¿Llegó el ciclo de los oficialismos derrotados?

Por: Mariano Fraschini

El abrupto descenso de la imagen presidencial y del apoyo al gobierno medido por diferentes estudios cualitativos y cuantitativos abre un nuevo interrogante en el paisaje electoral que se abrirá a partir del año próximo. ¿Podrá lograr la reelección el presidente Macri? ¿Será el primer presidente argentino no oriundo de las fuerzas tradicionales que se reeliga? ¿O será el primer mandatario que va por su revalida y cae derrotado? ¿Irá el líder del PRO por la reelección o pondrá un delfín a último momento?-

La evidencia empírica muestra que en Argentina aquellos presidentes  en ejercicio que deciden ir por la reelección logran obtenerla. Los casos de Juan Domingo Perón en 1951, Carlos Menem en 1995 y Cristina Fernández de Kirchner (CFK)  en 2011 así lo atestiguan. No se encuentran casos de líderes presidenciales que hayan ido por la reválida inmediata de su mandato y hayan fracasado en el intento. Si extendemos el análisis a la región sudamericana, los casos de presidentes en ejercicio que intentaron ampliar su mandato tuvieron una efectividad notable y no se encuentran resultados negativos para quienes llevaron adelante dicha estrategia político electoral. Desde allí que parece quedar claro que un primer mandatario sudamericano (al menos desde la recuperación democrática en la década del ochenta) que decide jugar sus fichas a la reelección no suele salir derrotado de la compulsa.

En ese marco resultan significativas las declaraciones del presidente argentino en relación a su vocación por la continuidad.  En medio de las turbulencias cambiarias de hace dos meses, Macri desde  EEUU expresó en un inglés “argentinizado” que "I am ready to run" (“Estoy listo para competir”) dando cuenta de su voluntad de seguir por cuatro años más.  A diferencia de Menem y CFK, Macri se embarca en el camino reeleccionista en un contexto económico sumamente complejo.  La recesión económica, que a decir de los expertos durará varios trimestres más, junto a una más que complicada e inestable situación política y social marcan condiciones adversas para un futuro electoral promisorio. A pesar de este contexto desfavorable para sus posibilidades concretas de reelección, el presidente Macri se aferra a la historia sudamericana, que por ahora parece aprobar la continuidad de los presidentes en ejercicio. Sin embargo, una mirada más completa de los procesos regionales recientes evidencian las dificultades que parecen tener los oficialismos (no los presidentes)  para darle continuidad a sus proyectos políticos. Detengámonos más de cerca aquí.

En los últimos tres años hubo ocho elecciones presidenciales en Sudamérica. Ellas fueron: Argentina en 2015, Perú en 2016, Ecuador y Chile en 2017, Paraguay, Venezuela, Colombia y Brasil en 2018. Asimismo hubo tres referendos o plebiscitos en Bolivia y Colombia en 2016 y en Ecuador en 2018, en donde los oficialismos intentaron mediante institutos de democracia semi directa, lograr objetos políticos inmediatos. En total se trató de once  elecciones en donde los gobiernos apuntaron a la continuidad o a un apoyo popular directo mediante votaciones por temáticas puntuales (reelección indefinida en Bolivia, Proceso de paz en Colombia y cláusulas de no reelección, entre otras, en Ecuador). En casi el 70% de estas elecciones (7 de 11) la oposición se impuso, y sólo en más de un 30% logró hacerlo el oficialismo. Es decir, sólo en Ecuador en 2016 y 2018 y en Paraguay y Venezuela durante este año, los oficialismos lograron primar sobre las propuestas opositoras. Sin embargo, debemos aclarar que las victorias de Lenín Moreno en 2016 como candidato del continuismo del correismo político y la de Nicolás Maduro sin la presencia de la oposición más “taquillera”, pueden ser anotadas como triunfos estrictamente del oficialismo. La victoria de Moreno en 2018 fue justamente contra su anterior referente político y en el caso paraguayo el triunfo de Abdo Benítez devino luego de vencer en la interna del Partido Colorado al candidato del en ese entonces presidente Horacio Cartes. En el resto de los países, si bien es cierto que en ningún caso se presentó el presidente en ejercicio (en la mayoría porque su constitución lo prohíbe) el oficialismo gobernante no pudo retener el gobierno.

¿Significa esto que las posibilidades de Mauricio Macri de reelegirse son más complejas? ¿O que por el sólo hecho de presentarse tiene asegurada la reelección? No. Simplemente que el panorama electoral regional está mostrando que son las propuestas opositoras las que logran mejores resultados. La crisis económica a nivel mundial, cierto agotamiento del ciclo de exportación de commodities y una desilusión con los oficialismos en cuanto a la “facturación” de sus promesas de buenaventura, explicarían a grandes rasgos este nuevo escenario. Si la primera década y media del siglo XXI la continuidad de los oficialismos (y de los presidentes) eran marca registrada en la región, este último quinquenio parece ser adverso para los elencos gobernantes.

A un año de una hipotética segunda vuelta electoral en nuestro país, una atmósfera de incertidumbre rodea al oficialismo argentino. Nada está definido y el primer mandatario aún cuenta  con recursos de poder para reelegirse y cuenta a su favor con la iniciativa que le ofrece su posición política institucional; también el deterioro está “a la vuelta de la esquina”.

Luego de un año de resultados económicos por demás negativos, y con un horizonte nada prometedor en términos de alivios populares, la alianza Cambiemos apuesta a “correr” del escenario la discusión economía y a una diáspora opositora como su principal estrategia electoral. Muy poquito para un gobierno que venció en forma contundente en las elecciones legislativas de hace un año y que tuvo contra las cuerdas al peronismo en sus diferentes vertientes.


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