La librería: Alguien camina sobre tu tumba, de Mariana Enríquez

Entrar a una librería y preguntarse: ¿Qué leo? ya no es un problema. Acá te pasamos información de lo más destacado de la industria editorial argentina.

Soy una fanática de los cementerios. Me encantan, me encanta leer los epitafios, me gusta visitarlos en los viajes que hago, paso horas recorriéndolos, me invento historias de amantes, amados y traicionados, o todo eso junto, como pasa casi siempre. Así que cuando me enteré que Galerna había reeditado Alguien camina sobre tu tumba, de Mariana Enríquez, (1973) salí corriendo a comprarlo. Fue mi autoregalo de cumpleaños. No me equivoqué.

Me gusta Mariana Enríquez, no lo voy a ocultar, y este libro no es la excepción. Una podría pensar que un “diario” o crónica de sus recorridos por cementerios de  todo el mundo (esto es literal) podría ser muy para un nicho, demasiado autorreferencial o hasta descriptivo. Pero no, cada uno de los capítulos o apartados son una pequeña historia, un cuento que roza con el fantástico, una historia de amor. Tiene una estructura de diario personal pero también de crónica de viaje, aunque muy dinámico y nada solemne.



Empecemos por el epígrafe. Tiene dos, muy perturbadores, por cierto. Uno del comic The Sandman, de Neil Gaiman y otro de Flannery O’Connor, que desmitifican la muerte y la vida y reafirman el carácter del libro: las historias de los muertos, los que alguna vez fueron recordados por alguien.

Cada capítulo es un destino, y cada destino es una necrópolis. Los relatos de los viajes a estos espacios son pequeñas historias: un amor apasionado y fugaz, la visita a amigos, unas vacaciones, una escapada de la Feria del Libro de Lima, el acompañar a una amiga al entierro de su madre desaparecida, un robo en las Catacumbas de París, un recital en La Habana, un novio, etcétera. Los relatos no siguen un orden cronológico ni geográfico, una salta de Génova a Chubut y de Nueva Orleans a Carhué y puede pasar de 1997 a 2009 y de 2012 a 2001. En ese orden —aparentemente caprichoso— el factor sorpresa funciona de maravillas. Está el relato iniciático, el cementerio que despertó su amor por los cementerios y luego los hay pequeños, famosos, enormes, completamente desconocidos e increíbles o abandonados y “desoladoramente hermosos”, como dice la narradora. No se sabe con lo que te vas a encontrar.

La Mariana-personaje se define a sí misma como una “catadora de cementerios” y lo confirma en cada una de sus incursiones. Cuando cuenta los cementerios, elige un elemento particular, algo especial, algo que llama la atención, algo que te hace ir a googlear para conocer todo de ese lugar. Pero también comparte datos, descripciones, información de las ciudades para que el lector o lectora logre la experiencia completa. Es como si la acompañaras en el recorrido. Sobre todo, cuando cuenta los contratiempos, esos tan temidos en los viajes: lugares cerrados, días de visita equivocados, trenes que no pasan más, la falta de plata. Como una suerte de bonus track dejó el epílogo, donde cuenta cuáles son los cementerios que quiere "ver antes de morir".  

El libro es fascinante. Quienes disfrutan de las crónicas de viajes y, más aún, para quienes adoran adentrarse en los misterios de los cementerios, esta recopilación de viajes/historias/visitas a cementerios es de lectura más que recomendada, casi obligatoria, te diría.

Rouvier