La resignificación de los cuidados es una tarea colectiva

OPINIÓN. Reflexionemos sobre los vínculos que tenemos, en las relaciones hogareñas en las que permanecemos o elegimos, en la educación que le damos a los niños, incluso cuando no seamos padres o madres. Invitemos a los varones, a las diversidades y a otras mujeres a considerar estas cuestiones.


La pandemia y la cuarentena como medida político-sanitaria nos obligó como sociedad a observarnos y observar detenidamente los vínculos económicos, la interacción social, el uso del tiempo y en definitiva aquello que construimos de manera colectiva.

Empezamos a detenernos en detalles que hacen a las costumbres y al orden establecido y que el tiempo había naturalizado, por ejemplo: las tareas de cuidado.

Los domingos de limpieza se eternizan porque ahora pasamos más tiempo en casa y nos vemos obligados a reforzar la higiene diaria para combatir un virus que acecha - en estos días con más fuerza-. El problema se complica cuando las obligaciones conviven: la oficina y la cocina están una junto a otra, los pibes demandan la misma atención que los/as jefes y el tiempo “libre” es difícil de encontrarlo.

Entonces, quizás -y teniendo en cuenta la diversidad de hogares existentes-, muchas familias se tuvieron que reorganizar para que los adultos que trabajan la misma cantidad de horas y en la misma franja horaria puedan cumplir también con el cuidado de niñes, adultos mayores o personas con capacidades diferentes que necesitan asistencia permanente. Tener a los niñes en casa hoy no solo implica atenderlos o hacerles las comidas, también hay que educarlos. No es la realidad de todos los argentinos, pero es una realidad que podemos imaginarnos con facilidad.

Lo importante no es solo reorganizar el tiempo en casa para cumplir con el trabajo, es reflexionar sobre lo que implican las tareas de cuidado y sobre quién recaen comúnmente: las mujeres. A propósito de ésto, Lucía Cirmi, economista y Directoral Nacional de Políticas de Cuidado del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación opinó en el marco de una charla organizada por el Centro Cultural de la Cooperación: “Los días son eternos, se siente una sobrecarga fuerte que tiene que ver con este contexto específico y con la poca participación de los varones. Siguen sin estar bien distribuidas las tareas del hogar”.

El sector público y privado reglamentaron de hecho el teletrabajo (por el contexto) y con su eventual normalización surgieron necesidades en la práctica, por ejemplo, el derecho a la desconexión; ahora el problema e incluso la culpa pasa por dejar de atender el teléfono después de las 18 hs, los feriados y los fines de semana. Trabajamos más horas por días y más días por mes. Muchos tienen que convivir y hacer malabares con el cuidado de los menores de edad, las compras, las clases online e incluso con el ocio.

En este contexto extraordinario el oficialismo impulsó la ley de teletrabajo que implica una modificación de la legislación laboral existente adaptándose a la nueva normalidad, preservando los derechos adquiridos y generando nuevos. El proyecto incluye conceptos tales como “la desconexión”, la reversibilidad (posibilidad de volver a trabajar en la oficina y dejar la modalidad homeoffice) y por otro lado, establece que las herramientas de trabajo deben ser proporcionadas por el empleador. También habla sobre las tareas de cuidado y dice en el artículo 6 que se discutió en el Congreso:

“Tareas de cuidados. Las personas que trabajen bajo esta modalidad y que acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de personas menores de trece (13) años, personas con discapacidad o adultas mayores que convivan con la persona trabajadora y que requieran asistencia específica, tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado a su cargo y/o a interrumpir la jornada. Cualquier acto, conducta, decisión, represalia u obstaculización proveniente del empleador que lesione estos derechos se presumirá discriminatorio resultando aplicables las previsiones de la ley 23.592. Mediante la negociación colectiva podrán establecerse pautas específicas para el ejercicio de este derecho”. 

Si bien el proyecto en cuestión espera por la aprobación del Senado, su promulgación y eventual reglamentación a cargo del Ministerio de Trabajo, el debate sobre la reorganización de los hogares, el rol de los hombres en las tareas de cuidados de hijes y personas con necesidades permanentes es una discusión que viene fortaleciéndose con el tiempo: “es importante no feminizar éstos derechos para poder comprometer en las tareas de cuidado también a los varones, sino cuando un hombre está con sus hijes el empleador puede cuestionarlo: ¿dónde está tu mujer?”, comentó Lucía durante la charla. Y si, ser padre implica también cuidar, no solo darle el apellido. ¿Resulta una obviedad? Pero no lo es.

Y entonces el Estado interviene: en el debate, en la creación de derechos y en el ingenio de políticas, estadísticas e incluso propagandas. La reflexión sobre estos asuntos deja de ser de índole privada, porque mantener a las mujeres al margen de la producción remunerada es una problemática social. La generación de derechos busca la igualdad también en la naturalización: no nacimos mujeres solo para crear vida y cuidarla, nacimos mujeres para elegir crear vida, cuidar, producir, pensar, organizar y construir esa igualdad.

En este sentido, Cirmi aportó: “Es importante promover a través de políticas públicas la corresponsabilidad para que las tareas de cuidado no recaigan sólo en las mujeres. El costo social de cuidar está sobre las mujeres y cambiarlo implica que todos participen. También el empresariado, porque una mujer que cuida ya no es productiva, quizás en el corto plazo les puede parecer un costo, pero si organizas las tareas, a futuro termina siendo una inversión”. 

Estamos en busca de igualdades permanentemente: algunas de ellas invocan más tiempo, incluso siglos. Lo importante es no descansar en afirmaciones convencionales “es lo que nos tocó”, “nacimos para esto” o “no me queda otra”.  Seamos parte del debate también a través de modificaciones ordinarias que pronto se convertirán en estructurales y, en algún momento vamos a alcanzar rincones impensados.

Reflexionemos sobre los vínculos que tenemos, en las relaciones hogareñas en las que permanecemos o elegimos, en la educación que le damos a los niñes, incluso cuando no seamos padres o madres. Invitemos a los varones, a las diversidades y a otras mujeres a considerar estas cuestiones. Las reformas legislativas son parámetros de base, son líneas que nos permiten avanzar con más seguridad. Nos espera una tarea más ardua que es la apropiación, internalización y promoción de esos derechos en busca de un equilibrio social permanente, donde el mercado comprenda que los cuidados no son acciones exclusivas de las mujeres y por lo tanto no nos permite avanzar profesionalmente. Aprendamos a compartir las obligaciones para avanzar.


Sobre la Autora

Julieta Beristain es periodista e integrante del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación.

Diarios Argentinos