Literatura desde casa: Generación Covid

En esta sección te invitamos a publicar tus relatos, cuentos, cartas, poesías. Hoy presentamos el cuento de Juan Barbagallo, "Generación Covid".

Generación Covid

Juan Barbagallo


La televisión se había vuelto un desastre. Desde que había subido tanto la tasa de homicidios, se había decretado el Estado de Sitio. Nadie salía de sus casas. A toda hora se anunciaban nuevos muertos. Los casos eran de lo más estrafalarios e iban en aumento. Cientos de miles de noticias donde asesinos actuaban de formas extrañas. Con cartón, con cubos de hilos, ahogados en la bañadera, tachos de basura, todos elementos hogareños utilizados como armas.

Harta ya de la caja boba y de regar los malvones, Dina Piara prosiguió hacia lo que se había convertido en su trabajo. Encendió la computadora y se dispuso a buscar en la lista publicada por el comité de Detectives del Bajo Mercosur, la DBM.

Ante el gran aumento de asesinatos, estos se publicaban en la página del comité, donde se detallaba por escrito con fotos y videos cada uno de los nuevos casos. La modalidad de trabajo había derivado en construir la mayor cantidad de hipótesis. Hecho eso, se mandaban de vuelta al comité, donde ellos elegirían la línea de investigación a seguir. Si la propuesta escrita por uno era aceptada, se recibía una paga.

Dina solo tenía que sentarse frente a la computadora y construir teorías lo más sensatas posibles. Por lo general, eran accidentes u homicidios aún sin explicación. 


Si lo que se escribía aparentaba profesionalismo, detalle y por sobre todo, cierta posibilidad de ser cierto, se podía aspirar a que el comité eligiera la hipótesis y así ganar dinero.


En lo que iba de encierro había escrito un total de 473 posibles resoluciones para un total de 117 diferentes casos. En ninguno resultó ganadora. La página de internet de la DBM aparecía saturada. Todos escribían sus teorías, todos proponían ideas. La oferta era tanta que la competencia se hacía imposible. Pero a su vez los casos iban en aumento.

Dina no había ganado ni un solo peso en su trabajo de investigadora freelancer durante el Estado de Sitio. Le parecía injusto. ¿Quién elegía a los ganadores? ¿Quiénes eran los detectives reales? ¿Cómo procedían con la investigación si nadie podía salir por el encierro forzado?

La idea nació al intentar dar directamente con los clientes que proponían los trabajos. Decidió que ella misma postularía un caso. Sacó fotos y filmó parte de su casa. Diferentes ángulos de los sillones y se maquilló para parecer muerta. Luego se rodeó de caramelos, los esparció sobre sí colocando tres velas en forma de triángulo.

Creó una cuenta nueva en la página y subió el asesinato a la red como oriundo de Tacuarembó.

Las resoluciones llovieron a montones. Una secta satánica, intoxicación, asfixia, abducción pasional.

Todas las hipótesis parecían coherentes, pero ella misma escribió una posible respuesta. La envió a través de la página del comité. Y como esperaba, la DBM le reenvió a la cuenta falsa las posibles resoluciones. Por supuesto Dina Pira escogió la propia, la de la cuenta original, para resolver el caso inventado por ella misma.


La paga se acreditó automáticamente.


Dina sintió la euforia creciendo por su cuerpo. Era tan sencillo, hechos los clics pertinentes había conseguido ganarse un par de pesos. ¿Cómo nadie le había dicho? ¿Cómo era posible que nadie lo hubiese descubierto antes? Por los siguientes días repitió la operación innumerables veces.

Ya no escribía hipótesis para terceros, ella misma era las respuestas a los diferentes escenarios que ella planteaba. Muertes en bañeras, bajo libros, incendios, pérdidas de objetos. Se retrataba muerta de miles de formas. Cada caso era diferente, su cara aparecía pero eran tantos los casos que nadie lo notaría.

Ganó dinero durante el Estado de Sitio. Multiplicó la cantidad de escritos, recibía cientos y miles de respuestas. Ella se limitaba a escoger la suya propia. Así hizo más dinero fingiendo su propio asesinato y dando su propia solución al enigma que proponía.

Se sentía bien, internet funcionaba.

No fue hasta que la televisión la sorprendió. En el noticiero apareció su foto, una situación que ella misma había escrito. Los comentaristas retrataban la escena tal como ella había detallado y daban su opinión sobre lo que había ocurrido. Así también la respuesta que ella había postulado. Luego continuaron con otra tragedia. El momento la sobresaltó por un segundo. Pensó que podría ser una coincidencia. Aun así la siguiente noticia la impactó aún más. La filmación de un asesinato, una nena ahorcada con un alargue. Pensó que el mundo se estaba volviendo demasiado morboso. Apagó la televisión.

Días después apareció en el noticiero otra escena que reconoció al instante. Ella misma muerta en la bañera. Al otro día, ella tirada entre libros, ella rodeada de caramelos, asfixiada. Continuaron pasando sus casos. Se reía. ¿Quién podría considerarlos reales? Todos parecían tan exagerados. Solo era su negocio.


En la televisión, más y más tragedias. Más y más muertes. 


Todo el tiempo, todo el día, todos los días. Daba miedo salir a la calle, ya nadie quería correr el riesgo. El Estado de Sitio se reforzaba. Dina tenía miedo. La cantidad de homicidios que se presentaban helaba la sangre. No tenía sentido salir para que te maten.

La página de la DBM estallaba de trabajos. Todo el mundo debería estar entrando. Todos deberían estar escribiendo respuestas. Dina sintió esa superioridad propia de los que se ganan la vida de manera fácil.

El Estado de Sitio proponía quedarse en su casa, las muertes diarias eran demasiadas. Vio a una nena que creyó reconocer, ahora tirada, muerta sobre un sillón. Le pareció escandaloso, matar así a la pobre criatura. Aunque pudo jurar que la vio un par de veces más en el mismo noticiero.

Todas esas muertes, el Estado de Sitio tenía que continuar. Dina sería una buena ciudadana y no se movería de su casa. Además aprovecharía a filmar un par de muertes para el trabajo. Tenía miedo de salir a la calle, los estaban matando a todos.


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