Los oficialismos provinciales ¿son imbatibles?

Por: Mariano Fraschini

Con la contundente victoria del candidato del peronismo (unido) Gustavo Bordet ayer en Entre Ríos, ya son seis los distritos que celebraron elecciones, ya sea PASO o generales. El denominador común de todas ellas es que los dirigentes oficialistas resultaron ser los más votados. ¿Significa esto que estamos ante un escenario en que las posibilidades opositoras son efímeras? ¿Es tan alto el grado de satisfacción con los oficialismos provinciales? ¿Se trata de un fenómeno coyuntural o se puede rastrear en la historia reciente? ¿Qué tan recurrente es desalojar a los oficialismos provinciales del gobierno? ¿Cuántos triunfos opositores pueden contarse desde las últimas siete elecciones distritales?

Luego de las recientes victorias oficialistas en las provincias de Neuquén y Río Negro (dos distritos que jugaron por los puntos, ya que se trató de elecciones generales y no PASO) los medios oficialistas resaltaron, por sobre todas las cosas, la derrota del peronismo kirchnerista. Como si la variable explicativa de ambas elecciones haya sido la incapacidad de imponerse de la oposición, y no la ratificación de los oficialismos gobernantes que, en un caso iba por la reelección de su gobernador, y en el otro, imposibilitado el mandatario en ejercicio, puso a su delfín como sucesora. Asimismo, si realizamos un análisis histórico de las elecciones a gobernador en ambas provincias patagónicas, nos vamos a encontrar que desde 1983 a la fecha se concretaron veinte compulsas electorales, de las cuales el peronismo pudo vencer sólo en una de ellas (2011 en Río Negro), siendo derrotado en las otras 19 por candidatos del MPN siempre en Neuquén, y del radicalismo o del actual gobernador en Río Negro. Desde allí, que resulta absurdo hacer hincapié en la derrota del peronismo, cuando dicho resultado resulta ser lo “normal” en ambos distritos.

El relevamiento histórico de las elecciones provinciales resulta ser un buen predictivo de cara a la comprensión de las posibilidades opositoras y de las ventajas que suele tener “jugar de local” para los oficialismos distritales. La posibilidad, además, de poder elegir la fecha del comicio, le otorga al ejecutivo provincial una ventaja extra, ya que le permite definir el contexto en el cual los electores deben concurrir a las urnas. Posemos entonces la lupa en las últimas elecciones distritales, y acerquemos la lente a los resultados definitivos .  

El fenómeno del desdoblamiento electoral (la no concurrencia entre las elecciones presidenciales y de gobernador) comienza con fuerza en el año 1995. Antes de esa fecha, son contados con los dedos de una mano los distritos que adelantaron sus elecciones y las despegaron de la nacional. Ese año se votó a presidente en mayo y las elecciones no concurrentes se realizaron con posterioridad (Formosa, Chaco, Jujuy, Neuquén, Salta, Santa Fe, Tierra del Fuego y Tucumán). De las 23 provincias que elegían gobernador (no se votaba por aquel entonces al ejecutivo en la Ciudad de Buenos Aires) en 20 se mantuvo el color político gobernante, en 9 reeligió el gobernador y sólo en tres hubo cambio de color político: Salta, Santa Fe y Tucumán

Cuatro años más tarde, en 1999, la tendencia se invierte por primera vez, y de las 21 elecciones provinciales (Cordoba adelantó su elección a finales de 1998, Corrientes había votado en 1997 y en la Ciudad de Buenos Aires se harían en el 2000) solo en 6 se concretan en forma concurrente. Se trataba de un año en donde se preveía un posible recambio presidencial, y los gobernadores alambraban sus territorios para evitar sorpresas.  Una vez más son nueve los gobernadores reelectos y los oficialismos logran imponerse 16 de las 21 provincias en juego. La oposición triunfa en Entre Ríos y Mendoza (radicales) San Juan (partido provincial) Tierra del Fuego y Tucumán (peronistas). Es decir, hay un importante recambio, pero el mismo se direcciona para varios costados partidarios.

En el año 2003 se votó presidente en abril, y por primera vez desde el retorno a la democracia en 1983 (habría que ver si por única vez en la historia nacional) se eligió e soledad al ejecutivo nacional. Desde allí que todas las elecciones provinciales fueron no concurrentes. De las 22 elecciones distritales realizadas ese año (Corrientes y Santiago del Estero comienza a tener calendario propio por fuera del año electoral presidencial), en 18 se impusieron los oficialismos, 9 mandatarios reeligieron y en sólo 4 (Chubut, Entre Ríos, San Juan y Tierra del Fuego) se impusieron candidatos opositores.

En el 2007, año de la primera reelección del kirchnerismo, desdoblaron la mayoría de los distritos: 14 de 22 decidieron adelantar sus elecciones distritales. Las provincias concurrentes fueron Formosa, Buenos Aires, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones Salta y Santa Cruz. Las propuestas oficialistas, una vez más, fueron mayoría y primaron en 17 (sólo en 7 reeligió el gobernador), mientras que la oposición se impuso en 5: Ciudad de Buenos Aires, Chaco, Mendoza, Santa Fe y, por tercera vez consecutiva, Tierra del Fuego.

En el año 2011, cuando Cristina Fernández de Kirchner se reelegió en la primera magistratura por más del 55% de los sufragios, una vez más, fueron numéricamente superiores los distritos que desdoblaron que los que concurrieron: 13 sobre 22. Votaron el mismo día que la elección presidencial  Buenos Aires, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, San Juan, San Luis y Santa Cruz. Como se observa, muchas de las provincias se repiten. Esta vez, a excepción de Rio Negro y Catamarca, en todos los distritos triunfó el oficialismo, y en 14 de ellos el ejecutivo logró su reelección. Se trató del año en que existió mayor estabilidad provincial y nacional y en donde más gobernadores lograron sucederse a sí mismos en el cargo.

En el año 2015 sólo once provincias desdoblaron sus elecciones, frente a la misma cantidad que no lo hicieron. En ese marco, concurrieron  Buenos Aires, Catamarca, Chubut, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz (otra vez se repiten los distritos). A pesar de un nuevo recambio presidencial, a nivel provincial sólo en cuatro distritos la oposición pudo imponerse: Jujuy, Mendoza, Buenos Aires y Tierra del Fuego. Los oficialismos retienen sus comarcas, pero sólo 4 reeligen, el número más bajo desde 1995.

Como se observó en este veloz racconto histórico, la persistencia de 1) victorias oficialistas, 2) gobernadores reelectos y 3) desdoblamientos electorales, explica a grandes rasgos la disputa electoral en las provincias argentinas.  En el meridiano del año 2019, estas variables se mantienen con algunas diferencias: en más de la mitad de las 22 provincias que votan este año los gobernadores van por la reelección y el desdoblamiento es mucho mayor a la de los últimos años. Se votará en forma concurrente sólo en 5 distritos: Buenos Aires, Ciudad, Salta, Santa Cruz y Catamarca. Como se explicó en una columna anterior, la incertidumbre electoral, sumada a un panorama escasamente claro en cuanto a las candidaturas que finalmente competirán en octubre, permiten comprender el alto grado de desdoblamiento.

Ayer eligió Entre Ríos. A pesar de tratarse de una PASO, los resultados finales auguran, de cara a las generales del 9 de junio, la reelección del gobernador en ejercicio. El domingo que viene será el turno de las elecciones en San Luis y el último domingo del mes tendrá por escenario Santa Fe.  A pesar de ser primarias, se trata de votaciones que marcarán el pulso electoral de las provincias y que podrán en juego la fortaleza de los Rodríguez Saa en la primera (van separados) y del socialismo santafecino. Hasta hoy, los oficialismos distritales, como marca la historia, se muestran favoritos. Pero como también hemos observado, las oposiciones,  algunas veces, dan el batacazo.  


Diarios Argentinos móvil