La sedición

Por: Ricardo Rouvier

El año pasado asumió un nuevo gobierno fruto de una coalición reunida en poco tiempo y con el fin de sumar voluntades para evitar la reelección de Macri. La estrategia dio resultado, consagrando una paradoja institucional donde la candidata a vice eligió al candidato a Presidente.  Cristina Fernández de Kirchner tenía votos propios y los hizo valer,  aportando a la alianza más que nadie, aunque ese aporte representaba un recorte del electorado que establecía un límite de crecimiento y que servía para ganar sólo si se incluían a otros peronismos.  

Decíamos en diciembre del 2019 que el nuevo gobierno asumía con una agenda muy compleja; una enorme deuda externa, recesión dada por una declinación del PBI, incremento de la desocupación, caída de los ingresos reales, alta inflación. Cualquier observador podía anticipar escenarios de conflicto social, puja distributiva, lucha de intereses y disputa ideológica. Considerando el agravamiento de la situación social que había dejado el macrismo, la mirada atenta se depositó en los espacios en lo que lo social se expresa como necesidad. Se suponía que podían estallar los movimientos sociales o el sindicalismo sino se administraba la explosión de la demanda.

El escenario empezó a desplegarse con un gobierno de Alberto Fernández, marcado por la moderación y con la promesa del diálogo y la unidad nacional, hasta que el 19 de marzo se develó un problema grave e inesperado: la naturaleza nos amenaza con un agente vivo, desconocido, con el cual habrá que convivir hasta la vacuna. Entonces se agravó, aún más, la agenda de la gobernabilidad. Y el conflicto con los sectores sociales que en diciembre nos planteaba un escenario controversial, por el contario, permaneció encuadrado en las organizaciones, desarrollándose las paritarias normalmente y, en el caso de sectores más necesitados no agremiados, encontrando en el Estado la ayuda a familias y pymes.  Por supuesto que esta ayuda estatal es fundamental, pero no una garantía para el futuro. El futuro debería ser poblado con una amplia reactivación económica.

Lo no esperado era que surgiera un conflicto en un sector social no sindicalizado, como lo es la policía bonaerense, con una demanda que desnuda un problema legítimo, los ingresos que cobran de bolsillo gran parte de la dotación se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Este problema que viene de mucho tiempo, se agravó con la ausencia de los adicionales por la pandemia. Con un grado de inorganicidad, los efectivos ganaron la calle, exhibiendo lo que el Estado les provee: uniforme, vehículos y armas. La movida sin límites, rompió la cadena de mandos, interpelando al Gobierno de la Provincia y de la Nación. El hecho de que esta protesta  haya sido pacífica no evita la caracterización de sedición. Decenas de efectivos que constituyen una fuerza poderosa y que la política, desde hace varias administraciones, no logra resolver, se manifestaron alrededor de la residencia presidencial y la casa del Gobernador, siendo esto el punto culminante de la provocación.  

La realidad es que el Gobierno, de pronto, se encontró interpelado e interpelando al movimiento policial.  Hubo un gran desorden en la comunicación que se estableció entre unos y otros en las  puertas de Olivos.  Por un lado, no  había un interlocutor representativo de los insubordinados y, por el otro, no se entendía por qué los funcionarios salieron a la vereda a tratar el tema.  Una insolencia se escuchó al pedirse que si el Pte. quería negociar que bajara a la calle.

Surgen interrogantes que tienen que ver con el conflicto y con espacio político-territorial. Es extraño que no se haya podido prever esto, a pesar de que se anticipó por redes sociales. El epicentro fue en la tercera sección electoral, una región de larga predominancia peronista. La red de comunicaciones entre funcionariado municipal, militancia y fuerzas de seguridad, no funcionó, y produjo un hecho que superó los límites. Algunos esgrimieron razones conspirativas, pero nos parece que no hubo tal conspiración, si bien la oposición aprovechó el hecho,  sino una gran dificultad para conducir el conflicto.

El Presidente finalmente anunció la resolución del problema, en un escenario en que el Gobernador de la provincia afectada apareció en un segundo plano. La solución que presentó el Gobierno Nacional consistió en tomar un punto de la coparticipación de CABA para transferirlo a la Provincia. Por supuesto esto generó un rechazo del Gobierno de la Ciudad, en un acto en que Larreta pareció lanzar su candidatura. La verdad que esta redistribución de ingresos sobre el presupuesto porteño fue anticipada por CFK a fines del año pasado en un acto público en que ubicó a la Capital Federal como parte de la injusticia social. A esta altura, se sabe la importancia que CFK como jefa política le otorga al territorio bonaerense para una arquitectura de poder.  

No escapa al problema la presencia/ausencia del Ministro Berni, un hábil declarante en los medios, que no niega su carrera electoral. Su gestión ha sido cuestionada por muchos Intendentes y no mantiene una fluida comunicación con la fuerza de seguridad. A pesar de que algunos descontaban su desplazamiento, el Ministro fue confirmado en su puesto. Esto muestra que la estrategia sigue siendo combinar por izquierda la gobernación de Kicillof, contando con un discurso hacia derecha con el que se identifica un sector de la población que piden a un Estado más punitivo respecto al delito. Es una manera de ofrecer un rango más amplio para las elecciones del 2021.

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