La librería: Cometierra, de Dolores Reyes

Entrar a una librería y preguntarse: ¿Qué leo? ya no es un problema. Acá te pasamos información de lo más destacado de la industria editorial argentina.


¡Lean Cometierra, háganse ese favor! Dicho esto, puedo empezar a contar la experiencia de lectura de la primera novela de Dolores Reyes, editada por Sigilo. 

Hace unos meses leí en Twitter a varias escritoras que sigo hablar de una novela recién salida de imprenta, que se las traía. Me anoté el nombre —siempre anoto las recomendaciones de autoras que me gustan— y me dije que la iba a comprar ni bien tuviera la oportunidad. Un fin de semana que me quedé en Buenos Aires fuimos con las chicas a recorrer librerías y la vi. Me llamó mucho la atención la tapa, y me pareció que quedaba hermosa con ese título enigmático —en ese momento no tenía idea de qué se trataba, ni siquiera había leído la contratapa—.

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Una de mis amigas —y excelente recomendadora de libros— me dijo que también quería leerla, que le habían dicho que era buenísima. Eso fue todo lo que necesité para convencerme: la compré. El precio amigable de la edición (en ese momento), ayudó bastante, también. 

No pude empezar a leerla de inmediato, el trabajo y cosas atrasadas lo impidieron y fue a parar al temible estante de los libros no leídos aún. Todo el tiempo me llegaban comentarios maravillosos, y yo sin leerla. Ahí se quedó hasta hace unos días que, finalmente, pude agarrarla. ¡Y qué bien la pasé! 

Cometierra es una novela poderosa, un poco oscura y descarnada. Pero, a su vez, es poesía y luz. Arrojados así, estos calificativos no dicen demasiado, pero cuando la lean van a estar de acuerdo con la elección. 

Narrada en primera persona, cuenta las vivencias de una joven que tiene un ¿don? bastante particular y perturbador: puede ver dónde están los y las que faltan. A veces, ya es demasiado tarde, a veces, no. 

Los videntes tienen siempre un canalizador. En este caso, el canalizador es la tierra. Pero no cualquier tierra, sino la tierra cercana a las personas que tiene que encontrar. Así es como su casa, su pequeño jardín, se llena de latas y botellas llenas de tierra que personas desesperadas le acercan hasta la reja de entrada. 

“Empezaba a ver que los que buscan a una persona tienen algo, una marca cerca de los ojos, de la boca, la mezcla de dolor, de bronca, de fuerza, de espera, hecha cuerpo. Algo roto, en donde vive el que no vuelve”, dice Cometierra. 

Huérfana de madre, abandonada por un padre violento con el que se “reencontrará” en un momento decisivo, la protagonista vive en una pequeña casa de Podestá con su hermano mayor, el Walter. 

Ver no es fácil para ella. Aunque la conocemos solo como Cometierra, ese nombre no le pertenece: se lo pusieron cuando era chica, para marginarla, cuando vio a las primeras dos que no volvieron: su mamá y también su maestra, que aún muchos años después le sigue pidiendo en sueños que le haga justicia. 

El dolor, la angustia, el miedo, todo viaja a través de la tierra. Y es lógico, la tierra es la madre, es la que nos mantiene vivos, la que nos nutre. La relación de la protagonista con la tierra/energía tiene algo de primitivo, de arcaico, de la función del cuidado y la protección. Cometierra ayuda a los grupos minorizados: las mujeres y los niños. Ve a los y las que desaparecen víctimas de la violencia machista. 

El trabajo con el lenguaje en la novela es otro de los aciertos: la novela es voz del conurbano, es lenguaje de la calle y de las orillas. La voz de los que no son escuchados por un Estado siempre ausente. No hay romantización ni lástima. Reyes construyó personajes sólidos y sin fisuras. La novela negra argentina ha iniciado un nuevo capítulo con la llegada de Cometierra, la nueva heroína de los invisibilizados. 



Rouvier