La sociedad civil del macrismo

Por: Sergio De Piero

El gobierno de Mauricio Macri se encamina próximo a cumplir tres años de mandato. Su perfil, su esencia, ya está definido; pocas novedades sustantivas nos deparan el año y poco más que restan hasta diciembre de 2019. El macrismo es esto, cualquiera sea el énfasis que coloquemos en su evaluación. Lo que parece bastante claro es que el macrismo no es “mucho”.

Su prometida refundación (política, económica, cultural) se ha ido desvaneciendo y así asistimos a viejas recetas de ajuste, al retorno de antiguos socios económicos como el FMI, o el regreso a ciclos políticos encabezados por construcciones de la derecha que se hicieron sentir en nuestra historia, signadas por el elitismo y la ausencia de políticas de integración. 

Para sostener estos lineamientos generales, Cambiemos depende, como todo gobierno, de una serie de alianzas para sostener sus políticas. Se gobierna para todos, pero no con todos: se preside con una alianza bien definida de aliados, algunos mas cercanos que otros, dispuestos a sostener el rumbo del gobierno, aun cuando el horizonte se muestre nuboso, porque se confía en la conducción y en los principios básicos que la sostienen. Algunos aliados del macrismo pueden observarse porque el vínculo es transparente: en términos políticos, el radicalismo y la Coalición Cívica han aceptado desde 2015 formar parte del armado, aun cuando los espacios políticos que obtuvieron no impliquen participar de la mesa que toma las decisiones centrales. 

En cuanto a la dimensión económica, no caben dudas de cuáles sectores se sienten a gusto con las decisiones que emanan desde el Ministerio de Hacienda y desde el BCRA: el mundo financiero y el complejo agrícola-ganadero son los principales beneficiaros de las políticas llevadas adelante, mientras que todos los vinculados al mercado interno sufren, día a día, las consecuencias de las políticas económicas: desde las trabajadoras y los trabajadores hasta pymes y empresas aun mas grandes volcadas a vender en el mercado interno. 

Todos padecen la política de ajuste y recesión en marcha, cuya escalada parece no detenerse. Ahora bien, todo gobierno necesita también del acompañamiento de algunos sectores de la sociedad civil y sus organizaciones, para sostener el ejercicio del poder democrático, amén del soporte que otorgan los procesos electorales. Para ponerlo en perspectiva comparada: el kirchnerismo se nutrió de apoyos provenientes de espacios no identificados con el peronismo necesariamente, con capacidad de movilización y articulación desde otras dinámicas y pertenencias. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, junto a otros organizamos de derechos humanos, acompañaron los tres gobiernos. Diversos movimientos sociales de desocupados se acercaron ya en el año 2003; movimientos territoriales, de jóvenes, distintos sectores populares, feministas, entre otros. 

Propia de la construcción populista, el kirchnerismo se nutrió de apoyos diversos que encontraron en su construcción política de gobierno, por tanto en sus políticas públicas, algunas respuestas a demandas que estos espacios de la sociedad civil portaban y que vieron allí un gobierno que respondía. A ello debemos agregar el engrosamiento de la militancia partidaria y, en particular, el acercamiento de jóvenes que dieron un apoyo relevante. Ese acercamiento fue clave para una construcción política que se mantuvo en el gobierno durante 12 años. 

Con el macrismo la situación no parece funcionar de igual modo. El PRO es un partido prácticamente sin militantes, sin asentamiento territorial, algo más tal vez en municipios donde es gobierno, pero cuyos rostros no se ven en los barrios, salvo cuando toca el timbreo. El PRO, al igual que la Coalición Cívica, es un partido con escasos seguidores, baja convocatoria a la ciudadanía a un compromiso formal con el partido. Quizás esto sea una marca de las llamadas nuevas formas de hacer política. Pero tampoco podemos encontrar agrupamientos sociales que expresen públicamente su apoyo a las políticas gubernamentales. Está claro que el macrismo no construye poder desde allí: no es en las calles, en la militancia barrial o en la deliberación y la acción de los movimientos sociales que espera fortalecer su legitimidad de gobierno. Son otros los actores convocados a tal fin. Pero construye relaciones con espacios de la sociedad civil. 

Cuando nos referimos a este espacio, sabemos que se trata de uno cuyos límites son imprecisos. “Sociedad civil” puede ser una expresión que termine abrazando realidades muy diversas e incluso contradictorias. La literatura de las ciencias sociales se ha explayado sobre esto, que no podemos detenernos aquí a analizar. Pero nos referimos a espacios de organización que no buscan acceder al poder político, ni a acumular capital, aunque desde luego están atravesadas por la política y la vida económica, pero no son sus puntos centrales de organizaciones. 

En el caso del macrismo, parece claro que existe una tendencia a vincularse a organizaciones que no disocien a la sociedad civil de la sociedad de mercado, antes bien, se vincula a entidades que tiendan fortalecerla: el presidente ha sido bienvenido en las muestras de la Sociedad Rural Argentina y en general los funcionarios juegan de local en los encuentros de las cámaras empresariales de los grupos más grandes. El mismo presidente habla en primera persona cuando concurre a estas reuniones. La gobernadora María Eugenia Vidal lo hizo en un encuentro con miembros del Rotary (un tipo de organización que suele reunir a empresarios o profesionales liberales). “Los que estamos acá sabemos que lo pobres no llegan a la universidad”. Algunas ONG’s profesionalizadas suelen estar cerca del gobierno: Cippec y Poder Ciudadano, por citar a dos de las más conocidas, no expresan una pertenencia formal al gobierno, pero acompañan en el desarrollo de distintas políticas y participan en espacios destacados. Cámaras empresariales y algunas organizaciones profesionalistas son las elegidas para establecer el vinculo del macrismo con buena parte de la sociedad. A ello debemos sumar las organizaciones volcadas a la beneficencia, que atienden demandas de alimentos y otros bienes básicos; vinculadas generalmente al mundo empresario, se suele destacar el hecho de “no tener relación partidaria”, como garantía de una “buena intención”. 

En cuanto a la relación con los sectores populares, el gobierno no ha llevado adelante la construcción de espacios propios (lo cual parece una tarea ímproba en su caso), sino que apela a la negociación con organizaciones que no le son propias y que le garantizan cierta presencia de modo indirecto en el territorio, o dicho de otro modo, evitar que la grave situación social llegue a manifestaciones de crisis. Alentó en algunos momentos la movilización de voluntarios, a través de ciertas organizaciones sociales, pero ese impacto parece marginal.

Al mismo tiempo, aquellas organizaciones elegidas por el macrismo, han sido proveedoras de funcionarios, incluso en cargos electivos; las ONG se convierten en una suerte de escuela de cuadros; las cámaras empresariales, en administradoras de su propia regulación. El otro espacio que visiblemente ha sido convocado por el macrismo es el periodismo. No provienen de la sociedad civil en los términos que aquí se presentó, pero son percibidos como mediadores sociales y en ese rol, mujeres y varones son presentados como “representantes de la gente” para ocupar también algunos cargos en el Estado.  

Estas son las mediaciones que el gobierno elige de cara a la sociedad civil; las mismas, en lugar de construir nuevos puentes hacia sectores que le son lejanos (como el amplio campo de lo popular) parecen reforzar el elitismo que caracteriza al macrismo desde sus orígenes. Como señalé, la sociedad civil es un espacio complejo y dinámico, en intereses, identidades y prácticas. Esa diversidad es la que logra que aun las expresiones que no son convocadas, sigan presentes y visibles en el espacio público, que se resiste a diversas formas de elitismo.

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