La marcha de la bronca (y del odio)

Con la mira puesta en las elecciones legislativas, el ala dura del macrismo encabezó una nueva movilización contra el Gobierno. Como ya es costumbre, no faltaron las consignas violentas. La escenografía desplegada ayer refleja sus alcances y limitaciones.

Con un arsenal de consignas violentas, el ala dura de Juntos por el Cambio volvió a movilizarse ayer por la tarde contra el Gobierno Nacional. Las bolsas mortuorias que fueron instaladas en Casa Rosada por los manifestantes que participaron de la jornada de protesta pinta de cuerpo entero a un sector de la oposición que carece de ideas y le sobra odio. Quienes denunciaban envenenamiento por la Sputnik V, ahora reclamaron por sus vacunas. Un "emocionado" Mauricio Macri se expresó en sus redes sociales, mientras que el "desaparecido" Horacio Rodríguez Larreta sigue de vacaciones en Brasil, y en paralelo avanza la causa judicial por la privatización de la vacunación en la Ciudad de Buenos Aires.

Desde las primeras horas de la tarde, Plaza de Mayo fue un compendio de reclamos difusos: las banderas y carteles de los seguidores cambiemitas así lo expusieron. “Contra la vacunación vip”, la “corrupción K”, “Fernández, los jubilados no comemos con 20.000 pesos”, “Asco moral”, “Bergoglio dejá de operar”, “Velorio de Maradona sí, Escuelas abiertas no”, fueron algunas de las insignias mostradas con orgullo. Pero eso no bastó, tal como en otras ocasiones, el objetivo de los organizadores era que la manifestación trascienda por su virulencia. Para este fin desplegaron bolsas de politilieno negro, que simulaban ser cadaveres, con nombres de militantes de la Cámpora, exfuncionarios, y personalidades cercanas al oficialismo, y las colgaron en las rejas de Casa de Gobierno. La arenga y el aplauso que vino después culminaron la escena. 



Con su irrupción a la escena pública, el macrismo intentó y seguirá intentando capitalizar la crisis que generó en el Gobierno nacional las irregularidades en la campaña de vacunación contra el coronavirus. Para eso recurrió a la que es tal vez su única receta: vociferar su desprecio hacia el Frente de Todos y ensanchar así aún más la grieta. La oposición más beligerante sigue apelando a que la fractura social le sirva como salvoconducto a un triunfo en las urnas de medio término. “Estamos decididos a ir contra la indicación de que se lleve las vacunas la oligarquía kirchnerista", dijo una envalentonada Patricia Bullrich, quien estuvo presente junto a sus habituales compañeros de batalla: Hernán Lombardi, Fernando Iglesias, Cristián Ritondo y Martín Lousteau. Tampoco quiso faltar al evento la "estrella" liberal local Javier Milei, que hasta tuvo la oportunidad de saludarse con la presidenta del PRO luego de varios cruces y desencuentros.



Horas después llegó el mensaje del expresidente "felicitando" a los suyos por la manifestación. El exmandatario eligió, como lo viene haciendo, no participar de la marcha y utilizó sus redes sociales para expresarse. Sus escasos aportes al debate público lo sitúan como un dirigente que no termina de transformarse en líder de la oposición, por más que sus compañeros de espacio más cercanos, de vez en cuando, así lo referencien. Y si hablamos de referentes, quien sigue haciendo gala de su ausencia es el jefe de Gobierno porteño, pareciera que el escándalo que desencadenó la denuncia por los convenios de la alcaldía porteña con empresas y entidades de salud privadas para la cesión de vacunas lo hubiese borrado del mapa. En realidad sí, se fue de vacaciones a Brasil junto a su familia, mientras que desde el Gobierno de la Ciudad siguen sin dar explicaciones del caso.

El presidente Alberto Fernández, por su parte, le pidió a los adeptos al Gobierno que no se manifiesten en la previa de la apertura de las sesiones legislativas tal como lo tenían planeado. Tras condenar los hechos ocurridos ayer frente a Casa Rosada, dejó en claro su intención de que no haya una devolución de los simpatizantes oficialistas: "Con mi sincera gratitud antes que nada, les pido que sigamos dando el ejemplo y que esta vez cada uno siga mi mensaje en forma remota. Desde sus casas o desde sus lugares de trabajo. La pandemia aún nos ataca. Nosotros cuidemos al prójimo aunque otros no lo hagan". En el inicio del segundo año de trabajo parlamentario, Fernández quiere evitar toda posibilidad de respuesta desde sus filas a lo que fue la provocación del sábado. Lejos de la beligerancia, su discurso del día lunes tendrá un tono conciliador y se centrará en sus dos objetivos más perentorios: la recuperación de la actividad económica y la vacunación masiva contra el Covid-19. Ya suficientes líos propios tuvo el Frente de Todos en los últimos días para sumar uno más.

Una vez más, el macrismo intentó aprovechar los traspíes del Gobierno para sumar puntos de cara a los comicios legislativos. Pero el único combustible que conoce y que utiliza para llenar sus espectativas de victoria no le da mayores réditos por el momento, la escasa convocatoria de ayer es, en parte, una prueba de ello. Aunque parece aún un horizonte lejano, cada vez falta menos para la contienda electoral, y Juntos por el Cambio sigue transitando por el mismo camino que lo llevó a la derrota en 2019. El oficialismo agradecido. 



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