La librería: Distancia de rescate

Entrar a una librería y preguntarse "¿qué leo?" ya no es un problema. Acá te pasamos información de lo más destacado de la industria editorial argentina.

No debe haber cosa más linda (y claramente esto no está chequeado) que entrar a una librería sabiendo que te vas a comprar un libro y tener todo un universo de posibilidades para elegir. Pero también es cierto (y esto sí está chequeado por muchas amigas/os) que a veces resulta muy difícil decidirse.

Bueno, con este no le vas a errar. Hoy es el turno de Distancia de rescate, la última novela (primera en realidad porque antes había publicado cuentos que, por cierto, son imperdibles) de Samanta Schweblin.

Es, en rigor, una novela corta —124 condensadísimas páginas— en la que uno de los tópicos constitutivos de la literatura argentina es revisitado y transformado por completo: el campo/la pampa/el desierto. Y sin embargo no es lo único transfigurado en el relato.

Podríamos decir que se trata de una novela en la que el vínculo madre-hijo/a es relatado con crudeza y temor, también podríamos decir que es un texto fantástico y también podemos decir que es una denuncia y una llamada de atención a la problemática de los agrotóxicos y sus consecuencias. Es todo eso, sí, pero dentro de una trama bastante siniestra, donde lo ominoso: lo familiar vuelto extraño e inquietante —que es lo que da miedo en serio— te deja atado a sus páginas sin posibilidad de liberación.

Así que tomate tu tiempo para leerla y buscate tiempo para hacerlo porque es una de esas novelas que necesitan ser leídas y trabajadas en el momento si queremos disfrutarla en totalidad (si eso es posible). Y es, además, uno de esos textos de los que no se sale fácilmente (claramente no es la mejor opción para leer en el colectivo).

La trama está relatada a dos voces, dos voces que se entremezclan, que discuten, que se exigen precisiones que no siempre llegan, que necesitan que “lo importante” sea dicho. Hay una voz en el presente —David— y otra que escarba en el pasado —Amanda—, atravesado por la fiebre y la inminencia de la muerte, recuerdos que sirvan para desenmarañar eso que “pasó”. En este ida y vuelta (es más una especie de interrogatorio que un diálogo, en realidad), el lector se transforma en otro que está ahí, en ese cuarto, intentando encontrar en ese relato desesperado ese detalle, “lo importante”, que ayude a la protagonista a entender.

Leer a Schweblin es una experiencia que recomiendo y mucho. Es una autora joven que se ha convertido en una referente del género breve no solo en Argentina sino en el mundo entero pero a la que no es tan fácil acceder. Quizás porque sus relatos no son para mesa de best sellers. También porque la industria editorial argentina no está pasando por su mejor momento y casi nunca un autor argentino tiene la prensa y el marketing que uno extranjero. Por lo que sea, a Schweblin hay que buscarla y les aseguro que vale la pena el esfuerzo.   

El lápiz verde