La representación y el argumento

Por: Carlos Leyba

Que asistimos a complicadas situaciones en los tres grandes escenarios de la vida pública no es una novedad.

Le diré que hoy, sábado 1 de noviembre día de los muertos, lo que me asombra, tal vez no es la palabra adecuada porque nada me ilumina, es que “las cosas” no se hayan complicado más de lo que estaban cuando se anunció que esta tormenta inestable habría de cambiar de jinete. Si no me asombra me pica de curiosidad.

Todos sabemos y estamos adaptados a que nuestra realidad – la Argentina que nosotros construimos - es una tormenta inestable, porque ni empieza ni termina; siempre está y aparece y desaparece sin aparecer ni desaparecer del todo. Vaya.

En esas condiciones no hay pronósticos certeros y ni siquiera descripciones del presente acertadas.

Lo que es peor es que todas las conversaciones remiten al pasado, tal vez por la precaución razonable de no hablar del futuro y por la razonable modestia de no hablar del presente.

Somos una sociedad complicada que no puede conversar en serio del presente, por su enorme complejidad; y tampoco del futuro o porque lo domina la sensación de abismo o porque se siente la presencia de un muro infranqueable.

En esas condiciones las energías están puestas en el pasado, pero no en la investigación, sino para el desarrollo de la imaginación y el marketing.  

Volvamos. Los escenarios de la vida pública son tres, el de la política, el de la economía y el de la sociedad. Uno es el de cómo nos organizamos, el otro el de las bases materiales; y el tercero es el de cómo nos relacionamos colectivamente.

Un breve retorno a cómo colocamos nuestras energías en el pasado, muchas veces para imaginarlo o procurarle una creatividad de marketing. En el día de los muertos es bueno aceptar que, como la vida de los muertos, el pasado puede ser investigado redescubriendo secretos, vidas dobles, valentías y agachadas del finado y de la historia. Pero cuánto medía el muerto a los 18 años figura en la Liberta de Enrolamiento. Hay datos duros. Digo. Veamos eso.

Vamos a la creatividad o a la imaginación histórica. Empecemos por “la creatividad histórica en la política” :este es el primer gobierno no peronista que termina su ciclo constitucional. Es cierto … desde 1930 año en que cayó Don Hipólito. Pero desde entonces, Don Juan fue derrocado en 1955, Isabelita en 1976. Desde 1955 y hasta 1973 el peronismo fue proscripto: no podía ser derrocado porque no podía ser elegido. En 2001 cae Fernando de la Rúa, pero el vicepresidente, ya renunciado, era peronista como muchos de los que lo habían acompañado. Y Mauricio, no sólo tenía un compañero de fórmula peronista, sino que tenía la gobernación de la Pcia. de Buenos Aires llena de dirigentes del peronismo; y como su fuera poco el Jefe de la Ciudad de Buenos Aires fue un peronista de mucho peso durante la vida política de Eduardo Duhalde acompañado de un peronista de pura cepa. La afirmación habitual es irrelevante.

La inestabilidad del sistema político es la única afirmación que se sostiene a partir de 1930. La inestabilidad es anterior a que el peronismo exista. ¿Y si buscamos la causa?

En el escenario económico la imaginación no tiene límites. Dejemos de lado las habituales inexactitudes puntuales. Pero la más entusiasta y tal vez la menos explicable, es la que ubica la fecha de la decadencia nacional en los últimos 70 años y hasta – como dijo un impresentable empresario de una empresa extranjera – un siglo.

Pongamos los números en blanco y negro. En economía el crecimiento, que no es progreso pero sí oportunidad, simplificadamente se mide con la tasa de crecimiento anual acumulativa del Producto Interior por habitante. La decadencia implica que previamente hubo progreso. Veamos.

Entre 1975 y el presente el PBI por habitante creció a la tasa acumulativa del 0,58 % anual. A este ritmo el PBI por habitante lo duplicaremos en 120 años. Hay que cambiar una estructura que nos produce un estancamiento secular.

Desde 1900 hasta la fecha, el período largo de mayor crecimiento por habitante fue el que va de 1944 a 1974. Dentro de ese período, entre 1963 y1973 – cito para que lo digan algunos de los suscriptores del neoliberalismo y la ortodoxia más rigurosas –

según Juan Llach y Martin Lagos, la tasa de crecimiento de nuestro país fue mayor que la de los países desarrollados. Y para cerrar - con el responsable de la última fuga Federico Sturzenegger – aclaro que desde 1900 hasta 1975 crecimos al mismo, mismo, ritmo que Australia. Clarito.

La decadencia económica no está asociada a la gestación del Estado de Bienestar y la burguesía industrial, ni tampoco a la estructura económica de la “oligarquía ganadera” que produjo crecimiento y modernización.

La decadencia es la consecuencia de la destrucción del Estado de Bienestar y de la industria, nacidas y desarrolladas por políticas que se lo propusieron con adalides como Celestino Rodrigo, Jose Alfredo Martinez de Hoz, Carlos Menem, Domingo Cavallo, Mauricio Macri. Los no mencionados son cómplices en distinto grado. Siguieron los pasos y no supieron, quisieron o pudieron, encontrar una salida a la decadencia. No nos mintamos más.

Tercer escenario, el social, y me quedo aquí. La Argentina que recibió a los inmigrantes con los brazos abiertos, en un modelo social que implicaba privilegios si Usted quiere por orden de llegada, la movilidad social fue mas que generosa. Primero individual. Y cuando llegó el Estado de Bienestar y el desarrollo social, además de la movilidad social individual, ocurrió el extraordinario fenómeno, único en América Latina, de la movilidad colectiva: el ascenso social de grande masas y la construcción de una clase media absolutamente mayoritaria.

En 1974, primera encuesta de hogares, la pobreza condenaba al 4% por ciento de los argentinos. No más de 800 mil personas en esas condiciones. Diez años después la tasa estaba en 25%. Dejo de lado los picos de la hiper inflación (Raul Alfonsín) y de la hiper desocupación (Carlos Menem) y el 25%, que para Agustin Salvia es la pobreza estructural, se ha convertido en el 40% de hoy.

Lo más aterrador es que estamos en 16 millones de personas en situación de pobreza, creciendo desde 1974 al 7% anual acumulativo: algo único en el mundo.

Las cosas como son nos señalan que la imaginación ha destrozado la realidad del pasado.

La falsificación de la historia clínica del paciente hace imposible el diagnóstico del presente y el pronóstico del futuro.

Es – en ese contexto que los supera – que los que se van lo hagan al ritmo de la contradicción: el PRO se va marcha atrás haciendo lo contrario de lo que teorizó, predicó y ejecutó en sus 4 años.

La soberbia y la ignorancia son un clásico que se come junto y termina empachando. Ahí están los escenario económico y social que dejan. El político lo vemos después.  

Hoy una obra, una representación, está terminando; y otra – que se representará en un rato - está merodeando entre bambalinas.

El escenario de la política propiamente dicha es el del poder. El escenario económico es aquél en el que se alojan las bases de las expectativas materiales individuales y colectivas. Y el tercero, el escenario social, es el que regula la temperatura del conflicto social.

En el teatro de la vida argentina la obra, la que todavía hoy transcurre y la que va a transcurrir, se representan en los tres escenarios al mismo tiempo. Ya vimos como se vienen deteriorando los escenarios económico y social y la indudable debilidad del sistema político.

La nota del momento es que, en los tres escenarios, reina la confusión.

No es que los autores y los interpretes, estén jugando a confundir para generar sorpresa. No, ellos están inmersos en una marea de confusión.

Los actores de la obra que está bajando de cartel no encuentran la salida y los que habrán de interpretar la que se anuncia, por ahora no encuentran la entrada.

Lo que ve el púbico – en cada uno de los tres tablados -es una escena  desordenada y por ahora, imprevisible.

Mientras los tramoyistas levantan el decorado de la actual representación e instalan el decorado de la porvenir, el suspenso no amaina.

No sólo no sabemos como va a terminar lo que está transcurriendo sino que no sabemos como va a empezar lo que está por ocurrir.  

Unos y otros actores – parecido a la obra de Pirandello – estarían buscando cada uno un argumento o los autores que los produzcan, para que la representación que termina y la que esta por empezar, tengan un sentido.

La confusión de los que están arriba de los proscenios y el silencio de los que están por entrar, tienen la desgraciada característica, de multiplicar la confusión.

Sería lógico pensar que el argumento de la obra que está por terminar estaría cerrado. Y que los actores, después de la representación realizada, habrían de conocer el argumento que interpretan. Pero no es así.

De golpe la esencia de la trama se dio vuelta. En lo económico donde el PRO y Cambiemos, recitaban “libertad” se puso “control”. Tarde.  

Donde decía ni una moneda más, se abrió la canilla de la emisión. Donde se predicaba frenar, después de haber concedido dolarización, ahora se anuncia descongelar. El público se pregunta en qué obra estamos.

Lo notable es que haciendo lo contrario les fue “mejor”. Por lo menos la fuga se contuvo y el termómetro se calmo.

Pero similar transformación ocurrió en el escenario político. La “nueva política” diseñada por el neo brujo J. Duran Barba – me hace acordar a Bragadino el alquimista veneciano – que se expresaba por vía electrónica de uno a uno y en pantalla individual, fue reemplazada por una dosis enérgica de “vieja política” con movilizaciones callejeras y actos públicos con discursos de emoción y les fue re bien: juntaron dos millones de votos.

En política y en economía les fue mejor cambiando radicalmente el argumento. Diría casi representando otra obra.

Y en el escenario de lo social – si bien ha continuado la política inevitable de subsidios para contener la crisis – la contradicción, porque apunta por ahí, es que después de alentar, a la pesca de “los votos progresistas” de Palermo Hollywood, abogando por el aborto gratuito, Mauricio se colgó de la bandera de las “dos vidas”, gritando el nombre de Dios en vano, mientras silenciaba su adhesión al Arte de Vivir.

La obra que termina, lo hace con una enorme contradicción respecto del argumento inicial. A consecuencia de lo cuál tiene confundido, no sólo al público espectador, sino a los mismos actores.

La lógica trifulca en el elenco no se hizo esperar. En el escenario político, cuando se hizo la representación en el Obelisco del cuadro “imitando a Alfonsín”, una de las principales protagonistas, la gobernadora de Buenos Aires, se tuvo que quedar abajo del escenario. No tenían una entrada para ella.

Se escuchan los gritos – fuera del argumento de la buena educación – que se profesan Marcos Peña y María Eugenia.

Es horrible que el maquillador haya hecho lo imposible para que la estrella del elenco no pueda competir. Pero hay más.

Uno de los principales actores de la obra que está bajando del cartel, Federico Sturzenegger – con lealtad envidiable – acaba de describir el fracaso de la obra que lo tuvo entre los más destacados interpretes, dando claras señales de creer que él no tuvo nada que ver, a pesar de haber sido el responsable de una monumental fuga de capitales tan escandalosa como inexplicable que fue la frutilla de la torta del fracaso. No sólo él. Alfonso Prat Gay acaba de parlotear sobre ese fracaso con un lavado de manos histórico. Aclaró – sobre todo para que lo sepan los actores de la obra por venir – que el propiciaba un Acuerdo Social como clave de su programa y que – cuando no – Marcos Peña se lo bajó. ¿Qué tan esencial lo consideraba que se quedó igual?

Mucha, pero mucha confusión en el argumento de la obra que se va. Y finalmente Elisa Carrió  avisó a los gritos que a partir de ahora hara mutis por el foro, mientras misiles subterráneos se cruzan entre María Eugenia Vidal y Marcos Peña, protagonistas de distintos actos que, hay que recordar, pertenecen a la misma obra.

Más o menos así está terminando la obra que baja de cartel. Ni hablar de la economía que dejan con una estanflación homérica que corona ocho años de pleno estancamiento: dice Sturzenegger que lo deja Mauricio es una  “caída del ingreso per cápita del 10% y una inflación acumulada superior al 300% en sus cuatro años”. Vergüenza ajena.

Ni hablar de la sociedad que dejan con una grieta gigantesca, pero no sólo la de lo poco que nos queremos, como decía el ex presidente uruguayo, sino la grieta social del 40% de pobreza, que se hace más del 50% si pensamos sólo en los menores de 14 años y peor si tenemos en cuenta que una joven de 30, nacida en la pobreza, lo más probable es que ya sea abuela, mientras la coetánea de la clase media todavía no sea madre. Dinámica demográfica de la reproducción de la pobreza.

Mientras tanto, en los últimos días, los precios crecen por presión de costos, por expectativas y por la dudas.

Así van las cosas, así van bajando unos actores y terminando una obra que – en el final – invirtió el argumento con el que había empezado.

El público asiste confundido pero ansioso, por la llegada de los nuevos actores y por un argumento nuevo.    

Hay tres escenarios, seis elencos y ningún argumento o al menos ninguno fácilmente identificable. En esas condiciones la manifiesta confusión del público es razonable.

Los tramoyistas ponen y sacan elementos de utilería, los iluminadores van cambiando las partes de los escenarios que enfocan y los comentaristas, obligados a decir algo so pena que el público cambie la página, el dial o el canal, imaginan los argumentos.

Todo para armar.

El primer escenario, como dijimos,  es el de la política. La política es, antes que nada, el escenario del “poder” en tanto sustantivo, es decir, el poder que se alcanza, se ejerce y se conserva. La política es, entre otras cosas, el arte de “alcanzar” el poder, de ejercerlo y de mantenerlo. Ese poder del que hablamos se alcanza de varias maneras. Acabamos de atravesar el proceso electoral propio de la democracia. El “elegido”.

La historia nos enseña que hay muchos que alcanzan “poder” sin ser elegidos. Carl Schmit nos enseñó a preguntarnos por la “cima del poder” para poder anticipar su curso. La cima se construye con virtudes o con vicios. Están los virtuosos que abundan en consejos y sabiduría y está también todo lo contrario. El Rey puede ser un idiota y la cima, conducir al Estado al mejor destino, por el mejor camino. Es raro. Pero posible. O el Rey puede ser un sabio y la cima, trabar el derrotero que él habría señalado y transitado. Es posible. Pero es raro.

Unos alcanzan el poder por los votos. Otros por su propio peso. Pero ese peso puede ser el del cerebro y el alma; o de la pura adiposidad teñida de palabras.

Ejemplos recientes del peso, que perturba y enferma, los encabeza José López Rega. No abundaré en detalles. Más cerca el grupo sushi y los hijos de Fernando de la Rúa, sin ellos, seguramente la suerte de aquel gobierno hubiera sido diferente. En el presente nos ha agobiado el mix de Marcos Peña y J. Durán Barba - el López Rega del PRO - que hicieron de la presidencia de Mauricio Macri el caso de alguien que dijo proponerse la unidad de los argentinos y terminar con la pobreza; y no es que le salió mal, sino que adoptó, como programa, ponerle levadura a la masa de la grieta y además fue implacable en las decisiones que necesariamente producen el incremento de la pobreza. Macri alcanzó el poder con los votos, lo ejerció y también construyó su propio desalojo por convalidar el cerco intelectual que le tendieron los que eligió como su cima. No le salió mal; quiso hacerlo.  

Cuando el poder se alcanza y mientras se conserva, el titular conjuga el verbo de “poder hacer” las cosas que quiere, que debe, que puede.

En el primer escenario político de Alberto Fernández reinó la confusión. Axel Kicillof – apalancado como delfín por Cristina – disparó un discurso propio de un dirigente universitario a años luz de un electo gobernador de la Provincia más grande y complicada de la Argentina.

Pero ese discurso – mas allá de su inutilidad –desdibujó al discurso del Presidente electo.

El nuevo Presidente que quiere liquidar la grieta, reconstruir el federalismo, y resolver la crítica situación de una economía en estanflación y cercada por la doble deuda social y externa, recibió un embate de las filas amigas.

¿Cuál es el argumento de esta nueva obra?

No lo sabemos. El único dato real del que disponemos es que Alberto Fernández pareciera haber elegido una “cima”, lo que rodea el poder, el pasa y no pasa, y las personas que eligió Gustavo Beliz, Vilma Ibarra, Santiago Cafiero y Eduardo de Pedro.

En relación al pasado es un salto cualitativo hacia autores capaces de tejer un argumento sólido y eso es absolutamente nuevo.

Por ahora esa elección de los que lo acompañan, en la cima, es una excelente decisión si la comparamos con la que al respecto tomo Mauricio.

Una decisión que indica que recién comienza la disputa por el argumento de la obra que hay que representar en tres escenarios extremadamente complejos. La cima del poder siempre es la clave.

Pero no exime de la urgente necesidad de tener un argumento capaz de sacarnos de la decadencia de los tres escenarios extremadamente complejos.

El Acuerdo – de lo que en su momento habló Fernández – es el idioma en que se escribe la obra. Es un idioma nuevo. La traducción es que, en política habrá de gobernar la amistad entre los sectores que abarcan no menos del 90 por ciento del electorado; en economía – pónganlo como quieran – es que se le da el aval a una economía de control – no de gobierno de los mercados -; y en lo social la cultura del abrazo.

Si la decisión es el Acuerdo, es imposible sin amistad política, sin control y sin abrazo. Ese es el argumento que hay que representar.

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