exclusión.

Hay personas que son parte del movimiento desde antes,  que vienen construyendo este movimiento desde siempre, y que son las compañeras trans. Y especialmente por esto, porque creo que negarlas, además, borra la capacidad que tenemos de interrogar políticamente qué significa la biología. Si no interrogamos eso, terminamos no pudiendo defender nuestro derecho a abortar porque terminaríamos aceptando que la biología y sus azares son mandatos. La expansión de un feminismo libertario, profundo, exige que no aceptemos ninguna coartada esencialista ni bioligicista.


¿Por qué crees que pasa esto?

Estas discusiones se vienen dando en la asamblea de Capital Federal, que es una asamblea que de algún modo funciona como una gran vidriera. Entonces, las personas que quieren producir un efecto con sus posiciones, que tengan un efecto en redes, en medios, etcétera, pasan por esa asamblea.

En otras asambleas no hubo este tipo de intervenciones, no hubo radfem, no hubo interrupciones de un proceso que viene siendo amasado con mucha claridad, y es que cuando decimos mujeres nunca estamos diciendo mujeres biológicas.


¿Estás de acuerdo con la idea de que la resistencia a los feminismos parece acrecentarse los días previos a las manifestaciones o tras conseguir que ciertos temas se cuelen en la agenda pública? 

Esto pasó muy claro cuando fuimos derrotadas en el Senado, cuando el Senado cumplió a rajatabla el programa conservador y negó el fin del aborto clandestino. Ahí lo que vimos fue cómo la ofensiva antiderechos construyó esa situación ya no solo para ir contra lo que estábamos demandando sino, fundamentalmente, para ir contra los derechos ya adquiridos, como el aborto no punible de 1921.

Yo tengo la impresión de que lo que sucedió allí es que se vieron amenazados y, ante el miedo, respondieron yendo por todo.

Yendo por todo en el sentido en que si pudieran instaurar una distopía como la de El cuento de la criada, lo harían. Ese el programa de una derecha como la de Bolsonaro en Brasil, es el programa de ciertos sectores antiderechos en Argentina, es el programa de los fundamentalismos religiosos. Es decir que empiezan a confrontar con los feminismos entendiendo que los feminismos son una amenaza disruptiva y subversiva respecto del orden. No solo por lo que portamos cuando discutimos aborto sino también por lo que portamos de imagen de otro tipo de sociedad.

Al ser un tipo de movimiento que transforma lo que pasa en las casas, en la vida sexual, lo que pasa en los afectos, lo que pasa en la vida política, lo que pasa en los trabajos, hay personas que se sienten amenazadas, que pueden responder más o menos brutalmente a esa amenaza que sienten, pero también ese trasfondo hay que usarlo para pensar cómo estamos atisbando escenas cada vez mayores de crueldad: los crímenes, las violaciones, la violencia doméstica.

Hay una crueldad que es una crueldad agobiante y esa crueldad no cesa sino que recrudece. El tema es que, al mismo tiempo, es una crueldad que se engarza también con  las lógicas mismas de la crueldad neoliberal.

Son personas que van siendo moldeadas para ser crueles, varones que están convencidos de que en esa afirmación de la crueldad, afirman su virilidad, en un contexto donde nosotras insurgimos permanentemente para decir que estamos queriendo otra vida.

Me parece que todo eso hace que cuando más visible estamos también más visible se hace, y quizás no recrudezca sino que estamos más atentas,  o está más atenta la opinión pública, a los hechos de crueldad.


En el libro mencionás al Ni Una Menos como una bisagra en las luchas feministas y considerás que para que eso suceda fue muy importante la ESI en las escuelas (las que lograron implementarlas), y políticas públicas activas y dirigidas a esta transformación. ¿Cómo sigue esto? ¿Ves posible una construcción política feminista? 

Por ahora yo tengo cierto miedo de que el feminismo se convierta en un espacio de nombres que legitimen listas pero que la agenda no esté. Donde vayan compañeras que son muy valiosas y que pertenecen al movimiento pero que aparezcan dando una legitimidad a un proceso en el cual las propias demandas y nuestra propia fuerza no sea reconocida como tal porque ponen un escenario, para mí falaz, de que hay temas más importantes que otros y que los temas que pone la agenda feminista no serían relevantes.

Me preguntaron por qué escribí el libro, un poco fue por la desesperación que produce la aparición de un conjunto de discursos que tienen que ver con la idea de que lo que encarna el feminismo son contradicciones secundarias, problemas que son menos relevantes que el del hambre y que ahora es cuestión de tratar todos esos temas y no las demandas del feminismo.

Yo tengo, por el contrario, la suposición de que los temas que porta el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries en Argentina son los temas que hacen a la vida, entendiendo la vida no como algo aplanado a la reproducción biológica o a la supervivencia sino como algo que tiene que ver con la posibilidad de crear. Esto implica pensar los sectores populares no como víctimas, no como sujetos del hambre, sino como sujetos capaces de crear y de hacer política.

Para mí, una agenda feminista hoy significa todo eso pero, al mismo tiempo, significa la posibilidad de construir un frente o una opción antineoliberal con capacidad de afirmar muy concretamente la diferencia que tiene con el neoliberalismo y no solo presentar una especie de forma más tolerable de gobernabilidad actual.

Dicho esto, no soy optimista de que  pase. Me parece que hay muchas compañeras que están peleando porque algo así ocurra adentro de sus organizaciones pero la propia dinámica de los partidos, de las organizaciones, lleva a otra lógica. Entonces, me parece que de acá a junio o julio se estará dando esta discusión y creo, y lo veremos en la marcha, que los feminismos movilizados, activos, con capacidad de mostrarse y de construir discursos pueden tensionar mucho y presionar mucho acerca de la constitución de las propias alianzas electorales.

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