Les dieron vacunas y les contestaron con el bolsillo

Las PASO fueron apenas hace una semana. Pero los días transcurridos no estuvieron dominados por una oposición exitosa, sino por la interna oficialista.


Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) fueron apenas hace una semana. Pero los días transcurridos no estuvieron dominados por una oposición exitosa. Sorpresivamente, los Larreta, Santilli, Manes, Vidal, incluso Milei, salieron de agenda, ocupada casi exclusivamente por la interna oficialista. 

Tal vez la sorpresa no sea tal. Es que Juntos por el Cambio no aumentó significativamente su caudal electoral (comparado con 2019 pero también con las legislativas de 2017). Lo que ocurrió fue una baja sensible en el apoyo al Frente de Todos. Dicho de otra manera, el mensaje de las urnas fue muy claro: un descontento masivo y manifiesto contra el gobierno nacional. 


¿La pandemia ya fue? 

Millones de argentinos y argentinas recibieron al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19. El gobierno nacional hizo -comparativamente, en términos internacionales- una buena gestión de la pandemia, y sobre todo, se movió eficazmente para traer vacunas. Ello fue una de las causas decisivas para que el día de la votación, el 12 de septiembre, haya sido uno de los más bajos en cantidad de muertos y de contagios por coronavirus. Esa es la causa material, fáctica, de por qué la pandemia salió de agenda en el último tiempo, a contramano de la decisión del gobierno de hacer de ella uno de los ejes centrales de la campaña. 

"Les dimos vacunas y nos contestaron con el bolsillo" puede resumir un poco lo que le pasó al oficialismo en las urnas. 


La gestión económica

El oficialismo, durante la campaña, insistió con un argumento: tuvimos que priorizar la salud, ahora para la post-pandemia vamos a ocuparnos de la economía. 

Cristina Fernández dejó en claro, esta semana, de manera pública y precisa, que no está de acuerdo con ese diagnóstico. En esencia, lo que dijo es que el gobierno pudo y debió hacer más en materia económica y social. Las diferencias entre Guzmán y el kirchnerismo vienen de hace tiempo. El ministro de Economía, que seguirá en su cargo, consideró que para este 2021 era necesario reducir significativamente el gasto social, ampliado en 2020 para sostener el confinamiento. Cristina nunca apoyó esa idea: amparándose en Axel Kicillof, para ella era necesaria, para tiempos extraordinarios, medidas extraordinarias. En otras palabras, relegar el acuerdo con el FMI y atender la cuestión social. 


La pelea y sus secuelas

Más allá de a quién le asista la razón, la crisis desnudó que no hay mecanismos institucionalizados que puedan digerir un conflicto interno en el Frente de Todos. Más que eso, peor que eso: evidenció que ni siquiera los dos principales interlocutores de la coalición pueden sentarse a dialogar y consensuar respecto del rumbo que hay que seguir. Una pregunta inquieta: si en la máxima dirigencia existen este tipo de peleas, ¿cómo se procesarán de ahora en más los conflictos en las bases, en la militancia? 

¿Tiene algún sentido identificar el origen de la pelea, esto es, quién de los dos inició la escalada? ¿O es más importante advertir que ambos dirigentes, Cristina Fernández y Alberto Fernández, poco hicieron para moderarse y encontrar una solución?


El futuro: ¿hacia dónde ir?

 La discusión pública tiende a reducirse a nombres, a personas. En cuanto a la conformación del nuevo gabinete, creemos que nuestro columnista Diego Brijta acertó: frente a la lectura predominante acerca de un triunfo de Cristina, creemos que el balance debe ser mucho más cuidadoso. Ningún ministros nuevo es cristinista. 

Pero la lectura, o el balance mejor dicho de la crisis, no debe detenerse aquí. Los nombres son la superficie del problema. Lo central es discutir si, con el nuevo gabinete, el gobierno nacional tiene claro hacia dónde quiere ir, cuál es el rumbo elegido. ¿Habrá una nueva orientación macroeconómica, más allá de la ratificación de los dos principales ministros en estas áreas, Guzmán y Kulfas? ¿Cuál será la estrategia para reconquistar votos e intentar la hazaña en noviembre: no perder la mayoría en el Senado? ¿Cristina tendrá mayor protagonismo en la campaña o elegirá un rol secundario? ¿Se concentrará en ayudar a Axel Kicillof? 

Interrogantes que ameritan ser resueltos por el Frente de Todos de manera urgente. Lo que empezó como una crisis electoral, se tradujo -y se evidenció- en una crisis política y, a continuación, en una crisis institucional. Ya no pensando en noviembre, ni siquiera en 2023: el oficialismo necesita superar esta hora crítica porque lo que está en juego es la gobernabilidad. 



 

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