Las ciudades que necesitamos

OPINIÓN. Es tiempo de repensar la lógica que ha hecho que en un distrito tan rico como el de la Ciudad de Buenos Aires haya hogares tan pobres. Sabemos que sólo con más Estado podremos revertirlo, plantea el legislador Juan Manuel Valdés.


Unas semanas atrás, el New York Times publicó un editorial titulado “Las ciudades que necesitamos”. Llevaba la firma institucional del diario. Según el artículo, alrededor del 95 por ciento de las personas con COVID-19 viven en áreas urbanas. Lamentaba que las ciudades norteamericanas alguna vez habían sido gran motor del desarrollo. La misma densidad y diversidad de la vida urbana fomentaba la acumulación de conocimiento, el intercambio de ideas, la creación de nuevos productos. Hoy su infraestructura ha decaído, se han potenciado los barrios cerrados y su contracara, los asentamientos. Esas ciudades están en crisis humanitaria por la pandemia. Su advertencia más dura era: “El COVID-19 golpeará a los más vulnerables, incluyendo a los mil millones de residentes de los asentamientos informales y barrios marginales densamente poblados del mundo, así como a otras personas que no tienen acceso a una vivienda adecuada, asequible y segura. Sin una casa, es imposible atender la llamada para quedarse en casa. Sin refugio seguro y acceso a servicios básicos, la orden de refugio en el lugar no tiene sentido”.

En nuestra capital coexisten las mayores riquezas con las mayores injusticias. Según cifras oficiales, 138.328 viviendas están vacías, son bienes de lujo. Mientras tanto, más de 300.000 personas viven en villas y asentamientos y más de 7.500 se encuentran en situación de calle. Puerto Madero es el barrio más caro de América Latina. Allí las propiedades cotizan, en promedio, 6.141 dólares el metro cuadrado. A su lado se encuentra la villa 31, donde muchos vecinos no pudieron acceder el último tiempo a un bien tan básico como el agua para higienizarse ante el coronavirus. Varias villas de la ciudad se encuentran emplazadas sobre terrenos contaminados con metales pesados y sustancias peligrosas, como la Villa 21-24, Villa 1-11-14, Rodrigo Bueno, Ramón Carrillo y Villa 20. Esto implica una enorme desigualdad de horizontes. Por nacer en comunas como la 8 (Villa Soldati, Lugano y Riachuelo) la vida suele ser 7 años más corta que si se nace en Palermo (69 años contra 77,5).  Si llamamos meritocracia a la suerte de nacer en un lugar más rico, sólo se trata de eufemismos para naturalizar la injusticia.

La crisis en la que estamos puede ser una oportunidad para torcer las desigualdades en las que estamos acostumbrados a vivir en nuestras ciudades. Los altos alquileres también son un motor principal de la falta de vivienda, que durante esta epidemia ha resultado mortal. El coronavirus ha demostrado cuán arriesgados puede ser el hacinamiento como los paradores, las cárceles y geriátricos. La Ciudad puede hacer muchas cosas para reducir esos riesgos. Aumentar la frecuencia de colectivos y subtes para reducir el hacinamiento. Pueden crear más espacios peatonales y espacio para peatones y ciclovías. Sobre todo, pueden construir viviendas más asequibles para todos los segmentos sociales.

Reconocemos los esfuerzos realizados en las urbanizaciones de muchos barrios populares. Creemos que es tiempo de profundizarlo con mayores recursos. Buenos Aires cuenta con un presupuesto equivalente al de los 135 municipios bonaerenses sumados. Las ciudades que necesitaremos a partir de esta pandemia van a priorizar la vida por sobre la especulación inmobiliaria. Necesitamos que nuestro sistema de salud tenga la infraestructura, el personal y los insumos para prevenir una nueva pandemia. Si la recaudación ha mermado por la recesión económica, quienes tienen las propiedades más caras pueden y deben aportar para nivelar las oportunidades del resto. El acceso al hábitat, la inversión en conectividad para que el conocimiento llegue a los todos los hogares, el transporte público de calidad deben algunas de las metas con las que evaluemos los futuros gobiernos locales. Es tiempo de repensar la lógica que ha hecho que en un distrito tan rico haya hogares tan pobres. Sabemos que sólo con más Estado podremos revertirlo.


Sobre el autor

Juan Manuel Valdés es legislador de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos. 


El lápiz verde