La Encrucijada Bielorrusa

OPINIÓN. Lo que busca Bielorrusia es seguir en el poder, conseguir asistencia económica. Rusia le prometió 1500 millones de dólares y que Occidente lo sancione lo menos posible.


Pertenece al Grupo Política Europea


Tan solo 5 semanas han pasado de la elección bielorrusa y la ciudadanía absolutamente no ha apoyado el resultado electoral. Con tan solo 30 años de existencia, Bielorrusia ha estado gobernado básicamente durante toda su existencia bajo la misma persona.  Alexsandr Lukashenko.

Lukashenko gobierna con una mano fierra al ex país comunista desde hace 26 años y siempre ha utilizado las elecciones como su instrumento preferido que lo legitime a perpetuarse en el poder.

Todo candidato que haya ganado seis elecciones presidenciales seguidas, oscilando alrededor con el 80% de los votos emitidos, con muy poco sustento o racionalidad podría denominarse como “democrático”. Además, de que diferentes garantías constitucionales tendrían que darse como mínimo.

La libre expresión de opinión, de manifestarse, la posibilidad de armar partidos políticos opositores competitivos, la libertad de prensa de los medios de comunicación, la alternancia política, el reconocimiento internacional y permitir que veedores internacionales observen los comicios electorales son apenas algunas características mínimas y elementales para reconocer a un sistema democrático o al menos que el proceso electoral es medianamente justo.


Debemos entender que Bielorrusia no cumple con ninguno de los elementos mencionados anteriormente, y es catalogada como la última dictadura en Europa desde la caída de la Unión Soviética.


El pueblo bielorruso por primera vez en su historia se ha estado levantando masivamente en contra de su perpetuo líder y un conflicto más grande podría estar gestándose en este mismo momento.


¿Qué pasó el 9 de agosto? 

La respuesta es simple, Lukashenko ganó. Por sexta vez consecutiva desde 1994 la presidencia del país cae en su persona con el 80% de los votos.

La oposición liderada por la profesora de inglés, Svetlana Tikhanoyskaya, consiguió el 10% de los votos. Históricamente se podría decir que es el resultado más alto que obtuvo un partido opositor. Pero los números son pocos creíbles.

Svetlana salta a luz luego de que su esposo y diferentes líderes opositores fueran aprisionados por supuestamente querer interferir o conspirar contra el régimen y se les prohibiera competir en los comicios.

Manifestaciones en la capital, Minsk, y otras ciudades tuvieron lugar antes de agosto por el encierro de los líderes de la oposición. Pero desde que se dieron a conocer los resultados las protestas se han vuelto más y más masivas.

Svetlana al día siguiente fue al comité electoral a protestar por el fraude electoral y que en realidad el ganador había sido su espacio político. Estuvo encerrada en contra de su voluntad durante siete horas y fue obligada a grabar un video diciendo que reconocía el resultado y que las manifestaciones debían cesar de inmediato. Luego de que la liberaran, se escapó al país vecino de Lituania, entrando como refugiada política y alentando a la población Bielorrusia a salir a las calles y defender sus derechos.

Miles salieron a las calles y la policía por primera vez en su historia arrestó a 3000 manifestantes y los dispersó con bombas de estruendo y balas de gomas.

Aproximadamente 100 mil personas se han manifestado todos los domingos en contra del gobierno a causa de los resultados electorales. La policía ha chocado violentamente contra ellos y ha arrestado a cientos cada domingo. Se ha denunciado la brutalidad policial que reprimen a matar y que a los arrestados se los torturan. Incluso se denunció a grupos extremos pertenecientes a la KGB (Servicio Secreto) ingresan a las manifestaciones para incrementar la violencia de las mismas.


Según el mismo presidente, toda persona que se manifieste es considerada terrorista y será arrestada.


Desde el exterior Svetlana llamó a una alternancia del poder y conformó un consejo de transición. La respuesta inmediata fue la de encarcelar a los miembros del consejo que todavía se encontraban en Bielorrusia. Por el otro lado, paros y huelgas nacionales se han realizado a lo largo de todo el país por trabajadores estatales.

Hoy en día se puede confirmar que todos los líderes políticos opositores se encuentran en prisión o exiliados en países vecinos. Pero las manifestaciones siguen pasando sin una figura pública presente que los guíe.  


¿Rusia dónde está? 

Rusia y Bielorrusia básicamente son un matrimonio que tiene sus idas y vueltas como toda relación.

En los últimos años Bielorrusia se estuvo alejando de su pareja. La estuvo acusando. Incriminando. Le atribuyó su inestabilidad política diciendo que fuerzas mercenarias alquiladas por jerarcas rusos viajaron al país a crear un incidente social y derrocar a Lukashenko del poder. Todo esto sucedió tan solo días antes de la elección presidencial. 33 mercenarios fueron encarcelados e incluso en una cadena nacional televisada se la acusó a Rusia de ser la culpable de toda la situación.

La típica campaña electoral de Lukashenko siempre se basó en que él es la persona ideal para defender al país de la amenaza e intervención extranjera. Siempre apuntó a Occidente como la fuerza desestabilizadora de su nación, pero en ese momento ese rol se dio vuelta y era Rusia la nueva enemiga. Los mercenarios son la prueba de que el país está en riesgo, y que, sin él, la intervención se acerca.

Pero apenas el resultado electoral fue conocido y las manifestaciones arrancaron, el presidente se vio acorralado. La áspera relación inmediatamente se limó y la pareja felizmente se prometió asistencia mutua y una relación más estrecha. Tanto política como económicamente.


¿Una nueva Ucrania en Bielorrusia? 

Putin es un líder que analiza su fuerza, posición y el momento de actuar muy precisamente. El revanchismo ruso por recuperar su rol en la geopolítica mundial ya es conocido. Desde el 2014 que actúa intensamente en una escala internacional sin precedentes.

Casi todos los países más importantes tienen su “patio trasero”. Durante la Guerra Fría, América Latina era considerada como el patio trasero de Estados Unidos. Este caso no es diferente. Polonia, Rumania, Ucrania y Bielorrusia, entre otros, eran el patio trasero de Rusia, o de la Unión Soviética si nos ponemos específicos.

Luego de la caída soviética, el jardín ruso se fue haciendo más chiquito. Polonia y Rumania pudieron entrar a la Unión Europea y a la OTAN como otros exintegrantes comunistas. 


Pero con Ucrania la historia fue otra. 


Luego de que su presidente de ese entonces, Yanukovich, rechazara un acuerdo económico con la U.E. y se decidiera por acercarse más férreamente a Rusia, la desobediencia civil saltó por los aires en el 2014.

Luego de meses de protesta, más de cien muertos y ante la amenaza de una desobediencia civil armada en la misma capital, el presidente escapa a Rusia, pero la crisis ucraniana estalló. Rusia se movilizó inmediatamente tomando bajo su control directo a Crimea, territorio ucraniano. Y apoyó a provincias del este a declarar una guerra civil contra Kiev que sigue hasta hoy en día. Dejando una zona de conflicto en suelo europeo por primera vez desde la caída de Yugoslavia. Resignando miles de muertos y millones de desplazados. Y a un país más empobrecido.


¿Cómo sigue la situación?

Aunque las causas y las formas en las que el conflicto en Ucrania se desenvolvió fueron otras y muy diferentes, si se llega a la situación en donde las manifestaciones en Bielorrusia se vuelvan cada vez más violentas y que Lukashenko se encuentre más y más acorralado, Rusia podría ir a socorrerlo inmediatamente con su poder.

Básicamente, Bielorrusia es el único país leal que le queda a su lado, como un Estado para-choque en contra de la avanzada occidental, sin contar a Moldavia y Serbia. Ya perdieron a Ucrania hace unos años, sería poco lógico que deje caer a su vecino.

Europa por su parte mira expectante. Lituania y Polonia apoyan abiertamente a la oposición. Fuerzas militares se están movilizando y se encuentran cerca de las fronteras. La geopolítica y la estabilidad de Europa del Este está en juego. Rusia y Bielorrusia se encuentran haciendo ejercicios militares conjuntos en este mismo momento en suelo bielorruso como muestra de su alianza.


Lo que busca el presidente bielorruso es bien conocido. Seguir en el poder. 


Conseguir asistencia económica. Rusia le prometió 1500 millones de dólares y que Occidente lo sancione lo menos posible.

La situación ahora es cómo se decide actuar. Lukashenko actualmente se encuentra en Socci, Rusia, con Putin, para discutir qué planes en conjunto pueden realizar para pacificar la situación.

1: mediante la fuerza del poder estatal, o 2: a través del dialogo con la oposición. Pero hay que tener en cuenta que Ucrania dejó una lección de historia, de la cual hay que aprender si lo que se quiere es evitar un conflicto civil armado.  

 


Sobre el autor


Federico Vidal Ochandio
es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente se está diplomando en Análisis Estratégico Internacional. Es investigador del Observatorio de Política Internacional del Centro de Estudios de Política Internacional de la Universidad de Buenos Aires (CEPI UBA).

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