La puerta giratoria

Por: Carlos Leyba

Una puerta giratoria requiere mucho más que la decisión de entrar o salir. Requiere desembarcar a tiempo. Requiere justa medida en el impulso.

Si nos domina la distracción, por ejemplo, cuando tratamos de entrar con mucho impulso, nos podemos encontrar saliendo en lugar de entrando.

Hay - en política económica y en otros ordenes de la vida – situaciones en las que si la dosis, el impulso, es superior a lo necesario o tolerable, el resultado puede ser el contrario al perseguido.

Son fenómenos de puerta giratoria: uno sabe cuando se embarca pero no siempre puede controlar el desembarco.

Hoy estamos en la aplicación del tercer o cuarto plan del gobierno en materia económica.

Un plan de dosis extremas después de un pretendido “gradualismo” que, en realidad, fue un aumento extremo de la deuda externa y un aumento extremo del pedal financiero que quedó manifestado en labola de nieve de las Lebac.

Fue “puerta giratoria”: creyendo entrar a la estabilización terminaron en la dicotomía, desestabilización (inflación espiralizada) o cambio de programa.

Es decir, no entraron, salieron.

El nuevo plan, sin duda,también pertenece a la especie de “puerta giratoria”: por ir a mucha presión en una dirección podemos terminar todos en la dirección contraria. Veamos.

Desde que asumió el PROnada de lo que se propuso lo consiguió. Y no es mala disposición para evaluar su acción.

De los tres objetivos iniciales, pobreza cero, unir a los argentinos y aplastar al narcotráfico, sólo podemos conceder una evidente distancia entre la nula actividad del kirchnerismo y la acción PRO en materia de lucha contra los narcos.

No esta mal comparado con el pasado de la efedrina operada por empleados de la Casa Rosada, acerca de la cuál poco sabemos más allá de los asesinatos y los asesinos.

Pero, dejando de lado el narco, el fracaso es absoluto en materia de pobreza que, lejos de reducirse, corre el serio riesgo de incrementarse de una manera difícilmente administrable. Vamos para ahí.

También en materia de “unidad nacional” el macrismo avanzó en dirección contraria a lo comprometido con los electores.

Sin ninguna duda el gobierno ha hecho lo imposible por mantener viva una grieta emocional que, según sus estrategas electorales, les garantiza el próximo resultado electoral.

Ese clima se define por la descalificación de cualquier oposición que no sea la de Cristina Kirchner. Macri, Marcos Peña y J Duran entienden que cualquier alternativa opositora que le haga sombra a Cristina es un mal negocio electoral para el PRO; y por eso generan, sus declaraciones y los medios afines que son los más populares y potentes, un lenguaje de descalificación insultante (ventajita, racionales, perdonables) con todas las alternativas posibles y un permanente juego a favor del protagonismo de CFK.

En ese contexto las cosas han llegado a tal nivel de tensión que Elisa Carrio ha detectado y denunciado, una estrategia destinada a evitar, mediante los contactos judiciales del gobierno, que se aplique una eventual prisión preventiva a Cristina que la deje fuera de la carrera electoral; y en función de esa preocupación ha anunciado el juicio político al Ministro de Justicia.

En ese nivel de irritación política estamos. Y eso no es sano para la vida pública. El odio envenena a todos. Antes la provocación era K, Carta Abierta, 6,7,8. Ahora es del grupo íntimo del Presidente. Clarito, de unidad de los argentinos, nada. La confrontación, en función del saldo de imagen negativa de CFK, es lo que sustituye el compromiso de la “unidad de los argentinos”.

Volvamos a este tercer o cuarto programa económico PRO después que los anteriores nos produjeron un gravísimo endeudamiento externo, un incremento de la inflación, una devaluación vertiginosa de la moneda, un aumento del desempleo, una caída de la actividad económica, déficits gemelos record y la tasa de inversión no registra ningún aluvión.

Este nuevo intento de estabilización del dólar y de la inflación, ha comenzado con suba de la tasa de interés, una tablita cambiaria enmascarada, que imita a la de José Alfredo Martínez de Hoz; la mayor rentabilidad real de corto plazo en dólaresen el orden planetario y – por ahora – riesgo país complicado.

Van dos o tres programas, dos ministros de economía, tres presidentes del BCRA, y ni un tiro para el lado de la justicia: salario real y actividad en baja.

Ahora con el auxilio financiero del FMI y sus condicionalidades tradicionales, ingresamos en un nuevo programa. Eso sí con avance en la agenda de genero: tendremos una vicepresidente del BCRA mujer. El avance es relativo, ya que habíamos tenido con CFK una presidente del BCRA mujer. Dejémoslo ahí.

Este lunes largó el nuevo programa. Y – en términos PRO – no le fue mal. El dólar retrocedió. Es un primer paso. Claro que lo acompañó un escándalo de tasas de interés y eso es lo que obligó a Federico Pinedo a poner plazos públicamente. Muy jugado.

En el programa televisivo “A dos voces” de Marcelo Bonelli, Pinedo informó que el actual concepto de “estabilización” es estabilizar el dólar, con fluctuaciones pequeñas. Advirtió,que si en los próximos 15 días ese objetivo de un dólar no volátil se mantiene, entonces – con la mejora en la expectativas – dos meses después, eso dijo, bajará notablemente la inflación y de suyo las tasas de interés. El circuito es: ancla dólar, expectativas, estabilidad. Nada nuevo. Lo nuevo es el nivel de la tasa de interés y el plazo de, digamos, tres meses. Después de eso …

Dante Sica, el ministro de la producción, sostuvo que ahora las “las tasas de interés tienen niveles incompatibles con la producción” y si combinamos este diagnóstico con el pronóstico de Pinedo, entonces, nos esperan aproximadamente tres meses – octubre, noviembre, diciembre - durísimos.

Todos los voceros oficiales son menos optimistas que Pinedo y no se ponen plazos. Los plazos de Pinedo, además, son sus límites.

Si en las próximas dos semanas – dice – el dólar no “se estabiliza”, entonces, habrá problemas con la tasa de inflación y las tasas de interés. Quince días para el primer test.

Hasta ahora las herramientas asociadas a la “estabilización” del dólar, han sido la mecánica de crecimiento cero de la Base Monetaria y colocación de Leliq para “secar la plaza”, asegurando tasas de interés “incompatibles con la producción”. Un descuento de cheques a 50 días, hoy, se realiza al 85 por ciento. Mas bien, ese descuento no se realiza y supone, lo más probable, un engranaje roto en la cadena de pagos. Por ahí estamos caminando.

Por eso las tasas son incompatibles,no sólo con la producción sino con la actividad.

Si en quince días el dólar se “estabiliza”, entonces, Pinedo dixit pasamos a la estabilización de los precios, primero un descenso de la tasa mensual de interés (hasta ahora venimos en ascensos continuados) que implicaría una inversión de la tendencia a la aceleración.

Ingresados en ese territorio (dólar estable, inflación descendente) podríamos imaginar estar saliendo de la “ola” (esa fue la imagen de Pinedo) para – imagino – tocar tierra firme y pensar en crecer y ahí – otra vez Pinedo – puestos a crecer ingresaríamos en diálogos para crecer.

Nada de diálogos para “salir de la ola” en la que estamos. El PRO cree que “salir de la ola” en soledad, le rinde de manera electoral aunque genere, entre los inversores, la idea que nadie sale de la ola sin salvavidas y sogas atadas a la playa que, necesariamente, la sostiene otro. El PRO no quiere “otro” y esto, o esta actitud, a “los inversores” no les cae bien.  

Sin duda la imagen de la ola de Pinedo es más apropiada que la de la tormenta que usó su inmediato sucesor en la presidencia, Mauricio Macri.

Una tormenta viene de afuera y no se pelea contra ella. A lo sumo uno se guarece y espera que escampe. La tormenta es algo ajeno en lo que no tengo nada que ver ni que hacer.

La imagen de la ola es mas apropiada. Uno se tira al mar y se revuelca en la ola con más o menos habilidad. La ola no viene, uno la va a buscar; y Pinedo sabe que los programas aplicados hasta ahora nos tiraron a la ola.

Los gestos de Federico, mientras hablaba, no eran del joven aguerrido que hace surf,sino del tipo angustiado que bracea para salir a flote. Ese tipo sabe que no hay tiempo infinito y que el salir o no, depende del esfuerzo y la habilidad si no hay grupos de rescate.

Para salir de la furia de la ola hay quince días, para llegar a una playa razonable, dos meses más. Puede que Pinedo sea un gran optimista.

Pero suena a que, tal vez con un poco de exagerado pesimismo de mi parte, la gente política del PRO – los racionales, los perdonables del PRO – le abren un crédito de tres meses a las señales más o menos consistentes de éxito de este programa.

Es que, los perdonables y racionales del PRO, saben – por ejemplo María Eugenia – que un tiempo mayor implica un deterioro mayor de la economía real que el que ya está ocurriendo y que eso no es administrable por un tiempo infinito.

Para administrar un proceso de deterioro económico y social en los próximos tres meses tal vez haya capacidad política y financiera. Puede ser.

Pero si en esas horas, y no muchas mas, no comienzan los signos de mejora en las variables nominales (dólar estable e inflación bajando) no hay moneda de pago disponible para pagar el combustible de la continuidad.

Es decir, habría que volver a barajar otro programa porque éste, el de las tasas que impiden la producción y el de la expansión monetaria cero, no habría tenido resultado y lo que es peor habría perdido sentido (dólar volátil e inflación en continuidad).

En el ínterin, es decir, durante esos 15 días más dos meses largos, el BCRA continuará manteniendo el pedal de Leliq a la tasa de 70 por ciento anual.

Es decir, suponiendo que los resultados buscados (dólar, inflación) están encaminados – que sería la buena noticia – hará su aparición en escena el “fantasma de las Lebac” disfrazado de Leliq, pero con las mismas mañas, lo que sin duda - lo ponga como lo ponga - es una pésima noticia en sí misma.

¿Cómo se habrá de digerir esa masa imposible de más de 770 mil millones de pesos (340 MM Lebac, 430 MM Leliq) creciendo al 70 por ciento anual?

¿O si la política tiene éxito, digamos, creciendo al 40 por ciento anual? ¿Cómo?

Las Lebac se llevaron puestos a Federico Sturzeneger y a Nicolás Caputo. Usted me dirá que eso pasó porque uno practicaba el ensayo de metas de inflación en el escenario equivocado, o porque el otro practicaba la estrategia del hombre de la mesa, lo que quiera. Pero lo que tenían en común es que no imaginaban otro instrumento que la tasa de interés para doblegar el apetito por los verdes y aplacar la inflación.

Pero los que están ahora cortan el agua unos kilómetros antes, no emiten, pero suben la tasa de interés y multiplican los pasivos del BCRA convencidos que un milagro los hará desaparecer.

Llegados aquí ¿qué nos queda al final del día?

Estamos en la ola, tenemos en total tres meses – según Pinedo - para salir. Si salimos nos cargarán el fardo de las Leliq y – de eso no hay duda – como las tasas de interés son incompatibles con la producción, tendremos menos producción. Y atención, más necesidades que atender presupuestariamente como consecuencia del desempleo que no puede no aumentar y de la pobreza que aumentará como bien lo ha pronosticado el propio Presidente.

El desempleo y la pobreza, en términos Occidentales, implican, sí o sí, más reparto de recursos públicos (gasto público) o (Dios no lo permita) más recursos fuertes para poner orden.

Difícil de entender, entonces, porque habría de bajar el gasto público si el gasto social o de emergencia, a consecuencia de la parálisis económica, para mantener el orden social debería de aumentar.

Los plazos que fijó Pinedo son más que razonables, generosos y “perdonables”. Nada se puede deteriorar trágicamente en tres meses. Y si la aparición de expectativas favorables madurara en ese plazo, entonces, sería imaginable un escenario menos complejo.

Pero el optimismo de Pinedo no lo comparten todos los dirigentes oficialistas muchos de los cualessuponen muchos meses más para que el remedio tenga resultados.

Claro que ellos tampoco ignoran que el remedio puede que arregle, por ejemplo, la calvicie pero queme el cuero cabelludo para siempre. Digamos el remedio peor que la enfermedad. Es lo que advierte Sica: incompatible con la producción o promotor de la parálisis.

Para el Ministro Nicolás Dujovne, el mismo de los brotes verdes marchitados antes de nacer, el programa de Sandleris, Dujovne, FMI (moneda cero, déficit cero, actividad real menos que cero) “necesita al menos cuatro años más para consolidarse”.  

De acuerdo con el diccionario RAE “consolidar” es dar firmeza y solidez, o bien convertir algo en definitivo y estable, o finalmente, juntar algo quebrado.

Las primeras declaraciones posteriores a la firma del acuerdo con el FMI, señalaron - justamente - que se trataba de “juntar” las partes separadas (quebradas) de la política macro clásica que nos había gobernado desde los primeros días PRO.

La pata fiscal a ritmo diverso de la monetarias era una quebradura, partes de un todo insensatamente separadas. Antes de este acuerdo con el FMI, la política fiscal y la monetaria seguían caminos divergentes. Un tiempo de presupuesto expansivo (“desarrollista”) y moneda restringida vía tasa de interés. Y un segundo tiempo de restricción fiscal y, en la práctica, crecimiento de la Base Monetaria a alta velocidad.

Lo graficó Miguel Ángel Broda con el aire acondicionado prendido a frío y calor al mismo tiempo. Como era de esperar resultados nulos.

Para Dujovne, el primer paso, consolidar el programa es “juntar lo quebrado”, la primera acepción de la RAE. Consolidar, en cero moneda y cero déficit primario, la macro. Al menos, en los primeros días, esta parte parece estar en marcha. Es decir esa “consolidación” ya empezó. Ahora si no hay resultados no será la culpa del comando diversificado. Ahora es un comando unido y con la misma visión y bandera, simple, cero. El riesgo del doble cero es el “cero absoluto” o la temperatura más baja que puede existir: es decir el tercer cero o la congelación económica. Cuidado. No te pases del impulso en la puerta giratoria.

Para el Ministro, lo reconoce, este coctel es recesivo, lo anuncia y lo proclama. Pero no lo trata de evitar. Es un caso particular de la política. De la política sin reflejos o del hombre congelado.

No recuerdo ningún ministro que calculando que la configuración de las variables conduce a una recesión, lo anuncie y de hecho anuncie que no hará nada para evitarla. No se trata de la impotencia – lo que es explicable – sino de la voluntad de la impotencia lo que es incomprensible desde la propia definición de la política, que es tener ideas claras de lo que hay que hacer desde el Estado para construir una Nación (J.Ortega y Gasset). La recesión, que genera desempleo y aumenta la pobreza y la inquietud social, es un fenómeno disolvente y salvo catástrofes naturales, algo que la política puede y debe evitar.

Toda recesión implica desperdicio de recursos materiales y humanos.

Dujovne la predica aunque su colega de la Producción le diga que sí, el fisco y la moneda van para el mismo lado, pero ese lado es incompatible con la producción. La respuesta de Dujovne es “sí a la recesión”.

Recesión es capacidad ociosa y desempleo. Es decir desperdicio de recursos.

Pregunta ¿no es que no debemos consumir más que lo que producimos? Y entonces ¿Por qué razón es bueno que no produzcamos? ¿Por qué razón procurar una política incompatible con la producción?

Vamos a la otra definición de consolidación de la RAE. Cuando Dujovne habla de consolidación de este programa debe estar pensando en “convertir algo (este programa) en definitivo y estable”.

Un programa definitivo es uno “para siempre”. Déficit cero y moneda cero para siempre. Equilibrio fiscal y estancamiento monetario. ¿Puede ese programa, por definición, ser “estable”?La estabilidad supone, para cualquier cuerpo, una superficie de equilibrio amplia. ¿El “programa” induce a la estabilidad social y a la estabilidad política? No se lo proponen. ¿Y cómo hacerlo definitivo?

Para lograr algo “definitivo” – si es que fuera posible – es imprescindible un gran consenso y no hay consenso grande sin política grande. No se ve probable que esta gestión PRO este disponible para esas grandezas y es muy difícil imaginar grandeza desde las oposiciones.

Dejando de lado esa condición necesaria, la pregunta es ¿qué es lo que quiere consolidar?

No hay duda que este no es un programa de crecimiento de la economía, ni de desarrollo de la sociedad y es difícil que se pueda formar un consenso que dé estabilidad, para un programa que no contempla ni crecer ni desarrollar que suena parecido pero no es lo mismo.

Finalmente, consolidar, para RAE es dar firmeza y solidez. No puede ser firme algo que se asienta sobre un terreno tan frágil que es el del crecimiento de la pobreza o la recesión por mucho tiempo. No estamos frente a algo sólido.

Es que este, otra vez, es un programa de sólo un objetivo y por definición ignora que la economía es un sistema y que hacer política económica implica múltiples objetivos y múltiples instrumentos. Este programa sólo aspira a estabilizar el dólar asociado a bajar la inflación. Y prescinde de las consecuencias sobre las demás variables. Son las “demás variables” las que erosionarán el objetivo único.

Como muestra de las “demás variables” y después de anunciar una suba del 30 y del 35 por ciento en la tarifa de gas, Macri acaba de autorizar a un nuevo aumento para “compensar” el impacto de la devaluación en los balances de las empresas.

El “cero” fiscal – el subsidio a las empresas lo pagan los consumidores – implica más inflación por aumento de precios relativos que sólo puede compensar una caída vertiginosa de la actividad.

Los usuarios pagarán el aumento en cuotas mensuales con intereses.

Esta es la consecuencia de la dolarización de la energía que es un sistema de transferencia de ingresos, independientemente de los costos de producción, a favor, finalmente, de los concesionarios de gas y de petróleo.

Como colofón en el camino, queriendo o no queriendo, la tentación del carry trade y el ancla inflacionaria, están a la puerta y así seguimos en el desvío de la única ruta razonable.

Si hacemos las mismas cosas, con otro nombre, tendremos los mismos resultados.

La ruta razonable es crecer y sin crecer y sin un programa serio para lograr los dólares genuinos, que sólo los produce la balanza comercial, seguimos en la puerta giratoria, creemos que salimos de una crisis pero estamos entrando en otra.

Es más, un columnista del Wall Street Journal que citó Perfil, dijo, más o menos, que mejor que consolidar el programa del FMI – como propone Dujovne – deberíamos seguir (es lo que sostenemos desde tiempo inmemorial) una “política coordinada sobre ingresos y un enfoque en la producción de exportaciones en industrias de escala”. Exactamente lo contrario que persiguen Macri y Dujovne hoy: recesión más agro, minería, litio y turismo!!!!!.

El ministro dice que esto “no es crisis, es recesión”. De acuerdo, convengamos, estamos entrando en otra recesión porque esta es una política de puerta giratoria que no lleva a ninguna parte aunque tenga éxito.



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