La librería: Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara

Entrar a una librería y preguntarse: ¿Qué leo? ya no es un problema. Acá te pasamos información de lo más destacado de la industria editorial argentina.

“¿Qué habrá sido de la vida de la china de Fierro?”, no parece una pregunta que haya interesado a ninguno de los muchísimos estudiosos de la obra de José Hernández. Es que la figura de la mujer abandonada por el personaje más famoso de la literatura argentina no había tenido, hasta ahora, un lugar destacado dentro de la crítica literaria especializada. De hecho, en la gauchesca, la mirada de la mujer no constituyó tema de interés.

Las aventuras de la China Iron, de la  escritora Gabriela Cabezón Cámara, vino a modificar, de una manera sumamente transgresora, esta tendencia. De repente, la figura más invisibilizada de la literatura gauchesca cobró protagonismo y puso en cuestión ciertas tendencias anquilosadas de la literatura local.

La novela, publicada a fines de 2017 por Ramdon House, narra el periplo de dos mujeres a través del “desierto” decimonónico, escenografía por excelencia en la constitución de la literatura nacional. Mientras se avanza en la lectura de la novela, una se pregunta si no fue esta una de las intencionalidades de la autora: “colar” entre los grandes personajes que formaron “el ser nacional” a una mujer lesbiana, huérfana, criolla, fuerte y aventurera.

Con una tapa contundente y un título tentador, la obra de la autora de La virgen cabeza se convirtió en uno de los libros más comentados por las militantes feministas y hasta la plaza Martín Fierro de la Ciudad de Buenos Aires fue renombrada, de manera simbólica, China Iron.

La novela comienza con el descubrimiento de la adolescente de 14 años de que puede ser libre. Por la ley de levas se llevaron a su marido, y a todos los varones de la estancia, a “defender” la frontera del “ataque” del indio y esto despierta en la China (ahora con mayúsculas porque en el Martín Fierro no tiene nombre) una sensación nueva e imposible de frenar. Deja a los hijos al cuidado de una pareja de ancianos —tiene dos con Fierro—  y se va con Elizabeth, una mujer inglesa que busca a su marido perdido.

En Las aventuras de la China Iron, el lenguaje lo es todo: Josephine Star Iron descubre un nuevo modo de pensar. Las palabras que incorpora entrañan fuertes aprendizajes. Se descubre individuo y acepta su deseo. No se reprime, al contrario, goza de todo lo nuevo que su nueva vida le pone enfrente.

La “civilización”, representada por el personaje de José Hernández, un estanciero borracho, maltratador, ladrón de versos —confiesa que robó su obra de Martín Fierro, “la bestia inspirada esa” que huyó de su campo/escuela por “bufarrón”— y amante de todo lo que es Elizabeth y su origen inglés, se contrapone con la idea de la “barbarie” de Tierra Adentro, una especie de locus amoenus, un edén pagano,  donde los individuos viven su vida en libertad, sin prejuicios, sin tiempo, en sintonía con la naturaleza. Un espacio, sin embargo, que deben construir una y otra vez debido a la persecución del “hombre blanco”. Es allí donde la joven, ya transformada en Tararira, se reconcilia con un Fierro evolucionado y mujer, enamorado del gaucho Cruz, que buscó cobijo en las tierras del salvaje.

Las aventuras de la china Iron puede ser leída como un Martín fierro intervenido y transformado, que da lugar a una nueva forma de constitución de lo nacional relacionada con un poner en valor lo femenino, la matria, la “barbarie”, pero no en detrimento de lo masculino y la “civilización”, sino poniendo en pantalla sus propios excesos. La novela de Cabezón Cámara es una utopía del origen de la nación que se mete con los grandes popes de la argentinidad.

Rouvier