La otra grieta: dura interna entre el FMI y Wall Street por la deuda argentina

Los inversores de Manhattan culpan al Fondo por el fracaso del programa económico de Macri. Presiones cruzadas para definir quién paga el costo de una reprogramación de la deuda.

La crisis económica argentina está dejando secuelas impensadas en el mundo de las finanzas internacionales. A la grieta doméstica se le superpone una grieta externa: los principales inversores de Wall Street culpan al Fondo Monetario Internacional (FMI) por el fracaso del programa económico del gobierno de Mauricio Macri. Hay presiones cruzadas para definir quién asume los costos de una reprogramación de la deuda nacional.

Los grandes jugadores con sede en Manhattan responsabilizan a los funcionarios del Fondo -en especial a su exdirectora, Christine Lagarde- por la inestabilidad financiera de Argentina, que les habría hecho perder grandes sumas de dinero. Templeton, por ejemplo, un fondo de inversiones insignia de Wall Street, perdió USD 3000 millones por el reperfilamiento anunciado por el ministro de Economía Hernán Lacunza. Los bancos internacionales acusan a los burócratas del FMI de haber respaldado a Macri por motivaciones estrictamente políticas, siguiendo directivas del presidente norteamericano, Donald Trump.

Con independencia de quién gane la elección del otro domingo, el próximo gobierno deberá encarar una reestructuración de su deuda. La Argentina no está en condiciones de pagar los compromisos externos de acuerdo al esquema de vencimientos vigentes.

El FMI considera que son los tenedores privados, radicados mayoritariamente en Wall Street, los que deberán afrontar los costos de una quita de la deuda argentina. Sus técnicos sostienen que los inversores acumularon ganancias significativas con la especulación financiera en los últimos años y ahora deben hacerse cargo del riesgo que tomaron. En Manhattan hay bronca con el Fondo y con el poder político de Washington. Saben que el FMI es un “acreedor privilegiado”, una entidad con prioridad para cobrarle a la Argentina. La puja recién comienza y será clave en los primeros meses del nuevo mandato presidencial.

Mientras tanto, el Fondo no desembolsará más dólares previstos en el acuerdo hasta que se sepa quién asumirá en diciembre. “Trabajaremos con quien gane las elecciones”, observó ayer el número dos del organismo, David Lipton. En el FMI hay un fuerte malestar con la administración de Macri: creen que el Gobierno incumplió el programa consensuado con el fin de mejorar sus chances en la contienda electoral. En Washington saben que Alberto Fernández tiene mucha probabilidad de convertirse en nuevo presidente y están abiertos al diálogo. “Nuestro enfoque es continuar trabajando con Argentina”, apuntó Lipton.

En el directorio del Fondo quieren también encontrar responsables internos por el millonario préstamo otorgado a la Argentina y por el fracaso consecutivo de los tres programas económicos acordados. Las máximas figuras técnicas del organismo son Alejandro Werner y Roberto Cardarelli. Muchos piden sus renuncias. Ellos contraatacan: la culpa es de Lagarde -que asumió en el Banco Central Europeo- y de las autoridades económicas argentinas por haber desoído sus advertencias. Anunciado por Macri con pompas y platillos en mayo de 2018, el acuerdo con el FMI está generando grandes complicaciones dentro y fuera de Argentina.

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