La “seguridad”, esa buena excusa colombiana

Las protestas iniciadas en repudio de la reforma tributaria impulsada por el presidente Iván Duque han dejado como saldo varios fallecidos, cientos de desaparecidos y detenidos en manos de la fuerza de seguridad y de las fuerzas armadas.


La autora es Integrante del grupo Amauta


Desde el 28 de abril la situación en Colombia se ha convertido sin dudas en un escenario desgarrador. Las protestas en repudio de la reforma tributaria impulsada por el presidente Iván Duque han dejado como saldo varios fallecidos, cientos de desaparecidos y detenidos en manos de la fuerza de seguridad y de las fuerzas armadas.

Los puntos centrales que la reforma tributaria buscaba impulsar incluían la ampliación de la base tributaria, la institucionalización de la renta básica, la deuda y la atención sobre las calificadoras de riesgo internacionales, la creación de un fondo para la conservación ambiental, entre otros puntos.

Sin embargo, las cuestiones estructurales que afloran son mucho más profundas que la reforma, la cual puede ser considerada el detonante del conflicto. Según informó Gonzalo Fiore Viani en su newsletter T.E.G, Apuntes para entender el tablero mundial, que sale en colaboración con Politólogos al Whisky, la pandemia del Covid-19 ha tenido graves efectos tanto sanitarios como sociales en el país. Esta situación no sólo se refleja en el elevado número de muertos, sino también en el bajo porcentaje de la población que accedió a la vacunación. Asimismo, las cifras de desempleo, pobreza e indigencia aumentaron de manera exponencial, evidenciándose en el incremento de desocupados, el cierre de comercios y la cantidad de familias que se encuentran bajo la línea de pobreza.

En este panorama, las denuncias de distintos organismos de derechos humanos sobre la violencia y la brutalidad policial van in crescendo a medida que pasan los días. Para tomar dimensión, María Fernanda Valdés y Kristina Birke, traían a consideración en un artículo en la Revista Nueva Sociedad que las violaciones de derechos humanos por parte de la policía superan, en solo cuatro días, las cometidas en Chile durante varios meses de protesta en 2019.

Y es que la “seguridad” siempre fue una buena excusa para Duque y para su mentor, Álvaro Uribe. La debilidad en la ejecución de los Acuerdos de Paz de 2016 y los múltiples intentos llevados a cabo por la oficialidad para restarle vigor a las negociaciones, es una muestra de la fuerza que tiene el discurso de la seguridad en Colombia. Como sostiene Jerónimo Ríos Sierra, el uribismo, perteneciente a una suerte de conservatismo recalcitrante, siempre estuvo más cómodo bajo la mano de un Estado fuerte que proveyera a su sociedad de seguridad a cambio de limitaciones a la libertad. En este sentido, el combate a la guerrilla y la persecución de un adversario claramente determinado, facilitaban enormemente la construcción del enemigo político y chivo expiatorio de la política y de los problemas de Colombia. Mientras la guerrilla estaba en vigencia, el anclaje “paz/seguridad” era un excelente aglutinador donde decantaban todos los problemas sociales. Cuando ese eje discursivo perdió fuerza, los problemas de fondo que se mencionaban al inicio quedaron al desnudo y las tensiones que subyacían en la estructura social colombiana fueron lentamente evidenciándose. Como mencionaba Ríos Sierra, sobre las protestas del 2019, sin el soporte del conflicto armado, las movilizaciones tienen todo a su disposición para visibilizar, problematizar y politizar numerosas necesidades maltrechas durante décadas.

Lamentablemente, las últimas declaraciones en Twitter de Álvaro Uribe demuestran que no ha cambiado de parecer. Frente a las incisivas desigualdades sociales, la única respuesta que imagina el oficialismo es la militarización de la protesta pública. La pregunta que subyace, finalmente es: ¿Cuánta desigualdad puede soportar una democracia?


Sobre la autora 

Victoria Musto Barello es Licenciada en Relaciones Internacionales, adscripta a la asignatura Historia de las Relaciones Internacionales Latinoamericanas y Argentinas (FCPOLIT - UNR), conductora del programa Café Internacional y periodista para Conclusión.

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