Las guerras de nueva generación y el mundo multipolar

La desaparición del clásico concepto de “guerra fría” no significó la desaparición de los enfrentamientos antagónicos entre las distintas formaciones socioeconómicas existentes en un mundo cada vez más interdependiente e interrelacionado y, al mismo tiempo, cada vez más enfrentado y conflictivo.

Esta contradicción sólo se resolverá cuando se supere la injusta distribución de la riqueza mundial, sostenida a ultranza por un pequeño pero poderoso establishment de grupos monopólicos dominantes de la economía y las finanzas del planeta.

Esa superación sólo podrá concretarse cuando las fuerzas progresistas impongan en la política internacional criterios de soberanía política, independencia económica y justicia social. Algo que no viene caído del cielo ni es cedido voluntaria y graciosamente por aquellos grupos monopólicos. Es el resultado de la lucha y la unidad de esas fuerzas progresistas en el plano internacional.

Dialéctica, que le dicen…

Este proceso también es perfectamente conocido, estudiado y operado por los ideólogos y ejecutivos de las elites dominantes. Otra cosa es que, por el propio desarrollo histórico, estén cada vez menos en condiciones de imponer su voluntad y continuar con un status quo de dominación y saqueo. Pudieron anotarse un pírrico triunfo cuando, como resultado de la “guerra fría”, se destruyó el llamado “campo socialista” con la URSS a la cabeza. Supieron aprovechar las fallas estructurales del “socialismo real” y lograron una efímera imposición del mundo unipolar.

Efímera porque los procesos dialécticos son objetivos y no responden a mandos voluntaristas y mecánicos. Se basan en la realidad del desarrollo socioeconómico. Quizá sin plazos o períodos rígidos y uniformes, pero con una dinámica absoluta y direccionada. Las nuevas conquistas de la revolución científica y tecnológica, soportadas por una revolución informática cada vez más abarcativa, obligan a que los medios de producción se socialicen y convierten su resultado en un logro social.

Ello no obstante, el mundo ha sido, es y seguirá siendo banco de pruebas de diversas doctrinas y concepciones de contención y reversión de estos cambios revolucionarios. En reemplazo a los métodos estrictos y cruentos que impuso la “guerra fría”, el imperialismo generó e impuso variedades represivas que se adaptaron flexiblemente a las realidades parciales. Así surgieron, con su desembozada participación, las “revoluciones de colores” en los países de la ex Unión Soviética, o los estallidos de la “primavera árabe”, o los “golpes judiciales” en los países latinoamericanos. Así se consolidó también la dura política de sanciones para todo aquel que osara intentar un camino independiente de la voluntad de Washington, el cuidador del orden mundial y decisor de normas y reglas de conducta externa e interna.

Barak Obama, el nonato premio Nobel, lo dijo con absoluta claridad: el “gran hermano” golpearía en la cabeza a quienes así no lo entendieran. El Consenso de Washington fue la continuidad ideológica de Bretton Woods. La principal línea política del imperialismo sigue siendo exterminar a sus contrincantes, sea el fallido campo socialista, los movimientos de liberación nacional de los países periféricos, las ligeras aspiraciones de autonomía de los europeos y, por supuesto, las malévolas Rusia y China y sus aliados, siempre dispuestos a actuar en consonancia con sus propios intereses…

En juego fueron puestos todos los recursos y todas las palancas disponibles. El siglo XXI vio confirmarse la concepción de las acciones militares no tradicionales, fuera de los lineamientos convencionales. La obtención de los objetivos geopolíticos ahora ya no es exclusivo patrimonio bélico, sino que la acción militar está supeditada a la gestión política, diplomática, a la presión económica, a la incidencia comunicacional sobre la opinión pública.

La tradicional y clara línea divisoria entre la guerra y la paz ahora presenta una “zona gris” que es campo de trabajo de nuevos y dominantes elementos de formación mental, intelectual e incluso de conducta social. En planos decisivos de esa conciencia social los ideólogos de las elite del poder confunden deliberadamente criterios cuantitativos y cualitativos. Ellos intentan calificar los objetos sociales por su volumen y no por sus cualidades. Quien más tiene es quien más vale… Se invierte el criterio y así los medios justifican el fin…

La guerra ya no es “la continuidad de la política por otros medios”. Es la política, como expresión de la estrategia de la elite dominante, la que subordina la acción bélica como uno de los tantos métodos a los que puede recurrir en función de sus necesidades tácticas. La guerra ahora es tan violenta y cruel como los ciberataques, la arbitrariedad judicial, la iracundia parlamentaria, las falsedades desfachatadas de los grandes medios de comunicación, las impunes sanciones económicas y financieras o las exclusividades ante la pandemia.

El asunto es que, como todo lo dialéctico, estos procesos no son lineales. Se concatenan e interactúan y, por lo tanto, surgen contradicciones parciales que finalmente confluyen en nuevos hechos ajenos a la decisión de esos grupos monopólicos. Claro ejemplo de ello es la conclusión del gasoducto europeo “Nord Stream 2”, la provisión rusa de gas por caño resulta mucho más barata que la complicada entrega transoceánica de GNL por los proveedores norteamericanos. Washington reconoció su estéril oposición a la construcción del ducto pese a sanciones y normas punitorias y la Unión Europea (en especial Alemania, Francia e Italia) logró mantener su fundamental independencia en la provisión energética.

La característica principal de la guerra de nueva generación, en este mundo multipolar, es que es cada vez más sofisticada y no necesariamente implica el sacrificio en combate de vidas humanas. El ciberespacio está reemplazando a los cañones y las bombas. La humanidad, casi subjetivamente, comienza a reconocer que matar a sus congéneres no es la única forma de imponer criterios y formulaciones políticas o económicas.

Es obvio el componente utilitario de este “reconocimiento”. Pese a la resistencia de la parte más recalcitrante de los grupos monopólicos, en especial lo relacionado con la especulación financiera absolutamente alienada de la realidad sociopolítica, los nuevos centros multipolares despliegan y consolidan posiciones coherentes con esos nuevos criterios. Ellos se basan precisamente en la satisfacción de los objetivos de soberanía política, independencia económica y justicia social.

La utilización de la flamante ruta del Ártico, abierta ahora todo el año merced a los poderosos rompehielos atómicos rusos de última generación, se convierte en un instrumento comercial tanto para Europa Occidental como para el Sudeste Asiático. El desarrollo de trenes de alta velocidad, fabricados en China y la reconstrucción del ferrocarril transiberiano permiten mejorar exponencialmente el flete de carga en todo el continente euroasiático. Los países de la OPEP más Rusia son quienes fijan la política petrolera y, por arrastre, la del gas y de toda la energía mundiales.

En nuestro continente esta realidad se evidencia en la actitud de los nuevos gobiernos democráticos y populares, que retoman el camino de la cooperación estratégica, en tanto que quienes todavía están dominados por los sectores vinculados a esa misma especulación financiera, procuran la permanencia y fortalecimiento de su dominación. Recurren para ello a sus viejos y reconocidos aliados. La “visita” de los jefes militares norteamericanos al sur argentino, orientada a imponer su dominio sobre la estratégica región antártica, es una evidencia de ello.

La conclusión objetiva es que, independientemente de factores parciales y temporales, la realidad marca el desarrollo y fortalecimiento de esos nuevos centros multipolares. Coherentes en sus objetivos aunque disímiles en sus períodos y tareas particulares. La alianza ruso-china, la vigencia de los BRICS, la incidencia de la OCSh[i], la interacción solidaria entre los “países del eje del mal”: Venezuela, Cuba, Irán, Siria. Todos son ejemplos de consolidación de la nueva realidad mundial.


En contraposición con el dictado hegemónico del imperialismo, estos nuevos centros inauguraron formas de relación armónica y coherente. La flexibilidad de esa coordinación está precisamente dada por la comprensión de esta relación entre los objetivos generales y las tareas específicas atingentes a la realidad de cada componente. Esta conjunción práctica atañe tanto al costado “pacífico” como al militar.

La actual negociación entre Moscú y los talibanes, ya dueños en la práctica de Afganistán, es otro claro ejemplo de esta definición. El objetivo de los afganos, una vez desembarazados de la presencia militar norteamericana, es restablecer un orden durable, recomponer las estructuras sociales del país y consolidar relaciones internacionales con los vecinos que pueden, directamente, decidir su continuidad en el poder. El objetivo de Rusia y sus aliados es “tranquilizar” el Asia Central, tradicionalmente convulsionada por los enfrentamientos étnicos fogoneados por el colonialismo secular, y reducir (si no liquidar) el tráfico de estupefacientes desde la zona productora de droga “cruda”, en el triángulo fronterizo afgano, tadzhiko y uzbeko. El valle de Ferganá es, quizá, uno de los más importantes centros productores de opio. La Organización de Seguridad Colectiva, formada por los países de la ex Unión Soviética, dispuso un importante cerrojo militar en la ruta que lleva la droga desde esa región a Europa.

La tarea política de estos nuevos centros multipolares genera nuevos criterios de legitimidad, relacionamiento, acción bélica e interculturalidad. Son estos nuevos criterios los que permiten oponerse con buenos resultados a la acción represora y agresiva de los grandes grupos imperialistas. Tanto en su faz internacional como en la interna. La sustentabilidad del gobierno sirio, pese a todos los intentos de desestabilizarlo por parte de los mercenarios terroristas, la solidez demostrada por el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela o el fracaso estrepitoso del bloqueo a Cuba también se debe a esta conjunción solidaria y práctica. El inevitable regreso de los Estados Unidos al acuerdo nuclear con Irán, firmemente defendido por la Unión Europea y Rusia, abunda en este mismo sentido.

Ella es la que impide el desarrollo de la nueva doctrina de “guerra híbrida”, “ciberespacial”, “de nueva generación” o como quiera llamársela. El despliegue de estos nuevos centros multipolares impide que una provocación política interna se convierta en el motivo para la invasión militar extranjera. La clásica intrusión de tropas represoras se ve impedida por la presencia incluso militar de los componentes de estos nuevos centros. Ha ocurrido en Siria, ocurre con los talibanes, ocurre con Venezuela y Cuba…

Actúa también cuando se utilizan estados “aliados” para atacar a otros “rebeldes”. Tal ha sido el caso de Venezuela ante la utilización de Colombia como plataforma para la desestabilización interna de Caracas. Tal es la acción de la flota rusa frente los intentos provocativos de las naves de la OTAN ante las cosas rusas en el Mar Negro.

Pero además, los grandes objetivos geoestratégicos mundiales: el Ártico, la Antártida, los océanos ya no son privativos de los centros imperialistas. La presencia en ellos de Rusia, China, la India, Turquía, Irán, es ya un hecho constante y en auge. Esto abarca también, y cada vez con mayor incidencia, asuntos no bélicos pero sí estratégicos como las vacunas, los portadores energéticos, el transporte o las normas del comercio mundial. Es obvio el ejemplo de la “Sputnik” o las vacunas chinas. El costado “pacífico” de la contraposición a los designios imperialistas constituye un ingrediente trascendente con una clara definición estratégica: en todos los casos los nuevos participantes consideran la gestión conjunta. Los proyectos, acuerdos, tratados o contratos contemplan agendas de coproducción, integración comercial, desarrollo tecnológico mixto, ejecución conjunta de obras de infraestructura, etc. 

En cuanto se defina la batalla por nuevos instrumentos financieros internacionales, en plena ejecución en estos tiempos, despegándolos de la gestión especulativa de los grandes grupos imperialistas y de los mortíferos presupuestos militares, el cuadro de confrontación bélica podrá ser suplantado por una lógica política de relacionamiento basado en simples preceptos de supervivencia y cohabitación de la especie humana.



REFERENCIA 

[i] OCSH. Organización de Cooperación de Shanghai. Conocida como la OTAN Oriental. Son miembros plenos de la OCSh: Rusia, Kazajstán, Kirguizia, Uzbekistán, Tadzhikistán, India, Pakistán y China; observadores: Afganistán, Belarús, Irán y Mongolia; socios en el diálogo: Azerbaidzhán, Armenia, Kampuchea, Nepal, Turquía y Shri-lanka; solicitan ser observadores: Bangladesh, Siria, Egipto, Israel, Arabia Saudita, Maldivas, Ucrania, Irak, Vietnam, Bahrein y Catar.

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