Las PASO de Chernobyl

Por: Tomás Aguerre

El 11 de agosto no cayó el Muro de la política argentina pero, por lo menos, le cambió el color a la pared. Algunas cosas cambiaron en el escenario político desde entonces. La principal de ellas: la expectativa reeleccionista del gobierno de Mauricio Macri sobrevive apenas en sí mismo y unos cuantos allegados.

Todo puede suceder, por supuesto, en la política electoral. Pero más importante que lo que pueda suceder es qué esperan los actores políticos que suceda. Porque son esas expectativas las que ordenan, coordinan y preparan el escenario sobre el que la política real se juega. Y lo que esperan incluso actores del propio gobierno es una derrota que les quite el lugar central de la política argentina: la Casa Rosada. En función de esa expectativa ordenan sus propias estrategias. Así se entienden los movimientos de la Unión Cívica Radical, de figuras aliadas al gobierno y de peronistas que alguna vez ensayaron alguna cercanía al gobierno de Macri.

Pero así se explica, también, el diseño de la campaña post-PASO. La estrategia de movilizar en actos por distintas ciudades del país no parece ser la de una fuerza política a la búsqueda de un votante desencantado al que hay que volver a recuperar sino, más bien, la opción por consolidar un núcleo duro de votantes. Tener que consolidar el núcleo duro es una de las posibilidades en la política electoral: generalmente - salvo en los extraños casos en los que uno tuviera un núcleo mayoritario - implica un escenario desfavorable. Hay una sábana corta electoral que todo lo que tapa a los votantes propios destapa a los más esquivos. El 11 de agosto fue su Chernobyl: se pensaba que el núcleo no podía estallar, hasta que estalló. Y desde entonces el presidente Macri recorre el país intentando apagarlo.

Hagamos empírica la afirmación. Preguntémonos: de las recorridas presidenciales, ¿cuáles provincias tuvieron la fortuna de recibir, al menos, dos visitas presidenciales? La lista: el interior de la Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y la Ciudad de Buenos Aires. El núcleo.

El objetivo de recuperar su núcleo duro de votantes, o al menos evitar su dispersión, explica muchos de los cambios que desde la explosión del 11 de agosto en adelante se observa en la forma de hacer campaña del gobierno de Mauricio Macri. Quien escuche los discursos del presidente de la Nación en dichos actos no podrá sorprenderse por ninguna de sus posturas - contra el aborto legal, seguro y gratuito o cuestionando a fuerzas políticas que, sostiene, “llevan a la gente en colectivos a los actos” -. Pero es cierto, también, que aquellas posturas aparecían anteriormente veladas y hoy se deciden hacer manifiestamente públicas. Más que un síntoma de fortaleza, como intentarán transmitir estas marchas, especialmente la del sábado 19 en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, son la expresión del nuevo objetivo de la campaña de Macri: consolidar ese núcleo duro de votantes.

Se trata de la adaptación del aparato de campaña de Juntos por el Cambio a una nueva situación política que explotó ese 11 de agosto en unas primarias que, hasta ese día, no iban a definir nada. Lo mismo que pensó Anatoli Diátlov ese 26 de abril de 1986 cuando ingresó, como un día más, a su trabajo en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, en la Ucrania por entonces soviética.

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