“Los cuentos surgieron de esa angustia ante mi futura paternidad”

Hablamos con Diego Muzzio sobre su último libro de cuentos, Doscientos canguros (Entropía), la escritura, los animales, las redes sociales y la situación actual de la industria editorial argentina.


Cada lector tiene sus mañas: hay quien lee siempre el texto completo, lo disfrute o no, quien abandona sin culpa, quien le pone mucha presión al título o hasta a la tapa, quién lee clínicamente, quien saltea párrafos y miles de opciones más.

Podemos hablar horas y horas de crítica literaria, analizar el estilo de un escritor, sus referentes, etcétera, etcétera, pero al final de cuentas cuando un libro nos gusta es por lo que nos hace sentir, el lugar al que nos transporta, si nos linkea a experiencias, a deseos, a miedos.

Mi maña particular es el comienzo. Para mí es fundamental que me atrape la primera hoja. Y Doscientos canguros, una de las últimas novedades de Editorial Entropía lo cumple a rajatabla.

Me lo llevé a un viaje de fin de semana y me descubrí disfrutando mucho de cada uno de los relatos. Lo devoré.

Nunca había leído a Diego Muzzio y no tenía idea con lo que me iba a encontrar (ahora quiero leer todo lo que haya escrito).

Cuando volví, le escribí un mail (vive en París) y armamos una entrevista “epistolar”. Hablamos sobre sus comienzos como escritor, de la diferencia de escribir para adultos y para niños, del proceso de escritura de Doscientos canguros y sus animales extrañados, de sus lecturas, y de cómo ve la situación de la industria editorial argentina.





¿Cuál es tu primer recuerdo con libros? ¿Qué te gustaba leer? 

Mi primer recuerdo con libros son los que me leían, cuentos clásicos, que, según me dicen, terminaba aprendiendo de memoria. Más grande, empecé a leer los libros de la colección Robin Hood, los famosos libros de tapas amarilla: Sandokán, El corsario negro, Tom Sawyer, El príncipe valiente…


¿Cómo te convertiste en escritor?

Al principio, fue casi como un juego. Me gustaba tanto leer que me puse a inventar mis propias historias. En realidad, lo que me más me gustaba era la etapa previa, de investigación: recorrer mapas y diccionarios para decidir dónde se desarrollaría mi historia. Me sentaba y tomaba notas. Más tarde, en la adolescencia, fue la lectura de Neruda la que impulsó a escribir mis primeros poemas.


¿Lees mucho? ¿Qué es lo que más te gusta?

Leo mucho, sí, todo lo que puedo. Y releo mucho también. Últimamente estoy leyendo o releyendo literatura de terror, autores clásicos, como Machen, Chambers, Lovecraft, Jackson, Bierce, pero en general leo de todo. Intento mantenerme informado de lo que se va publicando en Argentina, y también leo bastante sobre Historia.


En una entrevista contaste que a la hora de empezar un proyecto nuevo buscás un eje y, en el caso de Doscientos cangurosfue la paternidad: ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Sí, los cuentos de Doscientos canguros surgieron de esa angustia ante mi futura paternidad, ese terreno desconocido que en mi caso, además, fue muy solitario, ya que por esa época ya vivía en Francia, lejos de los amigos y la familia. El proceso de escritura de los cuentos fue, según recuerdo, bastante rápido. Pero soy muy obsesivo a la hora de corregir, de manera que pasé muchísimo tiempo corrigiendo.


Escribís poesía, literatura infantil y ficción para adultos, ¿cómo manejás los diferentes registros? ¿Hay preferencias?

Preferencias no hay, sí estados distintos, muy distintos. No es lo mismo ni me siento igual cuando estoy escribiendo un libro para chicos, que cuando escribo poesía o ficción para adultos. La ventaja es que siempre estoy trabajando en algo. Cuando me empantano con lo que estoy escribiendo, cosa que me sucede mucho, puedo pasar a otra cosa y seguir trabajando.


En los cuentos de Doscientos canguros irrumpen animales como una especie de efecto desestabilizador, ahí rozando lo fantástico, complejizando un poco el realismo. En el caso “El cielo de las tortugas”, el animal es un elemento con el que no solo avanza la trama sino que también maneja el “suspenso” en la narración. ¿Por qué los animales? y ¿por qué con esa "función"? ¿hay algo ahí que podría relacionarse con tu escritura de literatura infantil?

No, yo no relacionaría a los animales del libro con la literatura infantil. Creo que en estos cuentos los animales son, como ya he dicho en otra entrevista, un elemento perturbador. Yo no me siento muy cómodo cuando hay animales cerca; no me gustan los animales. Me despiertan cierta desconfianza.


¿Cómo te llevas con las redes sociales? 

Solo estoy en Facebook. No me llevo ni bien, ni mal. Son una fatalidad.


Aunque vivís en el exterior, publicás en Argentina. ¿Cómo ves la situación de la industria editorial?

La situación es muy, muy complicada. Cada vez se venden menos libros, hay editoriales que están despidiendo a mucha gente, se edita poco. Es triste, e irresponsable, que se recorte en cultura, en salud, en investigación, que todo tenga que pasar por la falsa e inexorable lógica del mercado. Un país que decide eliminar de un plumazo su ministerio de cultura, su ministerio de salud, es un país que ya está decidiendo dejar de serlo…







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