Lo ajeno

Pienso en el aislamiento y en el intento de neutralizar nuestros estados de presunta peligrosidad. La exclusión, la vigilancia y el encierro. La equidad de condiciones. Y la desigualdad de condiciones.

Pienso en este miedo que subyace. Firme. Constante. La sensación de indefensión ante “un enemigo invisible”. Pienso. En el enemigo y en lo invisible. Nada más aterrador que enfrentarnos con un ente que no vemos. Cualquiera puede ser portador de este virus. Ominoso. “Ajeno”. Me quedo con esto último y pienso en esa sensación de terror que nos alcanza cuando desconocemos nuestra propia imagen en algún reflejo. Lo traigo para poner a jugar esta cuestión de que a veces lo que sentimos como “ajeno” es algo bien conocido. Familiar.

Los canales de Venecia se cristalizan. Hay silencio y calma afuera. Pero puertas adentro nos persigue la urgencia y el miedo. Esa sensación de riesgo por aquello inédito e inhabitado.

Nos ronda un padecimiento sin velo. Sin trama. No podemos dejar de ver y vernos en peligro y más aún, peligrosos. Pero ahí ya no somos invisibles. Tenemos buen registro.

Hay algo que quedó de manifiesto: No hay garantías de estar exentos. La omnipotencia de muchos… el descreimiento de otros… Y pienso en los derechos humanos. Algo tan propio, a veces se vuelve tan ajeno. Y eso es amenazante. Está en evidencia la vulnerabilidad del sujeto más allá de sus riquezas. Las costuras frágiles del mundo. Y el estado de alerta exacerbada que nos trae y nos devuelve con fuerza la marea.

Pienso en los médicos. Entre el aplauso y el miedo. Escindidos entre la urgencia y la angustia. Y también en aquellos a los que “el enemigo invisible” los alcanza y los toma. En lo inevitable y en lo necesario. En lo prescindible y en lo que no.

No hay héroes ni cobardes en esta historia. Solo hay otros. Qué como uno, necesitan ser cuidados. Que están expuestos. No solo al virus. Y siempre latente algunas hipocresías. Algunas estigmatizaciones. ¿No seremos nosotros los que segregamos también y excluimos? ¿No nos rasgamos las vestiduras por los derechos? … A veces tan propio lo ajeno.

Pienso en el aislamiento y en el intento de neutralizar nuestros estados de presunta peligrosidad. La exclusión, la vigilancia y el encierro. La equidad de condiciones. Y la desigualdad de condiciones.

Creo ciertamente en la posibilidad de reanudar el lazo y en la capacidad de invención para tejer puentes que nos sostengan y otros modos de encuentros. Ahora se trata de eso. Que el aislamiento se amarre a la posibilidad de repensar los vínculos en un sistema capitalista y voraz, que como ya escribimos en algún lugar, se encargó de fragmentar el lazo social. Eso también es amenazante.

No evoquemos ningún Ideal. Porque lo ideal es enemigo de lo posible. Hoy necesitamos ligarnos a lo posible. Y pienso en esto de dejar de vernos peligrosos y de sentirnos invisibles. De sabernos cada vez menos ajenos. ¿Es un ideal? Por lo menos es un comienzo.

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