Los derechos humanos en perspectiva política

Por: Julián Axat

Esta semana se recuerdan los 44 años de la llamada “Noche de los Lápices”, en homenaje a un grupo de jóvenes militantes de la UES y de la Juventud Guevarista que fueron secuestrados en la ciudad de La Plata. Este episodio constituye uno de los crímenes de lesa humanidad más aberrantes cometidos por el terrorismo de Estado; y como hecho de nuestra historia, nos sirve para reflexionar acerca de la importancia que tienen los derechos humanos para las nuevas generaciones.

La cuestión de los derechos humanos en la Argentina de hoy debe volver a ser puesta en lugar dinámico. Debe volver a ocupar su lugar como categoría eminentemente  política. De búsqueda y conquista por parte de los sujetos de la transformación. Devolviendo así su dimensión histórica, porque el reconocimiento de los derechos humanos y su ejercicio real nace del ejemplo de la lucha que demostraron las Madres, las Abuelas, lxs Hijxs. Hoy los movimientos sociales, las mujeres, el movimiento obrero organizado, los campesinos, etc.

Solo la lucha dio vida y parió a los derechos humanos en la Argentina. Para ello hay que desacralizar, dejar de creer –a esta altura– que los derechos humanos existen solo porque están declamados en un instrumento jurídico. Los instrumentos internaciones de derechos humanos deben honrarse con el cuerpo y la palabra. En actos concretos. En una praxis de su incorporación. Hay mucha gente a la que le conforman las declamaciones. Las ideas de laboratorio.

La mirada ingenua y que nos enseñan en la Facultad, es la que cree que porque está incorporado en la Constitución, se va a cumplir. Esto no es así, el aura de la Constitución es solo un fetichismo de los juristas o de los incautos. Los derechos no nacen de los árboles, hay que salir a buscarlos en el compromiso cotidiano, en la militancia, en la fuerza de los jóvenes, en la realización de los sueños de las nuevas generaciones.

Las regresiones en políticas de la memoria, verdad y justicia que vivimos estos últimos años; la situación de miles de personas que viven sin techo/tierra y trabajo en todo el país como consecuencia de las llamadas políticas neoliberales implementadas por dictaduras y gobiernos de derecha, se encargan de destruir la promesa de los derechos humanos.

También los destruyen las fuerzas de seguridad convertidas en desestabilizadoras sectas de gatillo y manos en la lata. Lo destruyen los jueces que practican law fare y persiguen a opositores políticos. Los destruyen los que operan junto a organizaciones criminales -con o sin aquiescencia estatal- y endeudan e hipotecan financieramente a las futuras generaciones. Los que destruyen el medioambiente. Los que persiguen y mantienen a raya a los más vulnerables bajo la llamada “cultura del descarte”.

Todos estos fenómenos destruyen el concepto de derechos humanos conquistado o a conquistar, que –en definitiva– no admite concesiones, y debe nacer de la realización cotidiana activa, lúcida, creativa, del pueblo en su dialéctica. 

La memoria del pasado es siempre memoria del presente y de sus luchas, o de las que queda por dar en el ámbito de los derechos de los olvidados de la Historia. Ese es el mejor homenaje que podemos hacerles a aquellos jóvenes que luchaban por un mundo más justo hace 44 años. Y esa es la antorcha que se pasan de mano en mano las generaciones que buscan salir de la opresión que recibieron heredada.


Sobre el autor: Julián Axat es abogado y poeta

Diarios Argentinos móvil