La vacuna contra la pandemia económica

OPINIÓN. La aplicación de la vacuna contra el COVID-19 será la más importante de las acciones para recuperar la condición sanitaria de nuestra población y también para recuperar, a partir de ello, el funcionamiento de la economía. Caprichos, negaciones y pretensiones de ganancias privadas no pueden caber en este debate. No se debe permitirlo.

Lejos de picos y mesetas, el crecimiento incesante de los contagios de COVID-19 en nuestro país, que ubica a la República Argentina entre los 10 países del mundo con mayor cantidad de afectados por la enfermedad, se da en medio de una economía exhausta y de un estado de arcas menguadas, lo que nos enfrenta a desafíos de pocos antecedentes, que el gobierno de Alberto Fernández deberá enfrentar.

Mas allá del voluntarismo sobre el control de la pandemia, lo que viene sucediendo en los últimos días, está lejos de ser un modelo exitoso, en el control de los contagios de COVID-19.

La implicancia de esta situación en la vida cotidiana de nuestra población agrega problemas adicionales a la ya desesperante condición de supervivencia económica, de millones de familias argentinas, víctimas del accionar del “mejor equipo de los últimos 50 años” que destrozo nuestro país a su paso por la Casa Rosada, entre 2015 y 2019.

Sin certezas a la vista del retorno a la llamada “vieja normalidad”, enfrentaremos mientras tanto condicionalidades tanto sanitarias, como laborales, comerciales y económicas impuestas por el virus. Esa situación de excepcionalidad debiera ser también contemplada como tal, en lo referido a la intervención del estado con relación a todo aquello que el mercado no pudo resolver antes y mucho menos ahora.

La pandemia ha profundizado una caída de la economía en el mundo entero que ya no se veía floreciente antes del COVID-19. Nuestro país no es la excepción. En ese sentido, son elogiables las declaraciones de la vicejefa de Gabinete que indican el nivel de conciencia del gobierno nacional del daño producido. Cecilia Todesca Bocco remarcó la necesidad de impulsar la economía “utilizando el gasto público como un acelerador” y consideró que el año próximo “no podemos ir al equilibrio fiscal, ni a nada que se le parezca”.

Kristalina Georgieva, la búlgara hija de trabajadores, que, gracias a la gratuidad de la educación superior en su país, producto del gobierno comunista de entonces, pudo acceder a la titulación universitaria, debe haber escuchado azorada.

El recorte del “gasto público” en detrimento de ciudadanos y a favor de especuladores financieros, es el dogma irrenunciable del FMI, más allá de quien ocupe el lugar de Director. El FMI fue creado para endeudar países y someterlos a condicionamientos de su política interior y exterior a partir de esa dependencia. Si algunos funcionarios aun no lo aprendieron, hay bibliotecas enteras que hablan de ello, muchas de las cuales relatan lo sucedido en nuestro país.

Mientras tanto, el gobierno ha logrado, en el medio de la pandemia, darles previsibilidad de planificación a los pagos de la deuda externa macrista con privados, en sede extranjera y local. Esto no significa importantes quitas y revisiones, pero si un poco de oxígeno en el medio del terremoto del COVID-19. La presentación de la iniciativa del “Aporte Extraordinario Solidario”, para financiar los impactos de la pandemia en los sectores sociales más vulnerables, es otra buena noticia que marca la comprensión de la enorme dificultad socio económica, presente y futura.

Para entender mejor lo que nos espera basta con ver la comparación de las previsiones económicas pre-pandemia y ahora a nivel global. Los cálculos de los organismos multilaterales indicaban a fines del año pasado, un índice de crecimiento previsto promediado del 3% para 2020. Si lo desagregamos se puede observar que el Banco Mundial preveía un 2,5%, el FMI un 3,3%, y la OCDE un 2,9%.

Nada de esas expectativas quedan ya, y la brutal caída de la economía mundial, pandemia mediante, nos ubica hoy en índices que indican una contracción global del PIB mundial que en ningún caso será inferior al 5% y que algunos organismos como la OCDE ubican en un 8%, rebrote mediante.

A pesar de lo sucedido con posterioridad a la crisis de 2008, y aunque la causal que produjo la actual situación es bastante diferente de aquella, la respuesta de los globalizadores financieros es la misma de siempre. Recortes a los trabajadores, a los que menos tienen y a las prestaciones sociales estatales.

La hipocresía es tal, que a ningún país se le ocurrió a la fecha repatriar los fondos escondidos en guaridas fiscales, para sostener la supervivencia económica de los que menos tienen, en medio de una pandemia inédita e histórica.

Como dijera Evo Morales alguna vez “ratificar que el dinero es más importante que la vida en el orden internacional actual se comprende con solo observar, que los capitales tienen protecciones, libertades y derechos, de los que las personas carecen”.

La pandemia lo ha dejado muy en claro, con absoluta obscenidad.

A partir de estas visibles consecuencias económicas de la pandemia, resulta obvio que el acceso a la vacuna será la llave para recuperar la condición sanitaria de la población, pero también para la recuperación de la economía.

En ese sentido no se comprende la negación de las autoridades sanitarias de Nación, para emprender un vínculo de colaboración con todos los proyectos de vacunas existentes.

La carta enviada por el presidente Fernández a su homólogo ruso Vladimir Putin, felicitándolo por el logro de la vacuna Sputnik V precedió a un congelamiento incomprensible de las conversaciones con el gobierno ruso y a una conferencia de prensa armada de apuro 24 horas después. Las descalificaciones del Ministro de Salud al descubrimiento del Instituto Gamaleya, tampoco fueron entendibles.

En esa conferencia de prensa se anunciaría el acuerdo de provisión de una vacuna con un laboratorio privado británico y su representante argentino, financiado por un fondo mexicano.

Esta semana la prestigiosa revista científica “The Lancet” publicó: “la vacuna contra el coronavirus Sputnik V, desarrollada por Rusia, genera anticuerpos contra el virus y no provocó incidentes adversos, según los ensayos clínicos de los investigadores de ese país” y señalo que “el grupo de expertos encontró que dos formulaciones -una congelada y otra liofilizada- de una vacuna que consta de dos partes son seguras, pues no identificaron reacciones adversas de gravedad en más de 42 días e indujeron respuestas de anticuerpos en todos los participantes en un plazo de 21 días”.

La continuidad por estos días, de la negación de la existencia de la vacuna Sputnik V por parte de las autoridades sanitarias de la República Argentina, resulta ya sumamente extraña, sobre todo porque esa opinión no es compartida por importantes gobiernos provinciales de nuestro país, del mismo signo político que el gobierno nacional y tampoco por el propio gobierno mexicano, que ha iniciado conversaciones formales a su pedido, con el Gobierno de la Federación Rusa, para llevar esa vacuna a su país.

La aplicación de la vacuna contra el COVID-19 será la mas importante de las acciones para recuperar la condición sanitaria de nuestra población y también para recuperar a partir de ello, el funcionamiento de la economía.

Caprichos, negaciones y pretensiones de ganancias privadas no pueden caber en este debate. No se debe permitirlo.

Diarios Argentinos