Las huellas de Ni Una Menos

OPINIÓN. "Ni una menos es hija del feminismo, que es revolución, de las palabras, de los significados, de las representaciones, de los mandatos" sostiene la politóloga Bárbara Bravi.

Ni una menos es hija del feminismo, que es revolución, de las palabras, de los significados, de las representaciones, de los mandatos, hija de la necesidad y sostenida por la virtualidad, así como nació un 3 de junio de 2015 mediante la convocatoria por redes sociales y de militancia, y a la que cada año se sumaron más y más voces, bajo un calor de sororidad que se convirtió en llama y nunca más se apagó.

Las instituciones que antaño forman parte de una cultura marcadamente machista y patriarcal, no alojaban las demandas y las urgencias. Allí la virtualidad abrió un canal, el ciberactivismo fue una herramienta con que reaccionamos al silencio y a la falta de visibilidad (e insensibilidad). La gesta de un espacio transversal político, social y feminista estaba en agenda, y allí se instalaron en la conversación pública. Quizá por eso, bajo el contexto de una pandemia mundial, la consigna de este año ‘Nos sostienen las redes feministas’ nos hable de ese momento fundacional, y de esta ingeniería virtual apropiada que ha sostenido, amplificado, y avanzado, en una agenda impostergable de temas, con eje en la vida de las mujeres.

El feminismo es indisociable de la democracia, en tanto que uno de sus pilares es la igualdad. Una palabra que resuena, que parece inalcanzable, utópica, y que de repente se estrella cuando nos enteramos de un nuevo femicidio. Porque la democracia nunca será plena si en su seno la igualdad es un objetivo lejano sin la convicción, los consensos y políticas para transformar esta asimetría de poder entre géneros; sexual, político, económico, y podríamos seguir. Un hashtag que alumbró esta idea, fue que la democracia será paritaria, o no será; claro desde una faz política. La representación en espacios de poder es una discusión actual, y una asignatura pendiente. Me gusta pensar que también es una representación de la política de las causas, y justamente la palabra representación se refuerza, porque lo hace con quienes están y con quienes no están, en los pedidos de justicia y en la constante lucha contra la violencia simbólica.

Según el Registro Nacional de Femicidios del Observatorio de MUMALA, en los primeros 100 días del 2020, 96 fueron las víctimas fatales del machismo en Argentina. Un dato no menor, es que el 25% de las muertes sucedieron en el marco del Aislamiento Social y Obligatorio que se tomó como medida preventiva del contagio de Covid-19, situación que conminó a ensayar estrategias de contención, líneas de ayuda para mujeres víctimas de violencia, aunque deberíamos contar también a niñas, niños y adolescentes.

Los datos son sencillamente elocuentes, eso marca la urgencia de abordaje transversal, que no solamente recae en la contención urgente, sino en dinamitar los sostenes de la cultura que determina este flagelo. Es necesaria la labor del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, como su respectivo presupuesto, para formar parte no solamente de la agenda feminista, sino de la sociedad entera. En este camino también se encuadran las declaraciones de emergencia que han tenido anclaje en diferentes niveles legislativos. Lo cierto es que se necesita de todos los poderes: la aplicación de la Ley Micaela, es un granito más de arena, muy importante por cierto. También de todos los actores sociales, incluidos los medios de comunicación que gracias a la labor de muchas periodistas socava los mensajes estereotipados que conllevan el germen de la desigualdad, los marcos discursivos que replican la violencia simbólica que hay que transformar, esa violencia que naturalizó durante tanto tiempo la subordinación y maltrato hacia las mujeres mediante el refuerzo que de ellos hacían los medios, eso también, de a poco se va resquebrajando.

Ni una menos es movimiento, es pasado, presente y futuro. Esa transversalidad que cuestiona los cimientos de la desigualdad, la violencia y la muerte. Es un símbolo de demanda fuerte pero también es una interpelación y una mirada del camino recorrido, de las urgencias y los desafíos que quedan por delante. Es también, toda una declaración, porque el hartazgo del silencio rompió en sollozo y grito para hacerse escuchar. Las tensiones son propias del sistema, son instancias que debemos superar, porque el reclamo de basta de violencia machista se legitima cada día. El nuevo horizonte que puja por la apropiación de nuestros cuerpos, que internaliza nuevos sentidos comunes y compartidos para forjar nuevas masculinidades, y el deseo de una sociedad más igualitaria.

En el inicio de las sesiones legislativas ordinarias a principio de marzo, Alberto Fernandez tomo el guante, diciendo que “Ni una menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los poderes del Estado. Es el deber del Estado reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su completa erradicación”. En ese camino queremos avanzar, más allá de la generación de dispositivos de ayuda contra la Violencia de Género, sino que también formen parte de un eje en la comunicación pública.

El Indio Solari cantaba, ‘Banderas en tu corazón, yo quiero verlas, ondeando luzca el sol o no, banderas rojas, banderas negras, de lienzo blanco en tu corazón’, parafraseando a Juguetes Perdidos, vamos a agregarle las banderas violetas, y también las verdes, que son todo un símbolo de nuestra lucha. Y tan importantes son los símbolos en nuestro terreno de comunicación, que a lo largo de estos cinco años han sido plasmados en hashtags que aunaron ideas, pedidos y deudas. Desde #Niunamenos (2015); #Nosestanmatando (2016); #Vivasnosqueremos (2017); #Bastadeviolenciamachista (2018); #Abortolegal (2019); hasta llegar a #5añosniunamenos #Nossostienenlasredes feministas (2020), está claro que hay trabajo, lucha, y esperanza para rato, de una sociedad con menos violencia, y más igualdad. ¿Es posible hacer la revolución con una canción de amor? Claro que lo es, el feminismo es una causa que lucha por derechos, las estigmatizaciones provienen de quienes tienen temor a la igualdad, porque solo defienden privilegios.


Sobre la autora: Bárbara Bravi es politóloga, mágister en Relaciones Internacionales y miembro de Asacop. 

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