La fluctuante relación de los Gobiernos argentinos con el FMI

Desde la vuelta de la democracia en 1983, solo dos presidentes electos no recurrieron al fondo en busca de asistencia financiera. ¿Cómo fue la relación de los presidentes democráticos con el organismo de crédito?

Desde el retorno de la democracia en 1983, la relación de los Gobiernos argentinos con el Fondo Monetario Internacional tuvo diferentes matices. En lo que parece una historia recursiva, el FMI ofició tanto como causa y como consecuencia de las sucesivas crisis económicas y sociales que asolaron al país.

A la luz del nuevo acuerdo anunciado por Mauricio Macri en mayo y de las sucesivas negociaciones por adelantos para cubrir los baches de dólares que genera la crisis cambiaria, surgen las preguntas: ¿cómo fueron las relaciones de los gobiernos nacionales frente al FMI desde la vuelta de la democracia? ¿Qué pensaban los distintos presidentes sobre el organismo de crédito internacional?




Raúl Alfonsín (1983-1989) era crítico de los condicionamientos que generaban los organismos de crédito internacionales de los países desarrollados sobre el desarrollo económico de los países “periféricos”. Esa misma posición expresaba su primer ministro de Economía, Bernardo Grinspun, protagonista de un célebre enfrentamiento con el director del FMI en 1985.

Sin embargo, a partir de 1984, y con una inflación galopante que desembocó en el Plan Austral de 1985, el presidente radical se vio en la necesidad de acudir por primera vez en su presidencia al FMI. Se sucedieron cuatro préstamos más entre 1987 y 1988 por un total de USD 4500 millones.

Los intentos de estabilización económica a través del endeudamiento no dieron sus frutos y, con el fracaso del Plan Primavera y el estallido de la hiperinflación de 1989, Alfonsín decidió entregar el gobierno cinco meses antes de su finalización.

Carlos Menem (1989-1999), cultor de las “relaciones carnales” con Washington durante el auge del consenso económico neoliberal, acudió en cinco ocasiones a los préstamos del Fondo Monetario Internacional por un total de USD 6800 millones.

El Plan de Convertibilidad aplicado a partir de 1991 para estabilizar el proceso hiperinflacionario recibido de Alfonsín requería del apoyo y del financiamiento de los organismos de crédito.

En este sentido, la adhesión al Plan Brady y las medidas económicas aplicadas por Menem generaron una gran sintonía con el FMI y las recetas económicas del Consenso de Washington. La convertibilidad y el proceso de privatizaciones que implementó el Gobierno nacional, con impulso del ministro de Economía, Domingo Cavallo, transformaron a Menem en un role model de los organismos de crédito y el establishment internacional.

Esta buena sintonía llegó al punto de que el presidente argentino fue invitado a dar el discurso inaugural en la Asamblea General del FMI en el año 1998.

Al finalizar su gobierno en 1999, la deuda externa nacional había sobrepasado los USD 90.000 millones y había dejado una economía en crisis y un sistema de convertibilidad de la moneda que comenzaba a desmoronarse por su insustentabilidad.

La posición de Fernando de la Rúa (1999-2001) frente a los organismos de crédito internacionales podría calificarse como “pragmática” en comparación a la fuerte visión ideológica de la década menemista.

El primero de los dos préstamos que logró De la Rúa con el FMI se concretó el 10 de marzo de 2000. Un acuerdo stand by por USD 7200 millones, con José Luis Machinea como ministro de Economía y Pedro Pou al frente del BCRA.

Sin embargo, la incontrolable crisis económica, social y política que caracterizaron a su presidencia llevó a una radicalización del ajuste económico que trajo de vuelta a Domingo Cavallo al palacio de Hacienda.

Bajo la corta gestión de Cavallo, se acudió nuevamente al FMI en busca de un “blindaje” económico que permitiera sostener la convertibilidad. El acuerdo alcanzaba cerca de USD 40.000 millones; sin embargo, no llegó a ejecutarse en su totalidad.

El atraso cambiario, el alto déficit fiscal y de cuenta corriente, sumados a los altos vencimientos de deuda terminaron por colapsar la economía en la profunda crisis de 2001 – 2002.

Las semanas infames donde transitaron cinco presidentes por la Casa Rosada tuvieron un particular episodio en el breve mandato de Adolfo Rodríguez Saá (22 de diciembre de 2001 - 30 de diciembre de 2001).

En su discurso de asunción del 22 de diciembre anunció frente a la Asamblea Legislativa, el flamante mandatario anunció que el Estado Argentino suspendía el pago de la deuda externa nacional. Dicha declaración fue la primera vez en la historia argentina que se declaró formalmente la cesación de pagos.

Rodríguez Saá duró solo diez días en el cargo y renunció el 30 de diciembre de 2001 luego de que los gobernadores le quitaran el apoyo político.

Eduardo Duhalde (2 de enero de 2002 – 25 de mayo de 2003) mostró una relación corta y pragmática con el Fondo Monetario Internacional. Con el asesoramiento de su ministro de Economía, Roberto Lavagna, debió asistir al organismo de crédito a principios del 2003, en lo que fue el último préstamo del FMI hasta el 2018.

Tras la salida de la convertibilidad con una devaluación del 40% del peso y cuatro meses antes de entregar el poder, Duhalde logró un acuerdo stand by con el FMI, que fue negociado por Lavagna y el por entonces presidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay.

A partir de mayo del 2003, bajo la presidencia de Néstor Kirchner (2003 – 2007), se comenzó con un proceso de desendeudamiento que encontró su primer gran hito en diciembre de 2005, cuando se anunció el pago de la deuda total con el FMI.

El pago se llevó a cabo en enero del 2006, y se saldó un monto de USD 9810 millones que la Argentina mantenía con el organismo de crédito. Para el pago se utilizaron el 36% de las reservas del Banco Central en el momento.  

Y la cancelación de la deuda con el FMI equivalió a aproximadamente el 9% del total de la deuda externa nacional, que por entonces ascendía a poco más de USD 126.000 millones.

Argentina no volvió a recurrir a préstamos del Fondo Monetario Internacional hasta mayo de este año, mes en el que el presidente Mauricio Macri anunció una línea de asistencia stand by por unos inéditos USD 50.000 millones para tratar de contener la crisis cambiaria y asegurar las metas de financiamiento hasta el 2019.

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