La Unión Europea: entre golpes y desafíos

Por: Tomas Bontempo


Integrante del Grupo Sur Global


Los últimos años han sido un marco para el desarrollo de hechos trascendentales para el futuro de la Unión Europea (UE). Este proyecto integrador, nacido con la iniciativa franco alemana de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, ha sufrido duros golpes desde la asunción de las nuevas autoridades comunitarias en 2019 que muy probablemente marcarán los tiempos venideros.

Uno de los golpes que recibió el bloque fue por la pandemia mundial por el COVID-19 y su severo impacto tanto a nivel económico como social y sanitario en todo el espacio comunitario, así como en las situaciones nacionales de sus miembros, especialmente en España e Italia. Agrietando aún más los cimientos de una unión acechada por el euroescepticismo, la primera ola de Covid-19 mostró a la Unión Europea aún más desunida que durante la crisis migratoria de 2015 donde lo que vino después fue un claro crecimiento de las expresiones de extrema derecha y demostró en las cumbres posteriores que ninguna diferencia estructural entre los países europeos queda fácilmente saldada.

Incluso previamente en enero se había dado la definitiva aprobación del Brexit, la salida del Reino Unido de la unión. Un camino iniciado en el referéndum convocado por el gobierno del ex primer ministro David Cameron, que inició un camino zigzagueante de idas, vueltas y rechazos parlamentarios. Finalmente, luego de la asunción de Boris Johnson el parlamento aprobó el Brexit y comenzaron nuevamente las negociaciones para terminar de definir las condiciones de la salida, hasta ahora, la primera de la historia (sin contar el retiro de Groenlandia en 1982). Las negociaciones continuarán por lo que queda del año y tienen el centro en cuestiones económico-comerciales.

Intentaremos a continuación abordar de forma breve cómo la presente situación y los golpes recibidos por el que ha sido uno de los proyectos integradores más prometedores del globo, ha estimulado y acelerado fenómenos relevantes para su actualidad y porvenir en un plano geopolítico donde se posiciona como potencia de segundo orden, más alejada de Estados Unidos y con fuerte desconfianza a sus vínculos con China.


El COVID-19 y un multilateralismo descoordinado

A fines de marzo, Italia estaba pasando por el famoso pico de contagios registrando números máximos de más de 900 muertos por día desde que se habían diagnosticado los primeros casos de coronavirus en el mes de febrero, con epicentro en la rica región de Lombardía.

Los medios de comunicación cubrían en todo el mundo los duros efectos que el Covid-19 estaba generando en un país donde las medidas de confinamiento habían llegado tarde, habían demorado en cumplirse, y se habían combinado asimismo con otros factores que agravaron la situación: el fuerte recorte en el sector de salud para tratar de equilibrar las cuentas públicas, la convivencia generacional y una población envejecida (1).

Cuando Italia pidió activar el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea para asegurar la dotación de equipos médicos, la respuesta de los demás miembros fue un silencio ensordecedor. Incluso fueron los propios Estados miembros los que estuvieron involucrados en los hechos de cuasi piratería que se experimentaron en los distintos aeropuertos ante el traslado de material sanitario: Francia requiso mascarillas que iban de Suecia destinadas a Italia y España, mientras Republica Checa hizo algo similar con mascarillas y respiradores que Italia había comprado a China. Alemania y Francia incluso prohibieron temporalmente la exportación de material sanitario y cerraron sus fronteras del espacio Schengen (2).

En ese mismo momento, casi en el punto más álgido de la pandemia, Italia registró la llegada de personal médico e insumos sanitarios de países como Cuba, China y Rusia (3). Fue el propio primer ministro Giuseppe Conte, quien expresó en una entrevista con un periódico italiano que debía atenderse la gestión de la situación sanitaria o la UE podría perder su “razón de ser” (4).

Por supuesto que la ayuda europea llegó, aunque tarde y de forma menos publicitada. Fue la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quien lo reconoció el 16 de abril en un discurso en el Parlamento regional mediante las siguientes palabras: “también es cierto que muchos no llegaron a tiempo cuando Italia necesitaba ayuda al principio de todo esto. Y lo correcto es que Europa en su conjunto ofrezca una sentida disculpa(5).

Esta situación se reflejó asimismo en una encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (6), en donde se preguntaba quien había sido el mejor aliado en la gestión contra la pandemia. La respuesta elegida en países como Polonia, Dinamarca, Suecia, Italia, Alemania, Francia y España ha sido muy clara: nadie. Para los italianos más allá de la primera respuesta, el principal aliado ha sido China. Y en todos los nombrados antes excepto Polonia, la Organización Mundial de la Salud apareció antes que la misma Unión Europea.

  

Una respuesta conjunta de una Europa desigual

El escenario pandémico global presiona a la baja a las principales economías del planeta. Según el Banco Mundial, la caída del PBI mundial será la mayor desde la Segunda Guerra. Europa no queda exenta de ello. En el mes de julio Eurostat informó una caída de más del 12% en la economía del viejo continente en el segundo trimestre. Los más afectados fueron España (-18,5%), Francia (-13.8%) e Italia (-12.4%), entre otros. Incluso, según estimaciones de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo se espera que la economía del bloque caiga un 8.7% en 2020 (7).

En este contexto, es posible recordar un film español de 1953 llamado “Bienvenido Mr. Marshall” en el cual se retrataba la preparación de un pueblo español en espera del entonces Secretario de Estado, George Marshall, de quien provenía la designación del plan de la histórica asistencia de los Estados Unidos en el Programa para la Recuperación Europea de 1948. Este mismo plan fue invocado por el presidente español, Pedro Sánchez, quien mencionó la necesidad de un Plan Marshall en una de las reuniones del Consejo Europeo en el mes de marzo.

Así como sucedió en la película mencionada, pero en el actual contexto de la peor crisis sanitaria en décadas y con un sur europeo ya postergado desde las crisis de las deudas de 2008, Marshall siguió de largo otra vez para desaire de España e Italia. Ante la oposición de países como Holanda, no hubo consenso para los coronabonos, aunque sí para que Von der Leyen anunciara la suspensión temporal del pacto de estabilidad y crecimiento(8) aprobado por el Consejo Europeo en 1997 en consideración de la última fase de unión monetaria que se establecía en el Tratado de Maastrich firmado en 1992.

La reunión entre el presidente francés, Emmanuel Macron y la canciller alemana, Ángela Merkel, en el mes de mayo delineó el plan que se presentaría como respuesta a la crisis pandémica. Ese mismo mes, Von der Leyen presentó “Next Generation EU”, un plan de 750 mil millones de euros para estimular la recuperación económica. Esto es lo que se trataría y finalmente aprobaría –con algunas diferencias- en la cumbre del Consejo Europeo en el mes de julio: un mega plan de recuperación de 750 mil millones de euros, con 390 mil millones en subsidios y 360 mil millones en créditos(9).

Una de las peculiaridades es que la Comisión Europea se endeudará por los miembros por primera vez, pudiendo tomar deuda mediante el acceso al mercado financiero a través de la emisión de bonos entre 2021 y 2024 y de esta forma podrá gastar como un Estado, dándole eso capacidad de acción. Asimismo, sumado a este plan, se aprobaron nuevas líneas del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) (10) así como fondos del Banco Europeo de Inversiones que habían sido establecidas en abril por el Eurogrupo.

Sin embargo, el endeudamiento de la Comisión no se logró sin resistencias. Aunque finalmente fue aceptado, los autodenominados frugales –Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia- comenzaron oponiéndose. Solo cedieron ante la obtención de descuentos en su contribución al presupuesto europeo, y luego de que algunos de ellos como fue el caso del primer ministro holandés, Mark Rutte, expresará la necesidad de un compromiso y de reformas estructurales por parte de los países del sur (11). A pesar de los resultados de la cumbre y la necesidad de la Comisión Europea de presentar la misma como una respuesta conjunta a un desafió común, ninguna discrepancia de fondo quedó saldada entre los miembros del bloque.

La gran diferencia vuelve a estar en las disparidades estructurales entre los países del norte y sur de Europa con beneficios desiguales en su acceso al mercado único europeo. La situación replica, mutatis mutandis, el contexto de las crisis de las deudas que se sucedieron en el viejo continente luego de la crisis financiera internacional de 2008, que tuvo un mayor impacto en lo que en ese momento se denominaron despectivamente los Pigs (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España).

Incluso entonces había existido un desacople tangible entre Francia y Alemania cuando esta última había impuesto una postura de austeridad, y también a principios del mandato de Macron cuando este se topó con la reticencia merkeliana a su proyecto de refundación de la UE. Pero los aires parecen haber cambiado y el espíritu del Tratado del Eliseo de 1963 (12) parece revigorizar el estratégico eje franco-alemán que ha inspirado la integración europea desde los tiempos de las comunidades en los años 50’. Por ello, Francia y Alemania tomaron la iniciativa de generar una respuesta conjunta en el marco del bloque del viejo continente, sirviendo incluso de barricada ante la posición de austeridad presentada por los frugales.

Asimismo, en el presente contexto se vislumbra un rol distinto por parte de Alemania quien a partir del 1° de julio asumió la presidencia pro tempore del Consejo Europeo.  Pero ¿en qué se inspira este cambio del liderazgo germano en el espacio europeo? A pesar de que en 2021 habrá elecciones, en el mes de abril Alemania anunció a través de su Ministro de Finanzas, Olaf Scholz, que se abandonaba el superávit fiscal que sostenía de forma inmutable desde hace casi una década: baja inflación, superávit fiscal y una moneda fuerte fueron las altamente valoradas columnas en las que se sostuvo históricamente la economía alemana. Pero a pesar de los comicios venideros y de cómo ello pueda impactar en el electorado, fue la propia Merkel quién expresó que “la Unión Europea se encuentra ante la mayor prueba desde su fundación" (13) y la necesidad de encontrar una Europa más fuerte y que funcione bien.

Alemania parece no querer repetir el contexto de 2008 y los años subsiguientes en donde los teutones responsabilizaron a los países del sur y el liderazgo alemán fue señalado en medio de la crisis griega y sus consecuencias sociales, así como los debates surgidos sobre la salida del Euro. ¿Quiere Merkel renovar el liderazgo alemán restaurando la imagen germana en los socios del sur? ¿O es la posición de los frugales la de una Alemania en las sombras? Lo cierto es que la visión estratégica del liderazgo merkeliano apunta a que esta nueva crisis no debilite más a una Europa que puede quedase atrás disputando el poder internacional.


La Unión Europea en el mundo post COVID-19: el Brexit y la geopolítica mundial

Las relaciones entre los británicos y los miembros fundadores del proyecto europeo nunca fueron calmas. Al momento de surgimiento de la Comunidad Económica Europea en 1958, el Reino Unido planteó la formación de la Asociación Europea de Libre Comercio en 1960 como forma de no embarcarse en proyectos más ambiciosos que implicaban la formación de una unión aduanera con un arancel externo común frente a terceros, y un mercado común a largo plazo.

Posteriormente, y ante el éxito económico de la Comunidad, optó por comenzar negociaciones de ingreso en 1963 que prosperarían recién una década más tarde, luego del retiro de De Gaulle y la desaparición del veto francés de los años anteriores. Pero en 1975, se realizaría el primer referéndum sobre la permanencia en la entonces comunidad propuesto por el partido laborista, dado que el país había ingresado al momento de un gobierno del partido conservador. Sin embargo, en dicha ocasión la voluntad popular fue favorable a la permanencia.

No obstante, las turbulencias continuarían por distintos motivos. En una conferencia en Dublín en 1980, la ex primera ministra Margaret Thatcher pronunció una frase que se volvería famosa: "¡Quiero que me devuelvan el dinero!". El Reino Unido era uno de los países que más aportaba al proceso integrador por tener uno de los sistemas tributarios más eficientes y que menos recibía de las erogaciones del bloque que en ese momento era principalmente lo vinculado a los exorbitantes gastos de una sumamente proteccionista Política Agrícola Común. Este famoso “cheque británico” se renegociaría nuevamente durante los gobiernos de Anthony Blair a principios de siglo.

De esta forma, llegamos al gobierno del conservador David Cameron, quien como forma de saldar las disputas internas en su propio partido, llamó a un referéndum de consecuencias inesperadas: la consulta popular aprobaría la salida del país de la UE, aunque no sin disidencias. Escocia e Irlanda del Norte votarían por permanecer en el bloque, mientras Gales e Inglaterra optarían por el Leave. Las generaciones jóvenes optarían por el Remain, mientras las adultas y de tercera edad votarían mayoritariamente por la salida de la unión. El voto reflejaría una clara diferenciación territorial, etaria y hasta urbana, teniendo en cuenta el voto mayoritario por el Remain en Londres, un centro neurálgico de las finanzas internacionales.

Desde ese momento nada fue automático. El artículo 50 del Tratado de Lisboa marcó la pauta de cómo sería la salida del país del bloque europeo luego de la aprobación del referéndum. El Reino Unido notificó al Consejo Europeo su decisión y comenzaron las negociaciones. La ex primera ministra Theresa May intentó hacer pie entre sus internas partidarias y la negociación con el bloque, sin tener suerte de que el parlamento aprobara lo negociado y que rechazara posteriormente distintas propuestas tanto de soft como de hard Brexit. Su reemplazo en el puesto por el otrora ministro de Relaciones Exteriores y ex Alcalde de Londres, Boris Johnson (ferviente partidario del Leave) resultó en un nuevo barajar de cartas que finalmente logro aprobar el Brexit.

La salida política del Reino Unido se concretó en enero de este año, con la particular imagen de un funcionario retirando la bandera británica del panteón de banderas europeas y simbolizando su posterior ausencia de voz y voto en el proyecto integrador. Pero el 1 de enero de 2021 puede esperarle a la UE otro golpe duro. Ese momento es la fecha límite para arribar a buen puerto en las negociaciones de salida -sin posibilidad de extensión más allá del 31 de diciembre- dado que el Reino Unido aún continúa siendo parte de la unión aduanera y el mercado común europeo. Es decir, en lo económico aún nada ha cambiado.  

Las importaciones y exportaciones del Reino Unido a la UE fueron del 53% y 45% respectivamente en 2018. El bloque es el principal socio comercial de la isla y tiene mayor necesidad de un acuerdo. En el informe del Grupo de Estudio sobre Negociaciones Comerciales Internacionales (GENCI) (14) de la Universidad Nacional de Rosario de Mayo del presente año, se destaca la existencia de distintas estrategias en las partes involucradas. La UE quiere un acuerdo marco y mantener ciertos estándares en materia social y medioambiental, manteniendo de esta forma la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia. Por otro lado, el Reino Unido pretende lograr múltiples acuerdos en referencia a las diversas temáticas, así como un acuerdo de libre comercio de bienes y servicios. Justamente este último sector es donde posee un interés ofensivo estratégico y competitivo y donde tiene superávit con el bloque europeo –a diferencia del comercio de bienes- y un sector que la UE quiere proteger. Algo similar sucede con la pesca, que el bloque pretende incluir este sector en el acuerdo mientras el Reino Unido se niega.

Por supuesto que además del comercio, existen otros temas en la agenda de negociaciones entre ambas partes: compromisos financieros, ciudadanía y migraciones, frontera de Irlanda e Irlanda del Norte, entre otros. Todo esto transcurre en medio de duelos verbales de alto nivel, en los cuales incluso el encargado de las negociaciones por el lado británico, David Frost, expresó que el Reino Unido no será un “Estado Vasallo” del viejo continente (15) y que su país no teme dejar la UE sin acuerdo.

Sumado a esto, y para agitar aún más las aguas del canal de la mancha, se presentó en el parlamento británico una ley del mercado único que podría imponer controles de forma unilateral en la frontera de las dos Irlandas como parte de su política comercial. Esto incumpliría con el tratado de salida de 2019, donde la UE y el Reino Unido se comprometieron a que continuarán sin existir fronteras físicas, permaneciendo tal como estableció el acuerdo de paz de 1998. Fue incluso, Brandon Lewis, el ministro británico para Irlanda del Norte, quien aceptó que lo presentado en el parlamento "viola el derecho internacional" (16).

Finalmente, Johnson puso el 15 de octubre como fecha límite para llegar a un acuerdo. Un hard Brexit podría afectar de forma tangible la recuperación económica del bloque europeo, especialmente en aquellos sectores que representan los principales flujos de comercio entre ambos donde aparecerían nuevamente los aranceles y las barreras aduaneras. El bloque ya sufrió el golpe político del retiro del Reino Unido, y las negociaciones no representan únicamente un nuevo costo económico comercial. La Unión Europea debe enviar una señal fuerte como resultado de estas: irse sale muy caro.  ¿Podrá lograrlo o el ex miembro rebelde logrará su objetivo?

Por otro lado, en el marco geopolítico en el que se está desarrollando esta novela digna de eurovisión o de una serie de Netflix, la UE busca una visión estratégica de cómo pararse frente a las disputas interhegemonicas de Estados Unidos y China. Con el primero de estos, otrora aliado histórico del viejo continente, tuvo desde el inicio de la administración Trump un desalineamiento constante. A pesar de que algunos jefes de Estado como Emmanuel Macron quisieron acercarse al presidente estadounidense, la realidad es que las disonancias se plantearon en múltiples campos multilaterales, como es el caso de la defensa en el marco de la OTAN, entre otros.

Sin embargo, en lo que respecta a China, en el mes de junio del presente año se realizó la 22° Cumbre entre la Unión Europea y el gigante asiático (17). En ella, Van der Leyen expresó los vínculos como una asociación estratégica, en temas como comercio, cambio climático, tecnología y defensa del multilateralismo. Asimismo, enfatizó, que las mismas deben estar basadas en reglas a la par que esgrimió la necesidad de avanzar en un acuerdo de Inversiones –negociado hace 7 años y particularmente sobre empresas de propiedad estatal-, así como un acuerdo de indicadores geográficos y acceso a mercados para el sector agroalimentario europeo, entre otras cuestiones. En pos de sus planes de soberanía tecnológica y de lo conversado en esta cumbre sobre transparencia digital, la UE no solo busca mayor acceso al mercado chino sino también que el país asiático reduzca las ayudas a las compañías estatales entiendo que eso deja en desventaja a las europeas.

Justamente es en el plano económico y la fuerza de su mercado único donde el bloque se encuentra mejor parado como jugador global, para establecer normas y reglas en un mundo en guerra comercial por las disputas interhegemonicas así como por el actual escenario pandémico. Pero la relación con China no se limita a ese aspecto, la UE sabe e incluso expresa que no tienen los mismos valores o sistemas de gobierno, pero una relación más simétrica con este gigante es necesaria para afrontar los diversos y complejos problemas globales. La relación con China como lo marcan los propios comunicados del Consejo Europeo es tanto una necesidad como una oportunidad, así como está marcada por la desconfianza.

En la publicación de análisis internacional “Política Exterior”, Josep Borrell, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad desde diciembre de 2019 mencionó que “la unidad es fundamental en todos los terrenos de nuestra relación con Pekín, porque ningún Estado europeo es capaz de defender solo sus intereses y sus valores frente a la dimensión y la potencia de China”. 

Borrell generaliza esta postura con China en algo más general: la autonomía estratégica del bloque o lo que se menciona como la doctrina Sinatra, la forma de la UE de actuar “a su manera”, tal como decía la letra interpretada por el famoso cantante norteamericano. Una forma propia que evite un alineamiento tanto con China como con Estados Unidos y que preserve su soberanía afianzando sectores estratégicos especialmente los económico-tecnológicos. No quita ello, la existencia de cooperación con socios estratégicos que pueden resultar también competidores y rivales sistémicos, como es el caso de China.

Esto nos plantea interrogantes variados: ¿El escenario pandémico y de guerra comercial han reforzado a la UE? ¿Puede el bloque posicionarse como actor global más fuerte? ¿Puede asumir en este contexto algún tipo de liderazgo afianzado en su potencia económica? Como mencionamos al referenciar a Borrell, la visión estratégica de la UE en materia de política exterior gravita sobre una postura favorable a ello. Se asienta asimismo en la promoción de los valores e intereses europeos a nivel internacional.

Sin embargo, esta percepción del bloque sobre sí mismo debería complementarse también con la imagen exterior que el resto de los actores tienen de él. Sonia Lucarelli (18), de la Universidad de Torino, resalta esta cuestión poniendo en valor las diferencias entre la percepción que tiene Europa de sí misma y aquella que tienen de Europa los demás. Esto permite indagar acerca de la identidad construida a partir de imágenes externas, es decir, la auto identificación construida a través de otros, mediante por ejemplo las políticas concretas llevadas a cabo por la UE y el reconocimiento que los Otros le conceden a su papel en el mundo. Pero ¿son los mismos los valores que se adjudica con los que efectivamente actúa? ¿Percibe el mundo a la UE como un jugador global de peso?

Si bien el presente escenario tanto mundial como regional presenta sus particularidades únicas, no es la primera vez que el proyecto integrador europeo aborda retos de magnitud histórica, aunque el presente puede ser tal vez uno de los más difíciles a abordar. Europa está hoy en una crisis económica con un regionalismo golpeado por el Brexit y que reacciona tarde y del cual cada vez parece ser más difícil mantener su cohesión. ¿No afecta acaso eso su proyección internacional? ¿Podrá Europa experimentar el resurgir geopolítico que se propone en materia exterior o concluirá su proceso de transformación en una potencia de segundo orden a la luz de la desconfianza con China y la desalianza con los Estados Unidos? Algunos de estos retos tienen también un desafío interno por afrontar: el crecimiento de los movimientos euroescépticos.


Un peligro interno: el acecho de la extrema derecha anti europea

Los partidos euroescépticos (o denominados pretenciosamente “populistas” por la Ciencia Política europea) no son un grupo homogéneo, están cruzados por diferencias programáticas y geopolíticas pero han logrado grandes avances en Francia (Reagrupación Nacional), Italia (Lega), Reino Unido (Brexit Party), Bélgica (Vlaams Belang) y Polonia (Ley y Justicia), además de otros casos como Amanecer Dorado en Grecia, los demócratas suecos, Fidesz y Jobbik en Hungría, la Alianza de Ciudadanos Descontentos en Republica Checa, el Partido Demócrata Esloveno o AfD en Alemania.

Luego de las últimas elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2019, el Partido Popular Europeo y el Grupo Socialistas y Demócratas continúan siendo las dos agrupaciones de partidos políticos más grandes del recinto. Sin embargo, ya no disponen de los 376 parlamentarios necesarios, por lo que se modificó el bipartidismo, conocido popularmente como la Gran Coalición, que había estado presente desde 1979 cuando los eurodiputados se eligieron de forma directa por primera vez. Es decir, estos últimos comicios regionales trajeron consigo una reconfiguración de la gobernanza europea, dada la perdida de terreno –lease escaños- en Bruselas de las fuerzas tradicionales, a la par del avance de la extrema derecha, aunque también de los liberales y los verdes y la cristalización de un clivaje europeísmo-euroescepticismo que moldeará la vida parlamentaria del bloque europeo.

En el caso de las fuerzas euroescépticas en sus distintos grupos y variantes representan un aproximado del 23% del Parlamento Europeo (19). El resultado obtenido por La Lega en estos comicios transformó a Italia en el país que más eurodiputados de ultraderecha aporta al órgano legislativo del viejo continente, seguido por Hungría, Polonia y Reino Unido. Pero este avance, aunque fue finalmente moderado en comparación a lo que auguraban las encuestas les permite consolidar además un avance mayor generado en los últimos lustros a nivel nacional y regional.

Por ejemplo, el mapa electoral del referéndum de 2016 en el Reino Unido para el retiro de la UE se corresponde con el voto al nuevo Brexit Party de Nigel Farage en las elecciones de mayo de 2019 al PE, en las cuales este partido reciclado del viejo UKIP (20) (el United Kingdom Independence Party) fue el más votado con un 33%. Recordemos además, que al momento de los resultados que vislumbraban el triunfo del Leave, distintos movimientos de extrema derecha alrededor del viejo continente agitaron la idea de llevar adelante el mismo proceso en sus países. Incluso, la francesa Marine Le Pen, durante una reunión de la extrema derecha europea en 2017 en Coblenza, Alemania, expresó que “estamos viviendo el fin de un mundo y el nacimiento de otro. ¡Es el regreso de los Estados-Nación!” 0. Este discurso continúa pisando con fuerza e incluso ha ganado nuevos adherentes como los Gilet Arancioni encabezados por el Generale Pappalardo, que niegan el Covid-19, se oponen a la UE y al Euro, proponen el retorno de la lira y simpatizan con agrupaciones de carácter fascista como Casapound (22)

Esta idea del retorno de la nación fue explorada por el sociólogo de origen polaco Zygmunt Bauman (23): la nación remerge como garantía frente a los males de una globalización con efectos adversos. Este discurso no es exclusivo de Le Pen, sino que se erige alrededor de la idea de la Nación, con lemas como “au nom du peuple” o “prima gli italiani”. La idea fuerza de la ultraderecha euroescéptica: que la nación vuelva a ocupar el lugar del que había sido desplazada por la euroburocracia de Bruselas.

Recordando el contexto geopolítico mundial que mencionamos previamente, cabe hacer mención de un fragmento de la entrevista realizada a Anthony Blair por el diario The Independent. En la misma, el ex premier británico esgrimió su visión de las grandes naciones –China, Estados Unidos e India- que estarán en la mesa chica para mediados de siglo, señalando que la opción para los países medios como los europeos es juntarse en uniones más sólidas –como la UE- que le permitan hacer frente a los desafíos y tener algo de influencia en esa estructura de poder. El Brexit, que selló la separación del Reino Unido de la UE fue para este un acto de auto daño: “what on earth would induce you to think that you are going to gain by giving up that relationship? I mean it is an unbelievable act of self-denial”. A fin de cuentas y como completó seguido de ello el propio Blair: “power is power”.



Referencias

(1) Ver Federico Larsen. El virus que torció la historia de Italia. Disponible en La Tinta: https://latinta.com.ar/2020/04/el-virus-que-torcio-la-historia-de-italia/

(2) El País. Bruselas urge a los países a poner fin al bloqueo de material sanitario. Disponible en: https://elpais.com/sociedad/2020-03-19/bruselas-urge-a-los-paises-a-poner-fin-al-bloqueo-de-material-sanitario-esencial.html

(3) El Confidencial. Doctores rusos y mascarillas chinas: Italia se vuelve el escaparate de la solidaridad global. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-04-16/ayudas-solidaridad-italia-coronavirus_2552227/

(4) RT. El primer ministro de Italia afirma que la UE puede "perder su razón de ser" si no logra gestionar la crisis del coronavirus. Disponible en: https://actualidad.rt.com/actualidad/347953-primer-ministro-italia-afirmar-ue-perder-razon-ser

(5) El Diario.es, Von der Leyen: la UE debe una disculpa a Italia por tardar en reaccionar. Disponible en: https://www.eldiario.es/politica/von-leyen-ue-italia-reaccionar_1_2720207.html

(6) La Vanguardia. Los europeos quieren una UE fuerte en la escena internacional. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200629/482008561727/encuesta-europea-diarios-encueesta-fuerte-estados-unidos-china.html

(7) La Nacion. Coronavirus: uno por uno, cómo fue el derrumbe de la economía en los países de la eurozona. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/coronavirus-economia-eurozona-se-contrajo-devastador-121-nid2409262

(8) En 1997, el Consejo Europeo de Ámsterdam aprobó el pacto de estabilidad y crecimiento vinculado al cumplimiento de ciertos estándares en materia de disciplina presupuestaria tales como déficit de presupuesto público, gastos de endeudamiento, tipo de cambio y tasa de inflación.

(9) Ver conclusiones de la reunión especial del Consejo Europeo del 17 al 21 de Julio de 2020: https://www.consilium.europa.eu/media/45109/210720-euco-final-conclusions-en.pdf

(10) El Mecanismo Europeo de Estabilidad es un organismo intergubernamental creado por el Consejo Europeo en 2011, luego del escenario de las crisis de las deudas que había hecho que algunos países de la zona euro no tuvieran acceso a los mercados financieros. Chipre, Italia, España y Portugal fueron algunos de los países asistidos con ayuda financiera mediante este mecanismo.

(11) Europapress. Rutte pide a España e Italia un "claro compromiso" para hacer reformas a cambio de las ayudas europeas. Disponible en: https://www.europapress.es/economia/macroeconomia-00338/noticia-rutte-pide-espana-italia-claro-compromiso-hacer-reformas-cambio-ayudas-europeas-20200717121042.html

(12) CharlesDe Gaulle y Konrad Adenauer firmaron en el salón Murat del Palacio del Eliseoel tratado que lleva su nombre y que sienta las condiciones de la relación deamistad entre los antiguos rivales.

(13) DW. Merkel: la UE enfrenta el "mayor desafío" de su historia por coronavirus. https://www.dw.com/es/merkel-la-ue-enfrenta-el-mayor-desaf%C3%ADo-de-su-historia-por-coronavirus/a-53040532

(14) Ver El estado de las Negociaciones Comerciales Internacionales. Informe 1-2020. “Las negociaciones comerciales internacionales en tiempos de COVID-19”.

(15) DW. ”El Reino Unido no será “Estado Vasallo” de la Unión Europea, dice negociador británico.  https://www.dw.com/es/reino-unido-no-ser%C3%A1-estado-vasallo-de-la-ue-dice-negociador-brit%C3%A1nico/a-54828969

(16)France 24. Brexit: Londres admite que podría violar acuerdos adquiridos con la Unión Europea. https://www.france24.com/es/20200909-brexit-londres-podria-violar-acuerdos-union-europea

(17) Consejo de la Unión Europea. Cumbre UE-China por videoconferencia, 22 de junio de 2020. https://www.consilium.europa.eu/es/meetings/international-summit/2020/06/22/

(18) Lucarelli, S. (2012). Perceptions of the EU in Multilateral Settings (and beyond). En K. E. Jørgensen, & K. V. Laatikainen, Europe and International Institutions: Performance, Policy, Power. Rotledge. (Traducción del autor).

(19) Los grupos como el movimiento Identidad y Democracia (ex Europa de las Naciones y de las Libertades), Europa de la Libertad y la Democracia Directa y el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, nuclean 178 bancas y agrupan en buena medida, a las fuerzas políticas euroescépticas.

(20) El plebiscito de 2016 que dio lugar al Brexit fue fogoneado por el UKIP (United Kingdom Independence Party), un partido político sin representación en el Parlamento británico, pero que había ganado las elecciones parlamentarias europeas en 2014. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, el ex ideólogo del UKIP, Nigel Farage, volvería a obtener la victoria pero con un nuevo partido, el Brexit Party.

(21) Europapress. La extrema derecha europea reivindica el renacimiento de las naciones-estado en una cumbre en Coblenza. https://www.europapress.es/internacional/noticia-extrema-derecha-europea-reivindica-renacimiento-naciones-estado-cumbre-coblenza-20170121125752.html

(22)Il Manifesto. «Il Covid è un trucco». Gilet arancioni in piazza. https://ilmanifesto.it/il-covid-e-un-trucco-gilet-arancioni-in-piazza/

(23) Ver Bauman, Zygmund (2016). Extraños llamando a la puerta. Buenos Aires. Paidos.

 

 

 

Sobre el Autor

Tomás Bontempo es doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Es magister en Integración Latinoamericana (UNTREF) y estudió en la Universidad de Torino (Italia). Es profesor de las carreras de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad del Salvador (USAL).